El año 2009 llegó a asumir la presidencia de Minera Escondida, un referente en estándares de producción y seguridad para la minería privada de Chile y el mundo. Su objetivo es lograr una operación que ayude a generar resultados más estables. “Así todo el mundo está más tranquilo y puedes planificar mejor”, asegura, focalizándose en un equilibrado crecimiento de la industria que sustenta al país.
por Claudia Zazzali C. / fotografía Maximiliano Troncoso C.
Es fanático de la tecnología. Investiga cada aplicación que aparece en el mercado con el mismo entusiasmo que un niño prueba un juguete nuevo. “Dedico parte de mi tiempo libre a descubrir las novedades en el mercado de los dispositivos electrónicos, soy un fans de los avances de la informática”, declara con los ojos brillantes Edgar Basto, presidente de Minera Escondida.
Su oficina es cálida y tiene su sello personal. En su escritorio, entre carpetas y papeles, aparece una edición de lujo de El arte de la guerra, de SunTzu, un libro escrito hace dos mil años que aún nos entrega lecciones sobre el significado de ser un buen estratega; sin duda, una de las características fundamentales para estar al frente de a una de las compañías más importantes del país.
En diciembre, Edgar Basto cumplirá veinticinco años trabajando en la industria minera, siempre en BHP Billiton, empresa a la que ingresó en su natal Colombia, cuando era un recién egresado ingeniero civil metalurgista.
En estos tiempos de tanta movilidad ¿qué te ha motivado a permanecer en esta compañía?
Una de las cosas que más me ha apasionado de estar en esta industria por todo este tiempo es, precisamente, que BHP Billiton tiene sus valores claramente definidos. Sabemos cómo queremos hacer las cosas y hacia dónde queremos ir. Cuando alguien asume la responsabilidad de liderar un proyecto, también sabe que está en sus manos influenciar positivamente el desarrollo de la región, de la gente.
¿Cómo ha evolucionado tu paso por BHP?
Yo empecé a crecer en la organización en diferentes posiciones. Estuve en Colombia en áreas operativas por muchos años. Después estuve en Holanda, donde fui a desarrollarme como profesional, y volví a Colombia. Estuve en Perú como presidente de un activo de cobre más pequeño que es Tintaya, luego pasé por Australia donde pude entender cómo opera la corporación en términos de la relación entre la empresa y los accionistas, hasta que aterricé en Chile. Hace un poco más de cuatro años que estoy en Minera Escondida.
¿Sientes que este crecimiento se debe a la capacidad de visualizar oportunidades?
Nuestra compañía tiene un programa de desarrollo de talentos. De hecho, en estos momentos en Minera Escondida estamos trabajando con los futuros líderes que queremos potenciar en nuestras operaciones. Yo fui afortunado en esa época, porque no había muchos sudamericanos líderes en minería y hoy en día quisiera replicar esa oportunidad que se me brindó, logrando que las posiciones claves sean manejadas, básicamente, por chilenos.
¿Este es un cambio de mirada desde la industria o finalmente las universidades chilenas entendieron que sus profesionales deben adaptarse a necesidades específicas?
Yo creo que es en ambas direcciones. El profesional chileno tiene muchas fortalezas, sobre todo desde el
punto de vista técnico. Hoy en día debemos trabajar más lo que se conoce como habilidades blandas, es decir, el liderazgo, la mirada estratégica. Los chilenos tienen un gran empuje para hacer las cosas, tienen ese conocimiento técnico y, sobre todo, la experiencia. Además tienen una capacidad de resiliencia enorme y esa característica es muy importante en una industria donde constantemente hay que resolver problemas. Creo que esa capacidad sumada al trabajo en conjunto con la universidad y a un entorno propicio, es la fórmula del éxito para el futuro.
¿Qué habilidades blandas consideras más importantes?
Creo que la más importante es la capacidad de motivar. Los seres humanos dependemos de sentir que nuestro trabajo tiene un sentido y eso, sin duda, es recíproco. En la medida en que un líder conozca a su gente y sea capaz de entender sus necesidades, será capaz de hablarle con el lenguaje apropiado e influenciar positivamente su desempeño. Cuando los equipos saben claramente sus objetivos, le dan valor a sus actividades diarias y si tú les das herramientas empiezas a tener resultados.
En ese sentido ¿cuál es el principal obstáculo del crecimiento de los equipos?
El miedo de equivocarse. En el proceso de aprender los errores son permitidos y hasta necesarios. Un líder debe ser capaz de ayudar a su equipo a recuperarse cuando algo ocurre y, además, asumir la propia responsabilidad, pues en cada momento el feedback es necesario, que tu gente sepa si va por buen o mal camino según el objetivo común.
Pero no es fácil decirle al jefe “me equivoqué”, porque no todos piensan igual…
Creo que todo depende de la cultura organizacional. En nuestra carta de valores, el proceso de aprendizaje es importante. Yo como líder tengo que entender que no puedo pretender estar todo el tiempo dando instrucciones. Tengo que guiar preguntando y aceptar que si la persona se equivoca, está aprendiendo. Sé que no es fácil, pero creo que es la diferencia que, como compañía, queremos marcar en la industria minera. Queremos cambiar paradigmas y el primero es creer que tenemos todas las respuestas. Estamos cambiando la mirada y en vez de decir “mire, quiero que usted haga esto así y asá”, lo que decimos es “tengo un problema y necesito solucionarlo”. Quizás la otra persona, sea un colega o un colaborado, tiene una idea mejor que la mía.
Pero hay temas en los que no hay mucho espacio para probar, como la seguridad…
Por supuesto, pero fíjate que si las personas comprendieran que trabajar seguros es en directo beneficio de todos quienes pertenecemos, también asumirían una actitud proactiva. Este es un tema que afecta desde el trabajador de una empresa colaboradora, hasta las autoridades y los líderes del más alto rango, quienes debemos proveer de las condiciones apropiadas desde todo punto de vista, tanto de procedimientos, infraestructura y procesos de control que impidan que las personas se accidenten. Como humanos estamos expuestos todo el tiempo y por eso es fundamental que tengamos presente que un accidente es una mezcla entre actos inseguros y condiciones sub estándar. Es por ello que tenemos que darle a la gente las herramientas, la ingeniería adecuada, tenemos que poner barreras de control para evitar accidentes. Es lo que se conoce como ingeniería del riesgo, que va mucho más allá del análisis del comportamiento que es apenas un factor en todo el universo que implica la seguridad.
AUTO COACHING
Cuando el camino se pone cuesta arriba, Edgar Basto busca la motivación dentro de su propia gente. “Ver felices a quienes me rodean es una inyección de energía. Me alegran los pequeños grandes logros cotidianos y me dan el empuje que necesito para ayudarle a mi equipo a ser exitoso. Es un desafío estar siempre alertas para hacer las preguntas correctas, entregar las herramientas adecuadas”, destaca.
¿Y hay mañanas en las que preferirías estar en el Caribe?
A veces uno se levanta con ganas de estar en la playa, sobretodo yo, que nací en esos paisajes. Pero existen ejemplos de fortaleza que me impulsan, como la señora que limpia y ordena mi oficina, que siempre está feliz y muy segura de la importancia de su trabajo. O el operador que me contó que su hijo se graduó o aquel que me invitó a la titulación de su hijo como médico. Esas historias me llenan el alma y son sus protagonistas quienes me han dado las mejores lecciones.
Estar siempre disponible para el trabajo debe ser un poco agotador para la familia… ¿también te reclaman por más tiempo?
Ese es uno de los temas más complicados de este tipo de trabajos, porque estamos constantemente conectados a la organización. Hay que dar respuestas, informar si hay un problema, estar al tanto de todo, todo el tiempo. Por eso cada vez que comparto con mi familia, me concentro en ellos, trato de estar involucrado en cada etapa de su crecimiento. Mi hijo mayor, Edgar, está estudiando en Chicago y cada vez que lo vemos lo aprovechamos al máximo. Luis está terminando el colegio y Diego tiene catorce años y está estudiando. Mi mujer, María Luisa, es un pilar fundamental en nuestras vidas.
Es una tarea difícil estar casado con un minero o una minera…
Yo sé y por eso agradezco a María Luisa toda su dedicación a nuestros hijos. Para el que está lejos también es complejo. Perderse el día a día, muchas veces no tener tiempo para conversar largo y tendido y preguntar “¿cómo estás?”.
También debes extrañar cosas de tu país ¿no?
Vengo de Bucaramanga, una zona en Colombia que es bastante alegre y quizás extraño esa
comidas ¡las extraño todas! Bueno, ese es mi punto débil en el que estoy trabajando, aunque bajar de peso es una meta difícil de lograr, sobre todo porque me encantan las comidas de acá. Me encanta el pescado en todas sus formas, el congrio, la reineta, el salmón.
¿Y de Colombia?
Lo que más extraño son los platos de mamá. Me gustan las sopas, que es algo muy característico de la zona donde nací, y por eso cuando viajo a mi país voy a un sitio que se llama La Sopa de la Abuela, donde tienen esas recetas que me trasladan a la infancia.
¿Qué lecciones de tu niñez aplicas hasta hoy?
Yo estudié en un colegio salesiano y no tenía plata para ir a la universidad. Un cura me dijo “usted es un muchacho inteligente, a qué se va a quedar acá”. Hasta ese minuto mi plan era trabajar con mi bicicleta en cualquier parte, viviendo la vida. Yo vendía lotería para ayudar en la casa cuando mi padre murió. Tenía quince años y tuve que madurar de golpe porque soy el único hijo y tenía que acompañar a mi mamá. Todo esto me ayudó a entender el valor de la responsabilidad, la integridad y la humildad. Vengo de una familia que no tenía nada material y conozco lo que significa el sacrificio y el esfuerzo. Eso cada día me acompaña en el tipo de liderazgo que quiero proponer a mi equipo.
¿Fue muy complejo separarte de tu mamá?
Por un lado, mi mamá quería que me quedara con ella, pero obviamente ambos sabíamos que lo mejor para el futuro era que me fuera a la capital a estudiar. El pueblo donde yo vivía era un pueblo de cuarenta mil habitantes donde no había universidades y aunque en apariencia existían muchos obstáculos, soy un convencido de que no existen límites. Si uno tiene las capacidades y la inteligencia, es cosa de decir “cómo lo hago para hacer de esto lo mejor”.
¿Sientes que la motivación que te dio ese profesor fue importante?
Fundamental. Por eso constantemente trato de motivar a otros a ser mejores personas, mejores profesionales. Creo que nada se da sin esfuerzo y que el éxito es una combinación de esfuerzo más oportunidad. Cuando entré a la compañía hablaba cero inglés. Estaba en mi proceso de práctica y a los veintidós años que tenía, quería aprender todo. Me ofrecieron la oportunidad de irme a Holanda, pero tenía seis meses para hablar inglés básico. Sin pensarlo, lo hice. Yo no vengo de
familia acomodada, no estudié en colegio bilingüe. Creo que ese es mi secreto desde el inicio. Siempre confío en que puedo superar mis propios límites.
“Los chilenos tienen una capacidad de resiliencia enorme y esa característica es muy importante en una industria donde constantemente hay que resolver problemas. Creo que esa capacidad sumada al trabajo en conjunto con la universidad y a un entorno propicio, es la fórmula del éxito para el futuro”.