Dice que lo que hace nunca lo ha visto en otra parte. No es raro, porque algunas de sus obras han sido publicadas en libros de joyería contemporánea belgas y españoles. Y eso no lo logra cualquiera.
En su casa-taller ubicada en pleno Viña — que bautizó Casa Kiro (www.casakiro.cl) en complicidad con su polol —, juega con resina, plata y bronce e inventa miles de paisajes atrapados en el tiempo. Sobre la vitrina, se exhiben anillos, aros, prendedores, collares y esclavas hechas de todo lo que nos podamos imaginar: cochayuyo, pelillo, curahuilla, liquen, hinojo y quínoa. Con santa paciencia, Vania va insertando con pinzas, uno por uno, cada ingrediente dentro de la resina. Con santa paciencia, dibuja paisajes y plasma la naturaleza misma en espacios diminutos. Sus elecciones no son a priori, sino que tienen que ver con su pasado, con su historia, con los veranos de infancia.
“Con cada material que uso, armo un paisaje distinto. El liquen me recuerda mucho a Valdivia, cuando el sol se cuela por la mañana; el pelillo, a los bosques quemados, la curahuilla, a los sembradíos del campo”.
¿El material más desafiante?
La resina, todavía me desafía.
¿El pedido más raro?
Una niña me encargó un anillo con las cenizas de su papá.
¿Tu joya favorita?
Los anillos.
¿Cuál te representa mejor?
El anillo doble abanico, que es el más grande que tengo. Ese lo tengo publicado en un libro belga: Jewel Book 12/13 International Anual of Contemporary Jewel Art. El nombre original era “Amanecer” y está hecho con curahuilla.
ANIMITAS
Así llamó a su última colección, que es la que más le ha gustado y a la que le tiene un cariño especial. Gracias a su tropiezo con el libro Cementerios del norte: los colores de la muerte, se empapó del imaginario colectivo nortino y sus colores e incorporó las flores de cobre, las cruces, el desierto, el sol y los relicarios y los transformó en una nueva propuesta.
“En los cementerios del norte es común ver coronas de hojalata que cuando se oxidan se ponen cafés, por eso elegí el cobre para interpretar estas coronas de flores. También usé las casas como elementos figurativos para desarrollar esta línea”, comenta mientras me muestra parte de su colección que encontró en el desfile Pasarela Valparaíso la plataforma perfecta para mostrarla y exhibirla.
Una vez más, el ingenio de esta viñamarina hizo de las suyas y buscando poner en valor elementos naturales chilenos, incorporó pimienta, canela, sémola y corteza de madera a estos nuevos paisajes.
Vania, alegre, sencilla, que ha expuesto en San Francisco, Londres y Nueva York y confiesa usar poco sus joyas, explica que en joyería contemporánea hay alhajas que ni siquiera están hechas para usarse, porque son consideradas una expresión de arte. “La joyería contemporánea es considerada una rama del arte y tiene mucho de diseño y de arte, valga la redundancia”.
¿Tu primera exposición?
Quiltro, la primera exposición en la que participé con la Asociación de Joyería Contemporánea Joya Brava en 2012 en el Centro Cultural La Moneda (Santiago). Era la primera vez que participaba en una exposición colectiva.
PICOROCO EMPERIFOLLADO
Los nombres de sus joyas son geniales. Como el anillo de conchas de picoroco (hecho con un molde de caucho), plata y resina que desarrolló para una colección.
¿Le has hecho un anillo a tu pololo?
Sí, ¡pero le quedó chico! Más que anillos para hombres, hago colleras.
¿Cómo definirías tu estilo?
Simple. Es raro, pero si tú miras la forma de las cosas que hago, sus volúmenes, funcionan de una manera muy simple, más allá de que tengan elementos dentro de la resina.
¿De qué manera está presente la arquitectura en tus joyas?
En las líneas, en los gestos y sus soluciones. Siempre trato de que todo funcione. No busco pegar, sino que busco elementos para que la joya quede anclada.
¿Proyectos?
Este año con el colectivo Joya Brava vamos a presentar una exposición de Barroco en Barcelona y estamos preparando una muestra para fin de año, cuyo tema es el erotismo.