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EDICIÓN | Julio 2014

Quijotesca

María Luz Marín, enóloga
Quijotesca
Es la primera mujer chilena en ser enóloga, dueña de su propia viña y que se atrevió a producir sauvignon blanc, pinot noir o syrah en un valle de clima extremo como San Antonio. A través de Casa Marín y el cercano apoyo de su marido, sus hijos y hermanos, en más de una década ha llenado de premios al país con sus vinos de lujo que se exportan, principalmente, a Inglaterra, Holanda, Estados Unidos y Brasil.

por Maureen Berger H. / fotografía Vernon Villanueva B. y gentileza Casa Marín

Muchos se rieron, pensaron que estaba loca, a quién se le ocurría que en el Valle de San Antonio podía sembrar viñedos y menos obtener vinos de calidad. Sin embargo, todos estaban muy equivocados, salvo la enóloga María Luz Marín, quien creció en estas tierras y cual Quijote, luchó contra sus detractores, demostrándoles que no solo se dan muy bien el riesling, sauvignon blanc, sauvignon gris, gewürztraminer, pinot noir y syrah, sino que además son apetecidos, reconocidos y muy premiados en Chile y el extranjero.
 
Marilú es santiaguina y desde pequeña pasó todos los veranos en el pueblo de Lo Abarca en el Valle de San Antonio, Región de Valparaíso. Curiosa, observaba que no solo las lechugas costinas crecían generosas y crujientes, también otras frutas y verduras respondían, pese a que esta zona se caracteriza por su clima extremo, con temperaturas muy bajas en invierno, vientos helados que vienen del mar y falta de riego.
 
A mediados de los años setenta estudió agronomía y enología en la Universidad de Chile. Una vez titulada, trabajó durante seis años como enóloga de Viña San Pedro, Bisquert, Casa Donoso y con pequeños productores. Se dedicó a viajar por todas las regiones vitivinícolas de Francia, Estados Unidos, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, Alemania, Italia, para ver tecnología e innovación.
 
Paralelamente, compró un campo en Lo Abarca y se puso a investigar concienzudamente qué provecho podía sacar a dichas tierras, que en primera instancia se mostraban muy distintas a las de otros valles, famosos por su producción de cabernet sauvignon. “Me acuerdo claramente de una charla a la que asistí hace veinte años como oyente.
 
Aquella vez, un famoso enólogo nacional — cuyo nombre no quiero decir— habló del futuro de la vitivinicultura en Chile. Dijo que solo iban a crecer aquellos que tenían una marca bien posicionada en el mercado, no así los pequeños productores, a quienes mejor les aconsejaba desaparecer. Yo me atreví a preguntarle qué opinaba de una viña nueva, pequeña, donde se creara el terroir. El me paró en seco, me dejó en vergüenza delante de todos y me dijo que esto era imposible y que me dedicara a otra cosa”, dice la enóloga, para ejemplificar uno de los tantos “molinos de viento” que debió enfrentar.
 
Porfiada pero confiada, continuó con el plan maestro diseñado para su campo y comenzó a experimentar. Descubrió que la solución era sembrar parras sobre lomas de cerro, con pendientes de cuarenta grados, técnica que le dio excelentes resultados, pues de hecho María Luz Marín ostenta el honor de haber creado la primera viña de clima frío en toda América del Sur y la costa del Pacífico.
 
“Las primeras plantaciones formales las hice recién en el año 2000, no fue antes porque estuve buscando agua, que finalmente hallé, y socios, que no encontré. Lo atribuyo a que en esos momentos la industria vitivinícola se basaba en el Valle Central. La gente no se atrevía ni se incentivaba por intentar en climas más extremos. Tuve muchos detractores”, recuerda Marilú.
 
¿Por qué usted se mantuvo firme en su convicción?
Recuerdo a un profesor de viticultura que nos dijo que la vid es la planta más noble del planeta, pues donde uno la coloque se va a dar. Gracias a él me dediqué a esta pasión, así que seguí su consejo y me di cuenta de que sus palabras eran muy ciertas. De hecho, entonces, me hice conocida en los medios como la mujer loca que estaba plantando en un lugar extremo y la gente del mundo del vino estaba expectante de qué iba a pasar.
 
¿Aquel enólogo que la hizo callar, ha probado sus vinos?
Claro que sí, tiempo después, cuando ya estaba en plena producción, con varios premios a mi haber, él vino a nuestra Viña, acompañado de un grupo de expertos. Lamentablemente, yo andaba de viaje y lo tuvo que atender uno de mis hijos, quien pese a que sabía la historia, no se atrevió a enrostrársela. Aquel enólogo quedó fascinado con los vinos, felicitó a todo mundo y publicó una excelente crítica, donde destacó “las maravillas de este proyecto a cargo de una mujer”… las vueltas de la vida.
 
BBC
 
Esa primera cosecha de sauvignon blanc, sauvignon gris y gewürztraminer, en el 2003, fue un éxito, de hecho su sauvignon blanc Laurel 2003 figuró entre los mejores cien vinos del mundo, según la rigurosa revista inglesa Decanter. Su gewürztraminer 2003 fue escogido entonces como el vino del mes de septiembre y también estuvo entre los cien mejores de la publicación. Wine & Spirits, en tanto, también lo distinguió entre los cien mejores del año.
 
Su norte fue crear vinos BBC: Buenos Bonitos y Caros: “desde un inicio me fijé una estrategia. Como el vino salió de alto nivel, inmediatamente nos encargamos de posicionarlo en un nicho alto. Porque es muy difícil irlo subiendo, cuando tú partes de abajo con un vino más barato. Hoy los vinos blancos de Casa Marín cuestan, en la viña, $13.900 y los tintos valen $22.900. Estos precios altos vienen desde el comienzo. Cuando empezamos a exportar a Inglaterra vendíamos nuestros vinos blancos a catorce pounds, pese a que la competencia nacional más cara no superaba los siete pounds. Entonces, hubo expertos que también me tildaron de “loca” por intentar exportar de esta manera, pero ha sido un éxito en diecinueve países”, explica.
 
Casa Marín produce la línea homónima y también la línea de vinos Cartagena, a mitad de precio. Sus exportaciones principales, que representan el noventa por ciento de la producción, son a Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Estados Unidos, Hong Kong, Indonesia, Tailandia, Vietnam, Brasil, Uruguay, Puerto Rico, Perú y Colombia. Además, ya se atrevió con una cepa nueva, pues hace dos años plantó grenache, que tuvo su primera cosecha este 2014 y está en plena fase de análisis.
 
¿Cómo atraen al consumidor nacional?
En nuestra viña, tenemos un Wineclub, los miembros que adquieren una cierta cantidad de vinos al año son los primeros en probar la cosecha junto a los enólogos, participan en los blend de sauvignon blanc, invitan a sus amigos a catas gratuitas, obtienen beneficios y descuentos, entre otros. Para el público general, además, tenemos un tour con charla, recorrido por la viña y bodega y el concepto Vinobar Cipreses, donde es posible probar menú de maridaje, a cargo de un excelente chef. Y ofrecemos hotelería boutique con habitaciones matrimoniales, una pequeña cocina equipada, living-comedor y juegos de salón.
 
Viña Casa Marín destaca por sus premios, ¿pero cuál le enorgullece más?
Rescato el hecho de que tenemos la fama aquí y en el extranjero, de tener los mejores vinos blancos de Chile y no solamente con el sauvignon blanc, pues nos hemos ido posicionando con otras variedades. De los más recientes, puedo nombrar que el Casa Marín Riesling Miramar figuró recién en los Top 50 mejores vinos del año según Decanter; nuestro Sauvignon Gris Estero fue elegido el mejor vino blanco en la AWOCA 2013; nuestro Casa Marín Syrah Miramar Vineyard 2010 fue catalogado por Jancis Robinson entre los cien mejores del mundo y este año obtuvimos el Certificado de Excelencia 2014, premio que reconoce a las empresas que constantemente obtienen mejores calificaciones por parte de los viajeros de Trip Advisor.
 
LA FAMILIA
 
Si bien la enóloga partió sola en esto, hoy le acompañan varios integrantes de su familia. Su hijo Felipe, que estudió viticultura en California y enología en Nueva Zelanda. “Actualmente, se está dedicando al desarrollo sustentable de Casa Marín, dividiendo su tiempo entre este proyecto, además de la constante búsqueda de nuevos aromas y mezclas de vinos año tras año”, menciona su orgullosa madre, y continúa hablando de su otro hijo, Nicolás, ingeniero civil informático de la Universidad Diego Portales, quien en ciertas fases ha estado encargado de la logística y operaciones de la empresa.
 
Andrés Schloss, su marido, que es geólogo de profesión, dirige la promoción de ventas en el mercado asiático y representa la marca en presentaciones oficiales y degustaciones con distribuidores en Estados Unidos e Inglaterra. En tanto, Osvaldo, su hermano, hace los tours, degustaciones y charlas en la viña y Patricia, su hermana, ha aportado con sus mosaicos decorando algunos espacios de Casa Marín, arte también presente en el pueblo de Lo Abarca.
 
De esta manera sigue la historia y el sueño cumplido de María Luz Marín, la fundadora, dueña y enóloga de la viña Casa Marín. Una mujer que ha luchado por crear una viña innovadora, con vinos finos exclusivos que, sin duda, expresan el terroir único de Lo Abarca.

 

 
“Tenemos un Wineclub, los miembros que adquieren una cierta cantidad de vinos al año son los primeros en probar la cosecha junto a los enólogos, participan en los blend de sauvignon blanc, invitan a sus amigos a catas gratuitas, obtienen beneficios y descuentos”.

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