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EDICIÓN | Julio 2014

Tsunami seco

José Corral, vicepresidente Sociedad Agrícola del Norte, SANAG.
Tsunami seco

La situación de crisis hídrica que se vive en la región y, en especial, en la Provincia de Limarí, es alarmante. Pese a las últimas lluvias, el escenario no se vislumbra auspicioso. La gente de campo está decaída y se torna menos productiva. José Corral, como miembro de la Sociedad Agrícola del Norte, y en nombre de los agricultores, ha decidido tomar una bandera de lucha que busca crear conciencia y promover una política estatal en materia agraria.

por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.

Los efectos del cambio climático, cada vez, se hacen sentir con mayor fuerza en el mundo y en nuestro país. Sin ir más lejos, en la Región de Coquimbo, la disponibilidad del recurso hídrico se vuelve cada vez más insostenible, poniendo en riesgo el consumo humano y el desarrollo de actividades productivas centradas en la agricultura y en la minería.

El tema ha marcado la agenda presidencial de los últimos tiempos; sin embargo, persiste la importancia de buscar soluciones sostenibles, que trasciendan más allá de los gobiernos de turno y que se transformen en verdaderas políticas de Estado. Este es el sentir del mundo rural, del agricultor, del hombre de campo, de aquellos más afectados por la falta de agua y la sequía, que ven con desesperanza cómo pierden productividad e identidad.

José Corral Macías es el actual vicepresidente de la Sociedad Agrícola del Norte, SANAG. Es agrónomo de profesión, oriundo de la Provincia de Limarí y perteneciente a la cuarta generación de agricultores de la familia. Es un defensor de la vida rural… el campo lo es todo para él y con pasión se expresa ante este brutal escenario que afecta a la región.

¿Cómo ha repercutido la falta de agua en la agricultura?
Las exportaciones de la región han descendido aproximadamente en un treinta y cinco por ciento. Se estima un treinta por ciento de reducción en la producción pisquera y una disminución de un cuarenta por ciento en la producción de hortalizas. Además, la temporada de uva de mesa en Chile tuvo una finalización abrupta como consecuencia de las heladas y bajas temperaturas primaverales. Todo lo anterior ha significado que, entre el año 2010 y el 2013, se ha calculado una disminución de ocupación en el sector agrícola de cuatro mil quinientas personas.

¿Esto implica que la producción básica queda más bien en el mercado interno?
Igual seguimos exportando, pero disminuimos nuestros volúmenes considerablemente. Esta región representa entre un veinte a treinta por ciento de la producción frutícola total del país, dependiendo de las especies más representativas como paltas, cítricos y uva de mesa. En esta última temporada de uva de mesa, desde Coquimbo salieron un poco más de diez millones de cajas, hacia Estados Unidos, Canadá, Ecuador, Colombia y Holanda. Esta cifra es inferior al periodo anterior, ya que fueron exportadas alrededor de doce millones de cajas.

¿Qué lectura hace de lo anterior?
Chile y nuestra región se están quedando atrás en materia agro exportadora, todo el gran esfuerzo en el desarrollo frutícola nacional alcanzado desde los años ochenta, está en crisis, por lo tanto, tenemos un enorme desafío. Hoy existiría un treinta por ciento más de volumen embalsado en nuestra región si hubiéramos podido avanzar más rápido en disminuir las pérdidas de conducción de nuestra infraestructura de acumulación y conducción de aguas. El tipo de cambio, aunque ha mejorado este último año, ha estado asfixiando la industria agro exportadora. La menor disponibilidad del recurso humano, se ha traducido en un incremento en los costos de producción y pérdidas en cosechas. La realidad del financiamiento agrícola es catastrófica… en definitiva, países del hemisferio sur y competidores de Chile, como Perú, están tomando posiciones o ventanas comerciales que pertenecían a nuestro país.

¿Y a qué se debe esto?
A una visión de país a más largo plazo, hay voluntad política estatal junto al compromiso de la empresa privada cohesionada en el bien común y desarrollo integral y sostenible de todos los ejes productivos. Han invertido en asegurar energía, disponibilidad del recurso hídrico, infraestructura vial y portuaria, políticas de desarrollo, innovación e investigación.

¿Cómo evalúa las medidas tomadas por el gobierno hasta el momento?
El esfuerzo gubernamental, a la fecha, ha sido importante en materia de agua para la bebida, en el apoyo económico a los sectores más vulnerables, a nivel de pequeños productores agrícolas y usuarios INDAP. Reconocemos el tremendo esfuerzo del Gobierno Regional y su CORE, en la asignación de recursos para las asociaciones de regantes y usuarios de nuestra región, sin embargo, la profundidad de la crisis agrícola obliga a establecer nuevas estrategias para enfrentar las pérdidas de productividad agrícola regional y evitar una catástrofe en la vida rural.

¿El quedar rezagados en materia agrícola, pasa por un tema de voluntad política?
Hay mucho prejuicio y desconfianza con el mundo agrícola, estoy convencido que si tuviésemos el apoyo de los parlamentarios y de los gobiernos, junto a un gremio fuerte y unido, podemos transformar a la región. Tenemos una gran responsabilidad de cómo influir desde las regiones para convencer a la autoridad que la agricultura es uno de los ejes más potentes para regionalizar Chile. Nuestro gremio necesita que el Estado dé una señal de compromiso con la agricultura, para que la banca privada nos apoye.

CRISIS COMO OPORTUNIDAD

La falta de agua se ha transformado en un verdadero fantasma, en especial, para la gente del campo, para aquellos que viven en torno a la agricultura. Para quienes, otrora, veían con tranquilidad cómo las reservas de agua acumuladas en los embalses les daban un respiro y prosperidad en sus cultivos.

Pero la escasez hídrica ha hecho estragos en los embalses. Tres de los ocho embalses de la región están secos: Culimo, Recoleta y Cogotí.

¿Qué hace hoy la gente que no tiene agua para sus cultivos?
El agricultor ha cambiado sus prioridades; en la mañana se levanta, va al banco, después se va a la asociación de regantes a ver cuánta agua le queda, y luego, retorna al campo para “tratar” de hacer agricultura. El agricultor, ante la incertidumbre sobre el futuro, no está concentrado en producir. Ese ambiente en la vida rural ha hecho que las nuevas generaciones ya no se interesen en ella y, por ende, se esté perdiendo la identidad agrícola propia de esta región.

¿Es posible, entonces, ver esta crisis como una oportunidad?
La crisis de la agricultura regional y nacional, debemos asumirla como una oportunidad y como un desafío. Como SANAG, no nos hemos quedado de brazos cruzados. Nuestro gremio plantea que tenemos una oportunidad histórica en estos momentos de sequía, en el sentido de trabajar desde la región, en una Política Agraria Estatal de largo plazo, que no dependa de los gobiernos de turno. Se debe entender que estamos en un “tsunami seco” y debemos poner toda la fuerza estatal y privada para enfrentar, responsablemente, esta caótica situación.

¿Qué implicaría la reforma que menciona?
“Política Agraria Responsable de Verdad” y no demagógica. Debemos tener estabilidad en las reglas del juego que permitan un desarrollo sostenible y sustentable. Para cumplir esto, los gobiernos deben implementar una mayor flexibilidad laboral, aumentar la capacitación de la fuerza laboral, evitar el aumento de regulaciones y altos montos de impuestos a la cadena de valor de los cultivos, mejorar la infraestructura vial, férrea, portuaria y de riego, etc. Lo más importante para tener una industria agrícola renovada es elaborar respuestas rápidas, acorde a la demanda nacional y mundial, en acceder a una herramienta financiera que permita entender los ciclos de nuestros proyectos agrícolas.

Se habla de una carretera hídrica, ¿es una solución para la escasez del agua en Chile? Todo es factible, depende del compromiso estatal y privado.

REFORMA TRIBUTARIA

Los últimos anuncios en materia de reforma tributaria enardecieron los ánimos en el sector agrícola, en especial, entre los micros y pequeños productores, quienes ven con temor un alza indiscriminada en los impuestos.

¿Cuáles fueron las voces que se alzaron en la región?
Como SANAG, vimos con mucha preocupación lo que podría suceder con el sector pisquero, el cual se iba a ver seriamente afectado, con un aumento en sus impuestos. Lo cual, sumado a las pérdidas de producción por la extensa sequía de esta región, provocaría, en la práctica, que los pequeños agricultores dedicados a la industria pisquera corriesen el riesgo de desaparecer.

¿Hubo un cambio en la mirada?
Finalmente, y con mucha alegría, vimos que el gobierno decidió que el incremento de impuestos fuese mucho menor a lo anunciado en su primer momento. Esto dio un respiro al sector, sin embargo, aún estamos a la espera de lo que ocurra con la reforma, nuestro gremio tiene mucho que aportar en esta discusión. Somos claros en señalar que su implementación no debe significar un deterioro de nuestra actividad, por cuanto entrega seguridad alimentaria a Chile y al mundo, es motor de la economía rural, genera empleos, paga impuestos y aporta a la identidad y cultura de nuestra región.

 

“… entre el año 2010 y el 2013, se ha calculado una disminución de ocupación en el sector agrícola de cuatro mil quinientas personas”.

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