Aunque las pizarras digitales hacen su aparición en Concepción hace más de una década, aún no es posible explotar su máximo potencial. Simultáneamente, el proyecto Pizarras Amistosas con la Escritura, que se está probando como programa piloto en dos escuelas, ya empieza a rendir frutos.
por Soledad Posada M. / fotografías Sonja San Martín D.
Antes, los profesores entregaban una tiza y los alumnos pasaban adelante a escribir una letra o realizar una operación matemática en la pizarra. Luego, con la pizarra blanca, el maestro proporcionaba un plumón y los estudiantes hacían lo mismo, pero con menos suciedad. En la actualidad, se han abierto camino, muy lentamente, las pizarras digitales, que no necesitan tinta ni borrador.
La lentitud de su masificación se debe a su alto costo —cerca de cuatro millones de pesos— y, además, necesitan un profesor capacitado en programación, por la escasez de softwares en el mercado.
LA EXPERIENCIA DE COEMCO
La Corporación Educacional Masónica de Concepción, COEMCO, introdujo la primera pizarra digital en el aula, en 2002, cuando fue donada por una logia masónica al Colegio Técnico Profesional Los Acacios. Desde ese día a la fecha, está implementada en la totalidad de las salas de clases de los cinco colegios que conforman COEMCO, asegura José Vilche, subgerente de educación de la institución.
Para el profesional de la educación, con las pizarras digitales, el aprendizaje se instala desde la emocionalidad o efervescencia de la nueva tecnología, que despierta el interés en los niños. Además, existe mucha literatura a favor de su uso y aporte en lo relativo a la enseñanza de los estudiantes. Sin embargo, en la práctica, las empresas que aportan estas tecnologías solo tienen cursos para el uso genérico, por lo que se necesitan profesores capacitados en programación. En COEMCO, existen dos docentes que llevan la iniciativa en estas programaciones. Estos realizarán un curso a sus pares en el segundo semestre, para que los alumnos puedan obtener más beneficios de las pizarras digitales.
PROFESORA AVANZADA
Uno de los maestros es Mónica Cortés, profesora de cuarto año básico del Colegio Concepción San Pedro. Para ella, nadie mejor que sus alumnos para indicar el beneficio de las pizarras digitales. Amaro: “Me gusta porque trabajamos y no hay que escribir”; Domingo: “es más entretenido y fácil. Aprendo más rápido”; Trinidad: “Es divertida y me sirve para la comprensión lectora. Me ayuda a entender mejor”; Agustín: “Es divertida y fácil. Prueba nuestros límites de aprendizaje, cuando aprendemos y recordamos”; Sofía: “Es rápido y divertido”; y Alonso: “se me queda grabado todo lo que aprendo con la pizarra”.
El colegio utiliza tecleras, con las que cada alumno marca la respuesta que crea correcta, y después en un gráfico ve la cantidad de aciertos y errores.
Mónica señala que la tecnología en el aula les sirve a los alumnos para la comprensión lectora, el vocabulario contextual, el contenido de carácter conceptual, mejora la fluidez lectoral, se amplía el capital cultural, los pequeños participan más, están motivados en acertar las respuestas, hay mayor interés por la lectura y son más críticos en cuanto a los textos. “Ellos esperan con ansia ese día, y si no lo tienen por cualquier razón, piden hacerlo otro día, pero no puede faltar”.
PIZARRA AMISTOSA
En la escuela Lautaro de Villa Nonguén, se está aplicando una metodología innovadora, que también incluye una pizarra distinta. Los niños de primero básico tienen problemas de aprendizaje y la profesora Tabita Opazo debe enseñarles a leer y escribir. Para lograr su objetivo, decidió formar parte, junto al curso, del proyecto Pizarra Amistosa con la Escritura para Primero Básico. Este programa fue formulado por la educadora de párvulos, Loreto Muñoz, y la pizarra, diseñada y fabricada por Orlando Cares, de la empresa Igraf de Concepción.
El proyecto empezó en marzo y la profesora ya ve logros, como la motivación por participar en clases, el orden y las ganas de escribir. “Los cambios que he observado en los niños son significativos y duraderos, el curso venía con graves problemas en la adquisición de la escritura y con alto porcentaje de repitencia. Este proyecto los acerca amigablemente al mundo de las letras. Los niños experimentan la escritura las veces que sean necesarias y sin alterar su mundo. Han logrado escribir bien las consonantes, uniones vocálicas y eso da como resultado buena escritura y lectura”, indica la maestra.
El sistema involucra una pizarra para el profesor y una para cada niño, donde escriben y borran, fácilmente. Las pizarras tienen líneas como cuaderno de caligrafía, que cambian de color y tamaño de acuerdo al nivel de avance en la escritura. A los niños los entusiasma, porque se dan cuenta de que les sirve para aprender.
EL FINANCIAMIENTO
El proyecto de Loreto y Orlando logró estar entre las doce mejores innovaciones del país en el Jump Chile de 2013, y consiguió el octavo lugar en la línea Prototipo, de Innova Bío Bío, el mismo año. Ambos les dieron premios en dinero para financiar su idea.
Para ejecutar el pilotaje a pequeña escala, se requería contar, idealmente, con dos escuelas municipales, una urbana y otra rural. “Considerando los vínculos existentes con una escuela de mi tesis, esta aceptó que el pilotaje se realizara en primero básico en 2014. De manera circunstancial, llegué a la escuela rural de Villamávida; ofrecí el pilotaje, se interesaron y estuvieron dispuestos a aceptar que el sistema de las pizarras amistosas se piloteara en su curso de primero básico”, señala Loreto.
¿Cómo se gestó la idea?
Filmaba clases de lenguaje en salas de primero básico de escuelas municipales en Concepción, en el marco de mi tesis de doctorado en Ciencias de la Educación. Durante meses observé que para muchos niños aprender a escribir resultaba muy difícil y frustrante; lo que afectaba su motivación y progreso. Por su parte, las profesoras aplicaban muchas estrategias para facilitar este proceso, y aun cuando podían ser efectivas no resultaban eficientes, ya que se perdía mucho tiempo de la clase, lo que también generaba frustración en las profesoras. Tratando de ayudar, se me ocurrió que esas estrategias podían integrarse en una idea que motivara e hiciera más amistoso el proceso, así como más eficiente. En junio de 2013, esa idea fue el origen de una “pizarra amistosa”, que luego diseñó y fabricó Orlando Cares.
¿Qué dificultades encontraron en la ejecución del proyecto?
Ingresar a una sala de clases con una propuesta metodológica innovadora, que la acepten, valoren y utilicen es un tremendo desafío. Había muchas cosas que resolver; una de las más importantes era cómo acercaríamos el sistema a los niños y a las profesoras, y cómo nos aseguraríamos de que el sistema se aplicara desde la lógica con que fue diseñado, entre otras.
¿Cómo las superaron?
Para acercar el sistema a los niños y motivarlos, se diseñó un cuento dramatizado con un personaje muy particular; una niña llamada Rosita, que al igual que los niños, ingresaba por primera vez a primero básico; con muchos sueños, pero también con muchas preguntas. Rosita ingresaba a una sala que tenía pizarras amistosas, las conocía, las probaba y se daba cuenta de que no solo eran muy entretenidas, sino que le ayudaban a aprender con colores, como un juego. El interés y motivación de los niños fue instantáneo, así como el cariño que surgió por el personaje de Rosita. Se capacitó a la profesora y se le entregó un manual explicativo con sugerencias de actividades. También se realizó un modelaje en sala de su utilización, el que fue realizado por Lieselotte Grau, psicopedagoga e integrante del proyecto. Para evaluar proceso y resultado; ha sido clave el trabajo interdisciplinario que integra Lieselotte, la académica de la UCSC, Jimena Meneses, quien es profesora básica y magíster en educación, y yo, educadora de párvulos, académica de la UCSC y tesista de doctorado de la UC en la temática de la escritura en primero básico.
EL FUTURO
¿Cuál es el beneficio para los niños?
Seguir aprendiendo a través del juego. Esto hace menos brusca la transición desde el mundo preescolar a la básica, hecho que ocurre hoy y que, de una u otra forma, influye en el fracaso escolar temprano; sobre todo en los contextos más desfavorecidos socioculturalmente.
¿Cuáles son los pasos a seguir?
Socializar los resultados con distintos actores de la educación municipal e instituciones que han manifestado su interés por implementar la pizarra amistosa. También, participar en ferias educativas y en otros fondos de financiamiento que nos permitan producirlas y comercializarlas.
¿Qué se necesita para implementarla?
Hay que adquirir los sistemas de pizarras por niño y por profesor. Existe un manual que fundamenta, describe, explica, y da sugerencias de actividades y estrategias. La capacitación resulta fundamental para transmitir que las pizarras “son amistosas”, no mágicas ni milagrosas. Aun cuando son un excelente recurso, exige voluntad, motivación y compromiso del profesor para apropiarse de la lógica que lo sustenta y de la metodología que ofrece, así como creer que con un sistema así de amistoso los niños pueden motivarse y progresar más en el aprendizaje de la escritura, gracias a que se puede utilizar a diario en diversas actividades de escritura.
“El proyecto Pizarras Amistosas con la Escritura logró estar entre las doce mejores innovaciones del país en el Jump Chile de 2013; y consiguió el octavo lugar en la línea Prototipo, de Innova Bío Bío, el mismo año”.