Inserto en un paisaje natural privilegiado, con más de veinte pistas, cuatro andariveles, una cafetería, un restaurante de comida rápida y mucha, pero mucha nieve, el exclusivo centro de esquí Chapa Verde es un paraje de excepción, en donde se disfruta de este deporte sin largas filas de espera, y con pistas tanto para principiantes como para expertos. Un lujo a cincuenta y ocho kilómetros de Rancagua.
Por: María José Pescador D.<br /> Fotografías: Danny Bolívar U.
Había escuchado mucho hablar de Chapa Verde, un centro de esquí que está a cincuenta y ocho kilómetros de Rancagua, por la carretera del cobre hacia Coya, adentrándose en la cordillera. Con la idea de conocerlo fue que organizamos, con el equipo Tell Rancagua, un viaje para ir el domingo primero de agosto. Según los reportes del tiempo, el cielo iba a estar despejado, pero llegado el día, un temporal no permitió que subiésemos.<br /> Con el ánimo siempre de destacar lo nuestro, es que volvimos a insistir y a reorganizar todo para subir al día siguiente. Así el lunes, y recién a las once de la mañana, nos avisaron que los caminos estaban despejados para subir. El viaje es, sin duda, un placer para la vista, eternos paisajes montañosos durante toda la travesía, los que al avanzar, se transformaban en frondosos campos nevados. De esta forma llegamos al control de Codelco, en donde es necesario mostrar un pase en el que la minera autoriza a utilizar la carretera que llega al centro de esquí.<br /> <br /> Es necesario aclarar que el camino de acceso a Chapa es propiedad de Codelco, ya que en los alrededores del trayecto se encuentran gran parte de las instalaciones del mineral El Teniente, y por aquí suben y bajan, regularmente, los camiones de la empresa. Por lo mismo, en la carretera existe un control de la minera, en donde se piden ciertas especificaciones para poder subir: primero hay que tener un pase obligatorio que entrega Codelco, y para conseguirlo es necesario contar con un auto, ojalá, cuatro por cuatro. Además, el vehículo debe tener, como máximo, cinco años de antigüedad y una cilindrada superior a los 2000 cm3. Todo esto para asegurar un buen ascenso, pensando en que los caminos para ir a la nieve, tanto aquí como en cualquier otro centro, no siempre son los mejores.<br /> <br /> Para conseguir el pase se puede comprar uno por toda la temporada (ciento setenta y cinco mil pesos y para socios ciento diez mil) o dar aviso con una semana de anticipación en la página web si se quiere uno por el fin de semana o el día: <a href="http://www.chapaverde.cl">www.chapaverde.cl</a>. Pero si no se cuenta con un auto adecuado, la mejor opción es tomar los buses especiales que tienen un costo de once mil pesos y que salen todos los días a las ocho y media de la mañana desde Plaza América (Einstein 287, Rancagua). Dentro de este centro comercial está la oficina de Chapa Verde, en donde se pueden comprar lo pasajes y tener acceso a cualquier información.
<strong>PREPARADOS, LISTOS ¡YA!</strong><br /> <br /> Luego de encontrarnos con las barreras de Codelco y entregar nuestro pase, seguimos rumbo a Chapa. Luego de algunas de paradas en la ruta para volver a instalar las cadenas âque se salieron un par de vecesâ pudimos ver, a lo lejos, los andariveles, y las canchas. En ese minuto, las ganas y ansiedad por esquiar se estaban transformando en una obsesión.<br /> Al llegar arriba, lo primero que me llamó la atención fueron dos zorros escondidos entre la nieve, preciosos, que nos miraban con cara curiosa. Lo segundo fueron los refugios, todos cercanos, altos y coloridos, que asemejan un pequeño pueblito de cuento de hadas. El sol brillaba con fuerza, estábamos a 2.370 metros de altitud, pero la cumbre más alta del lugar posee 3.100 metros de altitud.<br /> Sacamos los equipos, compramos nuestro tickets -para adultos cuestan dieciséis mil pesos y para niños, diez mil, los socios tienen un descuento- y empezamos a prepararnos para ver qué es lo que realmente este centro de esquí tiene para ofrecernos. Inmediatamente vemos a nuestro anfitrión, el patrulla José Pablo Correa, quien se encargó de hacernos un tour por las pistas e instalaciones del lugar, donde además nos proporcionó moto de nieve para que nuestro fotógrafo pudiese llegar a los lugares más recónditos.<br /> <br /> Nos pusimos las botas y esquíes en la terraza de la cafetería -en donde se puede comer distintos platos a la carta y sándwiches- y con guantes y bastones en mano, nos apresuramos para tomar el primer andarivel de arrastre conocido como âChapaâ. Ya arriba esquiamos hasta el Snow Club âLa Indiaâ, una pequeña casa de madera, muy acogedora. Afuera hay un par de mesas en donde decidimos sentarnos para comer una rica pizza y tomar un merecido pisco sour. También ofrecen hamburguesas, bebidas y cervezas bien heladas. Nos acompañan sus dueños, Matías Moreno, Renata Ballagamba y Amadeus Ungerer, jóvenes esquiadores que este año decidieron instaurar este restaurant de comida rápida en plena montaña, con el fin de que sea un lugar de paso, para descansar y recomponer energías.<br /> <br /> <em><strong>âAl llegar arriba lo primero que me llamó la atención fueron dos zorros escondidos entre la nieve, preciosos, nos miraban con cara curiosa. Lo segundo fueron los refugios, todos cercanos, altos y coloridos, asemejan un pequeño pueblito de cuento de hadasâ.</strong></em>
<strong>NIEVE PURA</strong><br /> <br /> Con ganas de continuar conociendo las instalaciones de Chapa y sus pistas, nos despedimos del Snow Club para tomar el andarivel de silla llamado âLa Liebreâ. En el trayecto José Pablo nos cuenta la historia del lugar: âEl complejo Club de Esquí Chapa Verde se creó hace unos veintiséis años, cuando altos ejecutivos de Codelo decidieron comprar estos terrenos de propiedad militar para crear su propio centro de esquí, exclusivo para ellos. Hace unos once años se abrió la posibilidad de incorporar nuevos socios y que, además, el público que quisiera pudiese subir librementeâ.<br /> Llegamos arriba, la pureza del entorno llena de paz y tranquilidad. Más allá tomamos el andarivel âIndioâ, hacia donde están las canchas para expertos y el que es conocido por su excelente nieve virgen (onda), perfecta para quienes gustan del Free Style. En este lugar el paisaje nuevamente sorprende: familias de cóndores vuelan por doquier. Disfrutamos del esquí hacia el Snowpark, un lugar acondicionado para quienes gustan de saltar en tabla, con instalaciones de fierros para derrapar. Los chicos que están ahí, se lucen ante la cámara de nuestro fotógrafo, sin miedo se arriesgan con tremendas piruetas. Cabe destacar que Chapa Verde cuenta con un equipo de patrullas, una posta básica con primeros auxilios, acceso a ambulancia e, incluso, a helicóptero.<br /> Ya es hora de bajar, estamos realmente cansados, un largo día de disfrute y deporte. Las exquisitas pistas, la nieve espectacular, la comodidad del ambiente, y lo grato que fue encontrarse con gente amable que nos ayudó y apoyó durante toda esta grata experiencia. Todo me dice que, sin dudas, vamos a volver muy pronto.
<em><strong>NUESTRO DATO</strong></em><br /> <br /> <em>Oficinas de Chapa Verde,<br /> Av. Miguel Ramírez 665, (Plaza América) Rancagua, fonos: (72) 217651</em>