El nacimiento de la república de Chile sobreviene en medio de una crisis mundial, pues todas las esferas políticas, sociales y económicas sufren cambios acelerados, sobre todo en Europa y, especialmente, en la península ibérica. Inglaterra y su política hegemónica basada en la teoría del balance of power o “equilibrio de poder”, pretende que ninguna corona puede ser más poderosa que otra, excepto ella misma.
Este nuevo imperialismo marítimo estremece las estructuras coloniales y acelera la creación de los estados nacionales y de sus economías periféricas y exportadoras de materias primas, dependientes de la economía comercial y financiera de Inglaterra. La Serena y la Región de Coquimbo y Atacama, con sus minas de cobre, plata y oro, reorientan su destino hacia las fundiciones de Liverpool, Manchester y Swansea dependiendo de esta nueva dominación colonial, esta vez con el traje republicano.
Sin embargo, lo que no desaparece pese a los cambios estructurales en economía y en la política son los ciclos climáticos permanentes pero variables en precipitaciones. Las sequías y las inundaciones han estado presentes en la región desde tiempos históricos remotos.
La transición cronológica del siglo XVIII al XIX, tiene como puente la sequía de 1800 a 1803, crisis que potencia el descontento de la población contra las autoridades españolas y su deseo por instaurar la república. Felizmente, los años posteriores a la independencia, la recuperación de la sociedad, la economía y la gobernabilidad interna son bien sobrellevados ante el objetivo de superar los efectos de la guerra. El fenómeno cíclico de la sequía vuelve del año 1822 a 1824, justo cuando el Director Supremo O`Higgins trata de imponer una nueva Constitución Política y nuevos impuestos. La sociedad ve alterada la convivencia civil, ante la división entre pelucones y pipiolos, y los serenenses, para resolver sus problemas de subsistencia, optan por el federalismo.
La controversia política se resuelve con el triunfo de los conservadores y el ministro Diego Portales Palazuelos, también sentirá el embate de un prolongado ciclo de sequía entre 1830 y 1840, con dos breves intervalos de lluvias, 1834 y 1837, que dan un respiro a la región. Todos los esfuerzos de la sociedad civil por lograr la estabilidad política e iniciar el desarrollo del país, se ven coronados con la Constitución de 1833 y el triunfo militar contra la guerra de la confederación Perú- Boliviana, dejando a Chile como una potencia en el Pacífico Sur. La Serena y los habitantes del norte semiárido serán parte del crecimiento de la economía y propiciarán los cambios tecnológicos y científicos vinculados a la minería del cobre, la plata y el oro.
El capital acumulado por los empresarios mineros y agro ganaderos, unido a la incipiente cultura para la prevención de los efectos de las sequías, permiten iniciar obras de regadío y embalses, con el objetivo de aprovechar mejor el agua para la minería, regar los campos y llevar el agua a las ciudades. Los serenenses del novecientos creían que si llovía a fines de septiembre, acompañado con extensas nevazones en la cordillera, era el inicio de un año bueno, pero había que prepararse para los deshielos de verano. Este fenómeno tuvo lugar el año 1846 y volvió a repetirse el año 1869.
La sequía retorna entre 1874 y 1876, coincidiendo con la crisis de la minería y la agricultura. El triunfo en la Guerra del Pacífico da un inmenso impulso a las economías regionales por la demanda del mercado salitrero en todos los frentes de la producción y el transporte. La ciudad de La Serena, gracias a esta riqueza, vive un desarrollo urbano nunca antes visto, los edificios de modernas líneas arquitectónicas imitan a Francia e Inglaterra y se levantan en las principales calles residenciales y del centro. Un nuevo ciclo de sequía se vive entre 1889 y 1894, con un año de lluvia en 1891.