Piper Kerman proviene de una familia de médicos y abogados, estudió en Smith College, una tradicional universidad estadounidense estrictamente femenina, pero se desvió lavando dinero de drogas para una novia, y estuvo tras las rejas por trece meses. Liberada, redactó Orange is the new black: mi año en una de cárcel de mujeres. El libro es la base de esta serie escrita por Jenji Kohan, cuyo contundente currículo incluye la exitosa Weeds, la producción de Mad about you, y guiones para capítulos de Sex & the city, Gilmore girls y Will & Grace. Es la segunda producción exclusiva para el sitio Netflix tras el éxito de la estupenda House of cards. Ha cosechado entusiastas críticas, una serie de nominaciones, y la confirmación de una tercera temporada.
Los elogios apuntan a la singularidad de una historiacompletamente dominada por mujeres en un espacio claustrofóbico, bajo uno de los peores padecimientos del ser humano: la pérdida de libertad. El detalle femenino no es antojadizo, ya que los principales triunfos para la pantalla chica de los últimos años siguen siendo protagonizados por hombres, con Mad men como el más claro ejemplo. También es cier to que no se trata de la primera serie que aborda el tema carcelario; Oz lo hizo a fines de los noventa en HBO, con un relato duro y truculento.
Acá la solución viene de mezclar el drama con la comedia, por cierto, la especialidad de Kohan. No siempre la química es exacta en una fórmula compleja que exige el equilibrio de polos opuestos. El entusiasmo mediático se conecta con lo que representa la serie, más que el dibujo de sus personajes, algunos francamente caricaturescos. Lo indiscutible es la capacidad de Orange is the new black de concitar atención y entretener, con una trama que de cómica no tiene nada.