El error más común es observar la Luna cuando está en su fase de llena, porque la luz del Sol llega directamente sobre la superficie selenita y los cráteres lunares no proyectan sombras. El ideal es observar la Luna en los períodos de cuarto creciente o cercanos a esa fase. Es el momento en el cual los cráteres proyectan sombras y sus bordes son más fáciles de ver. Ese límite de luz solar y el comienzo de la oscuridad en la Luna, se llama “terminador” y es el lugar más llamativo para ver los cráteres.
Una de las experiencias más inolvidables es observar, por primera vez, por un telescopio. No importa si es un telescopio grande o pequeño, porque con ambos se pueden ver los cráteres de la Luna o bien los anillos de Saturno.
Muchas veces nos preguntaban si teníamos puesta, en el telescopio, una diapositiva o algo parecido, porque no podían creer lo que sus ojos veían. Dudas que yo comparto, porque fue la misma pregunta que me hice al momento de mirar por un telescopio, mi primera vez. La gran mayoría de los telescopios de aficionados no pueden seguir a los objetos estelares, a no ser que tengan un sistema de arrastre, que encarece el precio del telescopio cuando uno lo compra.
Como la Tierra está girando con su movimiento de rotación sobre su eje, los objetos que miramos se ven desplazándose en el campo de visión del telescopio y cada ciertos minutos, hay que recentrar al objeto elegido, ya sea un planeta o la Luna.
Es la Tierra la que gira con su movimiento diurno de veinticuatro horas y, aparentemente, vemos cómo el Sol o la Luna aparecen por sobre la cordillera y después desaparecen hacia el poniente, hacia el mar. Para contrarrestar o anular ese movimiento de rotación terrestre, los telescopios tienen un sistema de engranajes que, manualmente, uno corrige cuando el objeto sale del campo de visión. Pero también existe la posibilidad de adquirir el telescopio con un pequeño motor, pagando un extra en el precio.
Siempre es necesario que alguien, con conocimiento del cielo y de los objetos que hay en esa noche, nos ayude a identificar los planetas y estrellas interesantes que son visibles en ese momento de la observación.
El error más común es observar la Luna cuando está en su fase de llena. En ese período, es ver un verdadero “queso blanco”, porque la luz del Sol llega directamente sobre la superficie selenita y los cráteres lunares no proyectan sombras. El ideal es observar la Luna en los períodos de cuarto creciente o cercanos a esa fase. Es el momento en el cual los cráteres proyectan sombras y sus bordes son más fáciles de ver. Ese límite de luz solar y el comienzo de la oscuridad en la Luna, se llama “terminador” y es el lugar más llamativo para ver los cráteres.
He dejado para el final la observación de Saturno y sus anillos. Todos, pero todos los que han observado a Saturno por primera vez, han tenido expresiones de alegría e incredulidad de lo que están viendo. Es tal la belleza de ese planeta rodeado de anillos, que no es fácil retirar el ojo del ocular, para que otro mire. Siempre las personas lo ven dos o tres veces, porque la experiencia es única y mágica. Es un planeta de color amarillo, cuyos anillos, generalmente, están inclinados algunos grados, en relación con el planeta. Es como se ven en las revistas o textos de astronomía, ni más ni menos.
En muchas regiones de Chile, existen observatorios turísticos, los que, por una módica suma de dinero, los llevarán a conocer ese mundo espacial que está ahí, al alcance de la mano. Es una experiencia familiar inolvidable, que hay que hacerla, especialmente en la época de vacaciones de verano, ya que la estabilidad del tiempo y de noches despejadas, es mayor.
Es imperativo consultar qué objetos celestes hay esa noche, antes de concretar la visita al observatorio. No se arrepentirán cuando estén mirando, por el telescopio, la Luna o Saturno.