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EDICIÓN | Julio 2014

Fuera de la cancha

Por Carolina Arias Salgado www.bazarlapasion.cl info@bazarlapasion.cl Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Fuera de la cancha

Estos días grises oscuros y llenos de neblina igual son medio aguados, aguados por algunas lágrimas. No importa que no veamos el mar desde los cerros, no tenemos ganas de ver mucho, y aunque no veamos, igual sabemos lo que pasa.

En estos días tengo ganas de hablar y escribir de lo que sentimos muchos, tengo ganas de sumarme a la conversación de los tipos que van sentados a mi lado en el ascensor, tengo ganas de hablar de las cosas del fútbol. Tengo ganas de decirles que yo también lloré con las lágrimas de Gary Medel, que también cuestioné el palo que bloqueó la pasada directa a octavos de final de Pinilla, que busqué la explicación a la falta de Valdivia porque también quería escuchar cantar el ¡Teterererere…!, que leí las columnas de los entendidos, de los fanáticos y las cartas de agradecimientos de los mismos jugadores que trataron de  consolar a la hinchada que los acompañó.

Tengo ganas de decir que aunque no conocía a los jugadores de la selección, ahora los conozco a todos, es más, los sigo en Twitter, re tuiteo sus frases, las comento; incluso las respondo! Sé quiénes son, cuánto miden, cuánto pesan, cuántos años tienen y cuántos tendrán para el próximo mundial. Quiero decir al igual que los otros, que también siento que esta derrota se vivió con el pecho inflado, que creo que andamos todos medio enamorados, con ganas de abrazar no solo a los jugadores, sino que al equipo completo. Mi ignorancia técnica es absoluta así que no podría analizar ni evaluar jugada alguna. A pesar de todo sé que Medel salió completamente desgarrado y que jugó de líbero. Y como guerrero dejó su vida en la cancha. Escucho atenta a los expertos, con los días oiremos comentarios más duros, pero por el momento son puras alabanzas, así nos deberíamos quedar, para llegar calentitos a la Copa América. De todo eso me gustaría hablar y opinar patudamente en extenso, pero, en estos días grises oscuros en Valparaíso, nuestras lágrimas no son solo porque nos eliminaron del Mundial, ese tipo de nostalgias las sabemos recibir bien, acá no solo nos sacaron de la cancha, nos sacaron de Valparaíso mismo.

¿Qué pensará desde su asiento en la Plaza Echaurren el Negro Farías? Ese cantante popular que murió hace algunos años de cirrosis hepática, que terminó siendo un patrimonio viviente de la música popular. Que seguramente veía desde el bar Siete Machos los partidos de la selección, cantando con un vaso de pipeño. El que hizo que en cada cerro conociéramos la canción La Joya del Pacífico. ¿Moverá su cabeza de cemento pintada mediocremente en señal de reprobación? La estatua que lo homenajea sentado en una jardinera de la plaza mira con un dejo de nostalgia el horizonte. Sabe que a pesar del cariño que el pueblo sentía por él su homenaje se construyó y terminó a medias, como todo por acá. Sus piernas y zapatos negros quedaron suspendidos en el aire, no alcanzó el material para que llegaran al piso y al parecer algún piadoso pensó que se podía acalambrar entonces colocó ladrillos pintados de negro para que sus zapatos se apoyaran. Seguramente el cantante esbozó una sonrisa ante tal acto que pretendió devolverle su dignidad.

¿Qué habrá pensado desde su asiento en la Plaza Echaurren el Negro Farías, cuando se enteró que después de cientos de marchas, cartas y protestas para evitar la construcción del mall Barón, llegaría el alcalde Castro, desde Qatar, con sonrisa triunfante y la aprobación para su ejecución? Seguramente el cantante, igual que nosotros, pensó que habíamos ganado este partido, que lo que queda del comercio valioso del puerto se había salvado, pero al parecer jugamos mal, nuestro tiro dio en el palo. Y en unos meses más veremos no solo un mall, veremos edificios altísimos, construcciones nuevas, casas de adobe en el suelo y la neblina que hoy no nos deja ver el mar será permanente. A las autoridades no les interesa resguardar el patrimonio. Pero nosotros somos ilusos, necios que nos esperanzamos con un posible tiro de esquina, pero lamentablemente, al mínimo descuido, nos cometen un foul y de paso nos meten un gol, sacándonos de cuajo de la cancha, dejándonos cojos sin los ladrillos que sostienen al Negro Farías.

 

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