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EDICIÓN | Julio 2014

Parque del Salitre

Fundación Jardín Botánico
Parque del Salitre
Así era conocido el maravilloso jardín que tenía el empresario salitrero Pascual Baburizza, y que más tarde se convirtiera en la actual Fundación Jardín Botánico. Con cuatrocientas hectáreas, es el pulmón verde más grande de Chile y nuestro orgullo regional. Por eso no es casualidad que en nuestro doceavo aniversario como revista Tell, queramos ponerlo en vitrina y rendirle homenaje.

por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Estas postales de otoño no tienen nada que envidiarle a otros parques internacionales. Y aunque sus vistas son únicas e irrepetibles, aunque en su interior se forman ecosistemas increíbles, se hace primordial potenciarlo aún más. Mucho más. Ese es el desafío del agrónomo y director del Jardín, Alejandro Peirano. A pocos meses de su llegada, ya soplan vientos de cambio.
 
Durante el par de horas que estuvimos recorriendo el jardín, Alejandro no dejaba de recoger papeles, envases vacíos y todo tipo de basura que solo los ignorantes dejan a su paso.
 
Alto y delgado, no representa los cincuenta años que dice tener. Su llegada al JBN (Jardín Botánico Nacional) a comienzos de año no fue fortuita. Lo propuso el anterior directorio, consciente de que su nombramiento traería nuevos aires para la fundación. Y no se equivocó.
 
Otoño Solidario, laberinto de cipreses y un trekking aéreo son solo algunas de las ideas con las que Alejandro pretende poner en la palestra al Jardín Botánico. “Otoño Solidario nació a raíz del incendio de Valparaíso, como una manera de ayudar a las familias afectadas brindándoles una experiencia de alegría, conocimiento botánico, entretención y arte en el jardín”. ¿El financiamiento de este programa? Los grandes conciertos en el jardín, como el de Pedro Aznar.
 
Trabajar con la naturaleza es impagable e inspirador, sino pregúntenle a Monet, a Van Gogh o a Alejandro. “Me encanta caminar. Cuando camino es cuando más produzco. En uno de mis paseos, llegando casi al Estero de Viña, me encontré con cientos de cajoncitos antiguos que habían sido desechados por una ferretería. Los cargué en mi camioneta y le pedí a un carpintero que me hiciera niditos de pájaros. Mi idea es crear una zona de “nidaje”. Una especie de maternidad para pájaros”.
 
JARDÍN SECRETO
 
Detrás del canopy, cerca del jardín de bambúes, oculto en el follaje, está el Jardín Secreto. Un trabajo silencioso que ya lleva quince años y que simula la selva valdiviana.
 
Helechos, canelos, mañíos, coligües, alerces, boldos, robles, quilas, lingues, olivillos y tineos —que pueden alcanzar los treinta metros de altura—, desafían a la naturaleza misma gracias a la humedad existente y un suelo rico en nutrientes y acidez, y extienden sus raíces en una zona que está lejos de recibir los cerca de mil ochocientos milímetros de lluvia anual.
 
El Jardín Botánico pertenece al Ministerio de Agricultura y eso lo determinó Pascual Baburizza cuando lo donó al INDAP, en 1951, con el espíritu de que se siguieran haciendo cosas en torno a la agricultura. Al ser estatal, el Estado aporta una tercera parte de los cerca de quinientos millones de pesos anuales que necesita el jardín para subsistir.
 
Claramente, las matemáticas no dan y es aquí cuando comienza a operar el ingenio de Alejandro para generar recursos, amén de estimular las cuatro líneas de acción existentes: la conservación, la extensión, la educación ambiental y la investigación. “Se sufre pero se logra”, comenta. “Eso es lo más difícil: financiar la operación del Jardín. Se produce una incongruencia: debo cobrar para sustentar, pero además necesito invitar para que más gente conozca esta maravilla”.
 
¿Tu meta?
Plantar más, crear nuevas rutas, incentivar el deporte dentro del jardín, como por ejemplo las corridas con los runners de Viña. Tenemos un circuito interno maravilloso que muy pocos lo conocen. Aunque tenemos cuatrocientas hectáreas, son muy poco visibles. Si uno hace una encuesta en Viña todavía se encuentra con gente que no conoce el Jardín Botánico y eso es una aberración. Es triste, pero es así.
 
EL MILAGRO DE LA ORQUÍDEA
 
El know-how que adquirió este agrónomo durante el tiempo que trabajó en el Oasis La Campana, le ha servido mucho para hacer frente a este nuevo desafío como director del Jardín Botánico.
 
Durante nuestro paseo, comenta que ahí hay lechuzas y que está en carpeta hacer un libro sobre aves junto al ornitólogo, Diego Reyes. Deportista y papá de tres hijos, dice que su estación favorita es el otoño, que los aromos son ideales para hacer “mulch”, y que está trabajando para orquestar la Ruta del Agua y un mirador sobre las copas de los árboles.
 
“Quiero que el Jardín Botánico se convierta en el nuevo polo de desarrollo medioambiental de la región. Quiero que de aquí nazcan iniciativas de protección del agua y proyectos sustentables, porque si esas experiencias se quedan aquí, las pueden apreciar los niños. La educación ambiental y social son valores importantes dentro del Jardín”.
 
¿Qué hacen dentro de la línea investigativa?
Tenemos un gran botánico que se llama Patricio Novoa con el que lanzamos el libro Flora en la quinta región, una eminencia que trabaja con nosotros en nuestro laboratorio de investigación.
 
¿La especie más exótica?
El emblema de nosotros son las orquídeas. Existen en Chile cincuenta y nueve especies de orquídeas y el jardín tiene un laboratorio que las reproduce en forma semi natural. Las semillas de estas plantas no tienen almidón, son un embrión que se asocia con un hongo, el hongo genera carbohidratos y ahí logra que la semilla germine. Es casi un milagro que una orquídea se desarrolle y hemos logrado reproducir más de treinta semillas de orquídeas.
 
LA RUTA DEL AGUA
 
En el vivero crecen plantas medicinales y especies nativas. Entre medio de peumos y araucarias, están el quillay, el llantén, la verbena, el cedrón, la lavanda y el matico — entre muchas otras—, cada una luciendo un pequeño letrero que más tarde leen los niños que van de visita al Jardín. “Nuestro objetivo, a través de nuestro programa de Educación Ambiental, es invitar a los estudiantes y visitantes a aprender en forma didáctica y entretenida la botánica, la energía renovable y el reciclaje a través de tours guiados”. Recorremos la glorieta y los sectores de Los Robles y Los Encinos donde Alejandro les dio un espacio a un grupo de jóvenes que todos los fines de semana de juntan para practicar la arquería. “Deberías ver los arcos. Son preciosos y están hechos artesanalmente”.
 
¿Tu mayor preocupación?
Hoy día tenemos una sequía grave. Ya estamos convertidos en cuarta región y todavía no tomamos medidas duras con respecto al uso del agua. Y aunque no lo creas, todavía encontramos cursos de agua que van a dar al mar, como el que nace de la Quinta Vergara, el que nace de Forestal, el que nace de Sausalito y el que nace de aquí mismo.
 
¿Cómo destinar de mejor manera la caída de agua que hay en el Jardín Botánico?
En eso estamos. Con una empresa privada vamos a desarrollar líneas de ahorro en el tema de las energías renovables. Acá en el Jardín tenemos agua con altura, la mezcla perfecta que ocupan las grandes hidroeléctricas para producir energía. Y es justamente esa energía potencial la que queremos representar, a escala, a través de una mini central, que sin intervenir el circuito normal del agua, produzca energía para el mismo Jardín Botánico. Se llamará la Ruta del Agua.

 

 
“Gracias a una caída de agua que existe, quieren representar a escala una mini central, que sin intervenir el circuito normal del agua, produzca energía para el mismo Jardín Botánico. Se llamará la Ruta del Agua”.

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