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EDICIÓN | Julio 2014

La reina del arte suave

Tamara Valenzuela, Jiu Jitsu brasileño
La reina del arte suave
Siempre pensó que las artes marciales no cabían en su mundo, pero un día se subió al tatami y a partir de ahí nunca más se quitó el kimono. Luchadora incansable y competitiva, dejó su carrera de nutrición para dedicarse a una disciplina que le permitió explotar toda su personalidad y atrevimiento. Pese a perder recientemente en el Mundial de Estados Unidos, avisa que está en transformación y con hambre de gloria.
por Tomás Moggia C. fotografía Vernon Villanueva B.
Cuentan que el Jiu Jitsu nació en el antiguo Japón, donde los guerreros o samuráis lo empleaban en las luchas cuerpo a cuerpo con técnicas que incluían derribos, luxaciones, sumisiones y estrangulaciones. No obstante, fue recién a principios del siglo XX y en Brasil, cuando la familia Gracie comenzó a transformarlo hasta lo que hoy en día se conoce como Jiu Jitsu brasileño.
 
Un arte marcial que está pensado para que hombres pequeños puedan vencer a aquellos más grandes. En el fondo, se trata de llevar al oponente a tu zona de confort, ya sea arriba o en el suelo. Una especialidad que también es llamada arte suave, ya que no están permitidos los golpes y se caracteriza por sus rítmicos movimientos y la relevancia que adquiere la técnica por sobre la fuerza.
 
“Es tu comodidad ante todo. Es tu círculo de sabiduría a donde tienes que llevar al otro. Hay que lograr engañar al rival, sin decir ninguna palabra, para conducirlo a tu ambiente. Claro que a la vez, tu oponente está haciendo lo mismo contigo”, explica Tamara Valenzuela, integrante de la academia Cohab Alliance y que ostenta su cinturón morado tras casi cinco años practicando el Jiu Jitsu brasileño.
 
Pese a que hoy es un referente dentro de esta disciplina, lo cierto es que llegó a este deporte casi por casualidad. Aburrida de luchar contra la falta de compromiso de su equipo de vóleibol, un día se atrevió a entrenar y de inmediato se enamoró del tatami y el kimono. Y es que allí encontró un estilo de vida y un grupo humano sumamente unido y motivado.
 
“El ambiente de mi academia es ideal. Es lo más parecido a una familia. Apoyan mucho y te insisten para que vengas a entrenar, para que no flaquees en ningún momento. Eso fue lo primero que me llamó la atención”, aclara sobre una institución que actualmente cuenta con ciento cincuenta alumnos en su sede de Viña del Mar y que debe su nombre a que se originó en un conjunto habitacional en Sao Paulo.
 
DEDICACIÓN ABSOLUTA
 
El comienzo en el Jiu Jitsu brasileño no fue nada fácil para Tamara. Al principio, era prácticamente la única mujer dentro de la academia e, incluso, hubo varios que apostaron que no duraría ni un mes entrenando. Sin embargo, gracias a su enorme sacrificio y constancia, logró alcanzar el sitial que hoy en día la tiene como una destacada exponente a nivel sudamericano.
 
¿Por qué este deporte se hace tan difícil para las mujeres?
Yo creo que se debe a que hay mucho roce y es demoledor. El cuerpo no está acostumbrado a algo así y se necesita como un año de entrenamiento fuerte para hacerlo. Duele todo y estás cansada siempre. Ahí es donde las mujeres lo empiezan a pasar mal, con dedos marcados en el cuerpo, piernas como dálmatas, una manicura que no dura nada, dedos de los pies quebrados, rodillas peladas, entre otras cosas.
 
¿Qué te llevó a congelar tus estudios de nutrición?
Lo hice pensando en entrenar al ciento por ciento y estar a gran nivel en los torneos. Llegó un momento en mi vida en que la universidad interfería con el Jiu Jitsu. No podía entrenar tranquila porque tenía que estudiar. Poco a poco empecé a transformar mi día a día a esto.
 
¿Te arrepientes de haber tomado esa decisión?
No, pero mis padres sí. Ambos son educadores así que imagínate el shock que implicó que yo quisiera dejar la universidad para dedicarme a un deporte. Tuve la suerte que ellos me entendieron al principio y me dijeron que disfrutara mientras pudiera, pero se alargó un poquito.
 
¿Cuál es el terreno que más te acomoda en este deporte?
Hace dos meses era estar abajo, ser guardera, ya que tengo un agarre que es muy difícil de romper. Pero un mes antes de ir al mundial sufrí una lesión importante en las costillas y recién dos semanas antes del torneo empecé a recuperar la movilidad. Fue ahí cuando tuve que aprender a luchar arriba porque si lo hacía abajo, me dolía. Por eso ahora mi zona de confort está netamente arriba. Esa lesión me sirvió para complementar mucho.
 
A propósito de lesiones, hay un video en donde te quiebras un dedo luchando…
Eso fue en la final del nacional en 2011. Luché con un contrincante que era cinturón azul hace mucho rato y que además era de la academia rival. A los veinte segundos se me quebró el dedo. Yo me miré y estaba hacia afuera. Se lo mostraron al juez, llegó el paramédico y dijo que estaba luxado solamente. Me lo puso en su lugar y me vendaron los dedos, me preguntaron si quería luchar y yo pensé que me quedaban nueve dedos más, así que tenía que hacerlo. Entré a luchar y gané. Cuando bajó la adrenalina tenía el dedo enorme y quebrado en tres partes. Ahora tengo unos fierros y pernos adentro.
 
CON SED DE TRIUNFOS
 
Si bien lleva varios años compitiendo a gran nivel, Tamara asegura que lo pasa pésimo antes de cada torneo. “Necesito ponerme nerviosa, vomitar y no dormir bien. Me pongo llorona, me quedo callada, termino los entrenamientos sola en un rincón pensando en el campeonato. Es una semana entera así y eso hace que mi cuerpo se ponga alerta”, revela esta viñamarina por adopción, ganadora de competiciones de la talla del Open Argentina en Buenos Aires, además de múltiples certámenes nacionales.
 
Ahora acaba de bajarse del avión luego de su participación en el mundial en Estados Unidos, donde perdió sorpresivamente en primera ronda. “En mi categoría éramos treinta luchadores y nunca pensé que iba a ser así. Fue mi primer mundial y creo que la inmensidad de la situación me pasó la cuenta. Quedé encandilada con lo que estaba viviendo, luchando con los mejores del Jiu Jitsu a nivel mundial”, afirma con tono crítico acerca de su experiencia.
 
¿Pensaste que ibas a llegar a eso algún día?
Siempre lo quise, pero nunca me lo creí de verdad. Cuando llegué allá me empecé a sentir extraña. Me metí a luchar con una chica de la academia Lotus y me traté de defender aunque me di cuenta de que me tenía totalmente atrapada y me finalizó. Terminó la lucha y eso fue todo. En ningún momento logré sacar la verdadera Tamara.
 
¿Volverás por tu revancha?
Obviamente quiero llegar a tener la medalla gigantesca de oro que dan, pero mi nivel tiene que subir muchísimo. Las mujeres que están allá tienen la suerte de entrenar todos los días con los campeones mundiales. Volví con una imagen totalmente diferente, ya que me di cuenta que, en verdad, no soy tan buena. No queda otra que entrenar, comer bien y hacer de mi vida un arte suave.
 
¿Te sientes un ejemplo a seguir en esta disciplina?
Es imposible no creerse un referente de este deporte en Chile. Soy la más vieja, la que tiene el cinturón más alto, la que más compite y la que tiene más medallas de oro. Puede sonar muy ególatra, pero si lo veo con el esfuerzo que he tenido durante todos estos años, me lo merezco. Muchas niñas de distintas academias me hablan para felicitarme por lo que he hecho y por las puertas que les he abierto a ellas. Faltaba una motivación para las mujeres en el Jiu Jitsu brasileño.
 
¿Existen dificultades económicas para dedicarse a este deporte?
Muchísimas. Por el hecho de que legalmente el Jiu Jitsu brasileño no es federado, nosotros no aparecemos en ninguna planilla del Instituto Nacional del Deporte. De cierta manera es bueno porque no está envenenado todavía. Si estuviera federado, el fondo de dinero sería para ciertas personas y todo estaría a cargo de personajes que van a querer que su academia sea la que gane y se empezaría a viciar todo. Por otro lado, es malo porque no tenemos el apoyo económico.
 
¿Hay esperanzas que el Jiu Jitsu sea deporte olímpico para Brasil 2016?
Hay muchas personas que están pidiéndolo a gritos para que sea el deporte invitado ese año. Pero también hay un montón de personas que no quieren que sea así, ya que si llega a aceptarse como deporte olímpico tiene que generarse una federación en todas partes del mundo, por lo tanto, empezarían los robos y los conflictos.
 
¿Y qué opinas al respecto?
Yo no quiero. Prefiero partirme el lomo y juntar mis lucas para vivir todo ciento por ciento, yo y mi equipo, a que sea una cosa netamente manipulada por otros personajes que a lo mejor ni siquiera tienen la capacidad para poder decidir quiénes son los que van a competir o los que se quedan.
 
¿Cuáles son tus expectativas para este año?
A fines de julio está el Open Río y dos semanas después está el Mundial de Sao Paulo. Quedé muy “picada” tras haber perdido en Estados Unidos. Ahora empieza todo el proceso de entrenamiento de la nueva Tamara para ir a Brasil y darlo todo una vez más.

 

 
“Es imposible no creerse un referente de este deporte en Chile. Soy la más vieja, la que tiene el cinturón más alto, la que más compite y la que tiene más medallas de oro. Puede sonar muy ególatra, pero si lo veo con el esfuerzo que he tenido durante todos estos años, me lo merezco”.

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