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EDICIÓN | Junio 2014

Bogador

Felipe Cárdenas, remero
Bogador

Seleccionado nacional desde los dieciséis años, se ha consolidado como uno de los hombres fuertes del remo nacional. Luego de colgarse la medalla de plata en los recientes Juegos ODESUR, a los veintidós años sueña con trepar a lo más alto en un mundial.

por Érico Soto M. /  fotografías Vernon Villanueva B.

La historia de Felipe Cárdenas Morales con el deporte, se remonta a una infancia donde ninguna actividad le parecía más interesante que ver televisión en casa. Eso, hasta que conoció el remo. La fascinación que descubrió al subirse a una embarcación impulsada por su sola fuerza, lo encaminó a un deporte que más tarde se convertiría en su actividad principal.

Hoy, luego de obtener medalla de plata en los últimos Juegos ODESUR, debe arreglárselas para compartir su tiempo entre el remo y sus estudios de kinesiología en la Universidad del Desarrollo. Su exigente temporada deportiva lo obligó a congelar las clases, en busca de un nivel que le permitiera aspirar a lo más alto del podio.

Luce satisfecho con su apuesta. Al alero de su club de siempre, el Centro Deportivo Español (hoy CDE Inger), desde los dieciséis años entrena junto a la selección nacional y figura como uno de los elementos de mayor proyección en la boga local.

¿Cómo fue tu inicio?
A los trece años no me interesaba ningún deporte. Además, no era flaco, al contrario. Entonces, un colega de mi mamá, Andrés Barrientos, le dijo que probara con remo. Así que fui al Club Deportivo Español, donde él había sido ex remero. Al principio no me gustó, porque me tenían trotando y con trabajo de gimnasio. Iba un poco obligado por mis papás. Pero cuando subí al bote, para aprender los movimientos, me gustó y se produjo un cambio rotundo.

¿Qué vino entonces?
Comencé a subirme a los botes más seguido. A medio año de empezar, vino la primera competencia, siempre en la Laguna Chica de San Pedro de la Paz. Por supuesto, no me fue muy bien. Pero ya en la segunda, competí en un bote doble, y con mi compañero ganamos las tres fechas de esa regata. Fue algo inexplicable para mí, en ese momento, porque era mi primera medalla de oro.

¿Qué te convenció para seguir adelante?
Después de esas primeras competencias, quedé con ganas de seguir adelante, con la idea de prepararme para las siguientes regatas. Fui creciendo, ganando campeonatos regionales y luego vinieron los nacionales. Allí iba mucha más gente, pues en cada competencia anual se va conociendo a quienes están en esto, sobre todo de Valdivia y Valparaíso, donde más se practica en Chile. Me gustaban los viajes y conté con el apoyo de algunas personas, como el traumatólogo Fernando Ruiz, amigo de la familia.

¿Cuándo llegas a la selección?
En el 2008, estuve por primera vez. Competimos en el Sudamericano que ese año se realizó en la Laguna Curauma, Región de Valparaíso, y formé parte del bote ocho+juvenil. Logramos medalla de oro, en la que fue mi primera experiencia internacional.

¿Cuáles han sido tus principales logros?
En total, tengo ocho medallas de oro a nivel sudamericano, tres de plata y una de bronce. Las que más recuerdo son todas las ganadas, que siempre son especiales, en juvenil y adulto, peso ligero.

¿También has podido viajar con el remo?
En 2010, viajé a Europa con la selección. Una gira de un mes que incluyó la Copa del Mundo de Alemania. Entrenamos en España y también competimos en Suiza y Bielorrusia (novenos). Yo era un cabro chico en el grupo, pero me sentía grande viajando a esos lugares. Al año siguiente, nuevamente viajé al Mundial Sub 23, claro que con distinta tripulación. Esa vez entrenamos en Alemania y Holanda (undécimos). Y el año pasado, fui a la Copa del Mundo de Suiza, donde competí en un bote doble, con Rodrigo Muñoz, y terminamos octavos. Para el nivel chileno no es malo, pero se puede subir más.

¿Qué rescatas de esas giras?
Todas resultaron tremendas experiencias. Conoces el mundo del remo, con tipos muy fuertes, sobre todo en peso libre, donde el físico de los competidores no tiene nada que ver con el de la competencia local. Ni siquiera del nivel sudamericano. Y siempre se puede aprender.

SACRIFICIOS DE CAMPEÓN

El presente de Felipe en el remo, lo tiene la mayor parte del tiempo lejos de casa. La selección chilena entrena en la Laguna Curauma, donde ADO Chile posee un hotel para los deportistas seleccionados. El sacrificio que debe hacer lo aleja de sus seres queridos, e incluso del estudio, que ha debido postergar en más de una ocasión.

Sus sueños y metas son el mejor incentivo para seguir adelante. “Sufre ahora y vive tu vida como campeón” es la frase que se pone como lema, y que recuerda cada vez que compite representando a Chile y a Concepción.

Este año, realizó una destacada actuación en los Juegos ODESUR, donde Chile fue el anfitrión, y Felipe apostaba seguro a una medalla de oro. Pero, finalmente, su prueba no se disputó, por lo que tuvo que moverse a otra categoría y conformarse con la medalla de plata, en una meritoria actuación en el bote 4-libre, que fue superado por Argentina.

¿Cómo viviste la competencia en los Juegos ODESUR?
Logramos un segundo lugar. Fue un trabajo largo, de dos meses de arduo entrenamiento en Valdivia y Curauma, para correr en la serie 4-peso ligero. Pero a última hora nos avisaron que la prueba se había bajado por falta de inscritos. Competimos, entonces, en peso libre, y Argentina nos ganó por dos segundos. En nuestra serie, ganábamos el oro, seguro.

¿Qué viene?
Estoy entrenando para salir al Festival Panamericano de México en julio, que es la clasificación para los Juegos Panamericanos de Toronto. Hay que estar en constante entrenamiento y dar lo máximo para seguir a nivel competitivo. Después de México, si todo sale bien, viene el Mundial Adulto de Holanda, lo que incluye un mes afuera, entrenando en Europa.

¿Es mucho el sacrificio?
Cada año, diría que es un sacrificio mayor que el anterior, porque las metas van creciendo y el nivel también. Internamente, en la selección, uno no puede regalar distancias. Siempre hay que mantenerse, no aflojar remadas. Para los penquistas, es sacrificado por el tema de la familia, los amigos, la polola y los estudios. No estamos en nuestra casa ni en nuestra cama. Pero son las reglas.

¿Tienes referentes en este deporte?
Admiro, a nivel nacional, al valdiviano Miguel Cerda que, en 2002, fue campeón del mundo y, en 2005, vice campeón. Es una persona muy sencilla. Y a nivel internacional, me fijo mucho en el bote 4-ligero de Dinamarca, que es el mejor en lo que hago, y ha andado muy bien.

¿Cómo está el nivel del remo en Concepción?
Cuando empecé, estaba varios peldaños abajo. Pero ha avanzado bastante, a nivel de resultados y de exponentes. En la selección, entreno con Felipe Fuentes, de mi club. Y en juveniles vienen varios más. Aún hace falta ayuda para que llegue más gente y crezca.

¿Cuáles son tus metas a largo plazo?
Llegar a una final A, en una regata internacional, es un sueño por el que se trabaja. Cada bote tiene su clasificatoria distinta, y es difícil. El remo es solitario, porque depende de cada uno, pero también entrega amistades y he hecho grandes amigos de todos lados.

 

“Cada año, diría que es un sacrificio mayor que el anterior, porque las metas van creciendo y el nivel también. Internamente, en la selección, uno no puede regalar distancias”.

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