En 2007, participó en un nacional en la categoría Sub 16 y se transformó en vice campeona de Chile, por lo cual su interés ya no era el de una actividad recreativa, sino que claramente el de una deportista de elite con destacada presencia en panamericanos y sudamericanos.
Cuando terminé el periodo escolar, me planteé que este era el deporte que estaba buscando, en el que me quería desenvolver. Por eso busqué un club de ajedrez, compré libros y me entrené con Mesías Rabin, quien es el campeón de la ciudad y hoy es mi pareja. Me entrené harto y seguí avanzando.
Comprendí que ser vice campeona de Chile significaba otro desafío. Había entrado a un mundo competitivo, donde ya me conocían y se iban a preparar para ganarme. Entonces, debo superarme constantemente.
LIDERAZGO
Al terminar el colegio, la ajedrecista debió decidir cómo mover las piezas de su próxima jugada. Las opciones eran seguir cosechando logros en el ajedrez o responder a la serie de becas deportivas que le ofrecían distintas universidades; su decisión, finalmente, fue su carrera deportiva. Luego optó por la carrera de pedagogía, estudios que congeló por las nuevas oportunidades que le abrió la disciplina, como transformarse en monitora de ajedrez, experiencia que le valió para liderar el gran desafío de “Niña Inteligente”, que se desarrolla en la Biblioteca Regional de Antofagasta.
¿Cómo se genera esta opción de liderar el proyecto Smart Girl?
Este año me contactó la Federación Mundial de Ajedrez para desarrollar el proyecto Smart girl, que busca atraer a la mujer a esta disciplina, que pese a practicarse por más de mil años, solo en la década del cincuenta tiene su primera maestra en América, lo que muestra que estamos en pañales, porque la presencia del hombre cuadriplica a la femenina. Por esto, el programa busca atraer a más mujeres a jugar y se enfoca en niñas de cinco hasta los dieciocho años, que se dividen en dos grupos. Todo para derribar ese estigma de que somos menos inteligentes e incapaces de tomar decisiones. En este deporte siempre existen opciones y eso es lo que más me gusta: siempre tienes que elegir una jugada, lo que en definitiva ayuda mucho en la vida cotidiana, pensar rápido, asumir las consecuencias buenas o malas y planificar.
¿Qué sientes al liderar este proyecto?
Este proyecto debía estar liderado por una ajedrecista y buscaban ciertas características, como tener logros y cierta experiencia con niños y yo enseño desde hace cuatro años. En realidad, ser una líder, un ejemplo a seguir que les muestre a las niñas que sí se puede desarrollar esta disciplina, que no se trata de un experimento. A ellas les doy mi ejemplo, que no empecé siendo buena, que tuve que esforzarme, que se puede alcanzar logros, que conocí muchos países jugando ajedrez y que se puede practicar como deporte.
¿Este nuevo desafío amplía tus horizontes en el ajedrez?
Sí, ya con este proyecto han nacido nuevas ideas. Es algo que uno no se imagina, ver que niñas que tomaban el ajedrez como algo recreativo y que hoy les está cambiando la visión, es algo que motiva mucho. Ya salimos a competir y nos fue bien en un torneo. El grupo infantil obtuvo medalla, las grandes también; eso las tiene súper entusiasmadas y las impulsa a seguir adelante.
¿Y cuáles son tus desafíos ahora que ya lideras equipos?
Nunca me he querido estancar en la práctica, mi objetivo es seguir jugando y progresar, porque veo que las niñas van a tener un modelo en mí y van a querer superarme. Tengo alumnas que me dicen que quieren ganarme y es bueno que te quieran superar, que te vean como ejemplo. Y mi meta con las niñas es que salgan a jugar afuera, que tengan logros y que participen en campeonatos y que mi experiencia ojalá ellas también la conozcan. Tenemos buenas jugadoras, hay niñas que son talentosas, pero a veces faltan los recursos para movilizarse en los torneos. Y ese es mi desafío, conseguir recursos para que las niñas participen fuera de la ciudad y, ojalá, del país.
¿Sientes que tu vida se ha transformado en un juego de ajedrez?
Sí, ahora que llevo más años en esto veo la vida como si estuviera jugando una partida. No creo en el destino, porque en el ajedrez no existe la suerte ni el azar; si perdiste la partida fue porque cometiste un error y para progresar en esta disciplina hay que aprender de una mala jugada. El progreso se logra cuando eres capaz de ver tus errores, corregirlos y no repetirlos. A eso me he acostumbrado en este deporte, a avanzar, a llevar adelante mis metas, a analizar las posibilidades y escoger la mejor. Eso es algo que definitivamente me ha dado el ajedrez.