Freddie San Martín se mantiene fiel a su manera de pintar desde 2001. Para él, sus trazos originales aún tienen mucho que ofrecerle, y su mayor preocupación radica en encontrar nuevos elementos para esparcir la pintura en la tela.
por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.
Es un creador sin límites al momento de pintar. Con la tela siempre en el suelo y mucha agua, él juega con sus brazos, regletas, dedos, esponjas y lo que encuentre para tratar de transmitir la imagen que se desarrolla en su cabeza y que nunca sabe cómo lucirá al concluir el cuadro. Luego, un poco de música y… acción painting. “El agua y la pintura se gobiernan solas, yo solo conduzco el proceso de pintar. En mi pintura, hay una independencia, no es consciente. Tengo libertad gestual, no hay dibujo ni bosquejo, herramientas, pincel, lápiz o goma”, indica Freddie.
De pequeño, este artista visual chillanejo se vinculó con el arte. En su casa abundaban las obras abstractas de pintores nacionales y se escuchaba mucha música clásica. Freddie recuerda, claramente, la decoración con obras de Roberto Matta. “Quizás por eso tengo un estilo parecido”, señala.
IMÁGENES CHILOTAS
Después de estudiar licenciatura en arte, con mención en grabado, en la Universidad de Concepción, viaja a Chiloé, donde vive cerca de cuatro años. Los suficientes para llenarse del espíritu chilote, con sus mitos y leyendas. Ahí, desarrolla una serie de grabados con respecto a la mitología y sus misterios, y crea toda una iconografía con su propio bestiario y visión de la mitología.
Vuelve de la isla cargado de imágenes, experiencias, historias visuales y mitología. “Empecé a sentir un hilo en mi forma de crear, que fue la base de mi pintura. Jugué con lo orgánico y la naturaleza. Después, introduje lo inorgánico y jugué con ambos, creando una atmósfera especial en mis trabajos. Siempre busqué el equilibrio y eso derivó en lo figurativo y abstracto. Busco no ser tan obvio”, recalca.
En 2003, viajó a Marruecos, donde aprendió la técnica para dibujar las letras árabes, “una verdadera danza gráfica”, expresa. También, se introdujo en el grafismo oriental. “Con todo, aún sigo jugando, las posibilidades son muchas. Utilizo cualquier cosa: tintas, acrílicos, óleos y, a veces, todo junto”, explica.
INSPIRACIÓN
Además de su pintura, Freddie imparte clases de dibujo y pintura en la Escuela de Cultura y Difusión Artística, Claudio Arrau. Además, es profesor de audiovisual, y ha incursionado en la dirección de videoclips y video arte.
¿Cuándo nace tu interés por el arte?
Este tipo de intereses nace y crece de la misma forma en que uno nace y crece en la vida; de forma natural, instintiva, inconsciente. Se va desarrollando de acuerdo con las diferentes etapas y estados de nuestro ser. Pero la idea de seguir por este camino, estudiar y trabajar en el mundo del arte, fue justamente en la etapa de la vida donde uno tiene las primeras luces más conscientes entorno a la existencia: la adolescencia.
¿En qué te inspiras para realizar tus obras?
En el área plástica, recurro generalmente a lo que hacen muchos creadores, la información histórica que uno porta, la visual, la auditiva, emocional, intelectual, etc. Información que acumulamos y que utilizamos al momento de enfrentar un proceso creativo. Pero, fundamentalmente, me motiva la imagen, el color y las formas que juntas inauguran nuevos mundos, nuevas atmósferas que son inagotables fuentes de inspiración.
¿Qué sientes cuando los demás entienden y les gusta tu arte?
Difícil pretender que la entiendan, porque, generalmente, la gente busca algo reconocible dentro de una pintura, alguna forma de fácil lectura y mi pintura es básicamente abstracta, no cuenta ninguna historia o cuento. Si les gusta mi trabajo siento una incómoda satisfacción.
¿Qué te gusta de las producciones audiovisuales?
En este ámbito me he desarrollado poco, tengo más proyectos en mi cabeza que cosas concretas. Y a diferencia de la pintura, mis pretensiones en lo audiovisual siempre están ligadas a mostrar la realidad. Los documentales son una muy buena herramienta para revelar y vincular esta realidad hacia un público. El lenguaje audiovisual se transforma en una plataforma para decir cosas. Por mientras, vuelco todo este interés en las clases de audiovisual que desarrollo en dos escuelas artísticas a jóvenes, en Chillán y San Carlos. Aquí, el lenguaje audiovisual, la estética en la imagen y sonido, junto a conceptos e ideas, brindan a los alumnos un vehículo formidable de expresión y creatividad.