Para lograr ese anhelado aprendizaje hay diversos métodos de enseñanza y han existido desde siempre. Para el director pedagógico de Eduinnova, Hugo Martínez, “estos son en términos simples, la sistematización de una propuesta didáctica, que mezcla efectivamente recursos de aprendizaje —material concreto, guías de trabajo y hojas de ejercicio— con experiencias de aprendizaje que se definen en un plan instruccional secuenciado explícitamente”.
Para Martínez, si bien estos métodos permiten organizar eficazmente el tiempo de clases en función de objetivos precisos y consistentes con las habilidades que se espera generar, su eficacia no es siempre factible de comprobar. “Esto se debe a que cualquier resultado en educación es consecuencia de diversos factores y variables. Asignar a un método específico el nivel de logro de determinados objetivos de aprendizajes, es reducir e intentar simplificar los procesos que permiten a un grupo de estudiantes lograr aprendizajes”.
Teniendo en cuenta lo anterior, no podemos desconocer que hay métodos que han resultado más exitosos que otros, y cuyos alumnos alcanzan mejores resultados en pruebas de rendimiento internacional, como PISA y TIMMS. Uno de esos métodos es Singapur, ampliamente difundido en Chile, y cuyos alcances serán debatidos este próximo 4 y 5 de julio en el Hotel Marriott de Santiago, cuando catedráticos chilenos y asiáticos conversen sobre el “secreto” del milagro de Singapur, que saltó a los primeros lugares estandarizados luego de haber intencionado sus políticas públicas hacia el desarrollo del pensamiento de sus estudiantes.
SINGAPUR EN CHILE
Fue a fines del 2007 que la empresa SBS importó el método Singapur a nuestro país. En ese momento, tres colegios se sumaron a la propuesta y fueron pioneros en evidenciar las ventajas que el método tendría para sus alumnos. Hoy son más de ochocientos los colegios que trabajan con los textos de Marshall Cavendish Institute Singapur (MCI) y más de quinientos profesores, de cincuenta colegios, que han recibido capacitación.
“Trabajamos con los profesores dándoles menos teoría y más práctica efectiva del método, enseñándoles a creer en sus alumnos y a detectar con más claridad cómo ayudarlos oportunamente. Deben saber que las matemáticas no se aprenden en silencio, sino que debe ser una experiencia lúdica, donde se discuta y estimule el desarrollo del pensamiento en vez de la memorización de las fórmulas”, cuenta Claudia Castillo, coordinadora académica de SBS Capacitación.
En regiones, colegios como el Adventista de Iquique, de Arica, de Copiapó y de Antofagasta, además del colegio San Francisco de Cunco Chico de Padre las Casas, la Escuela Coeducacional nº1 de El Salvador, el Colegio Chañarales de Antofagasta, el Craighouse School en Santiago y el Thomas Jefferson de Concepción y las Escuela Palestina de La Calera, son algunos de los que ya han implementado el método.
En términos sencillos, el método Singapur se basa en la resolución de problemas apoyándose para ello en material concreto y mucha ejercitación. Esta sistematización permite generar una organización matemática articuladamente, relacionando cada uno de los temas con mucho sentido y significado para los niños. Los más pequeños pasan del material concreto, que les permite ir construyendo, a la abstracción matemática. Esta ruta del aprendizaje de Singapur- CPA (concreto-pictórico-abstracto) es lo que el Mineduc llama COPISI (concreto-pictórico-simbólico) y que ya está incorporado en las bases curriculares de matemáticas. Singapur trabaja menos contenido que el currículo chileno, pero en mayor profundidad, avalado por resultados de investigaciones de más de veinte años alrededor del mundo.
Resulta clave en la implementación del método la triangulación que debe hacerse con las familias. Nosotros, los padres, aprendimos matemáticas usando álgebra, memorizando fórmulas y sin capacidad real de “ver” un problema. Nuestros hijos hoy son enfrentados a problemas relativamente complejos que pueden ser resueltos con solo algunos dibujos y sin escribir fórmulas o números. Paulatinamente, ellos irán resolviendo esos problemas usando la operatoria.
“A los padres les cuesta ayudar en casa si no conocen cómo funciona el método; por este motivo, los colegios deben ofrecer talleres e involucrarlos en esta experiencia de aprendizaje. Pronto lanzaremos una aplicación web que permitirá a los papás apoyar a sus hijos e ir aprendiendo con ellos”, asegura Claudia Castillo de SBS.
EL SILABARIO DE OJO
Pero no solo Singapur ha resultado ser un éxito en nuestro país. Hay una metodología que nos acompaña desde fines del siglo XIX y que se ocupa hasta el día de hoy en las escuelas de la Sociedad de Instrucción Primaria: el método Matte, más recordado como el “Silabario del Ojo”.
No se sabe claramente cuántas son las escuelas que hoy en día implementan el método Matte, sí está claro que se utiliza en todo tipo de establecimientos. Son cerca de sesenta mil niños los que aprenden a leer y escribir con este método, combinándolo con las formas tradicionales que se sugieren en las bases curriculares de lenguaje. “Se ha usado hace más de ciento cincuenta años, con un gran éxito pedagógico, y es el método de enseñanza de la lectoescritura más usado en Chile, con una permanente modernización en su aplicación”, comenta María Jesús Honorato, ex coordinadora de currículo del Ministerio de Educación, hoy directora académica de Aptus Chile.
El método Matte fue creado por el chileno Claudio Matte, quien estudió leyes en nuestro país y luego se trasladó a Alemania a estudiar pedagogía y metodología de la enseñanza. Creador del Silabario Matte, ya en el año 1888 el texto era usado en todas las escuelas públicas de nuestro país y seis años después declarado texto oficial de la enseñanza.
Técnicamente se trata de un método fonético, analítico-sintético. El sonido de las letras se aprende asociado a un símbolo escrito (fonético) y el procedimiento busca descomponer las palabras primero en sílabas y luego en letras (análisis), para luego reunirlas nuevamente en sílabas y palabras (síntesis).
“Se trata de una enseñanza graduada y secuenciada que fomenta la lectura fluida y evita el silabeo tradicional de los niños. Propone, asimismo, un aprendizaje simultáneo de la lectura y la escritura, en menor tiempo. Desarrolla, además, las facultades de observación e inteligencia, donde cada lección representa una unidad con sentido concreto y trata un sonido nuevo, reforzando el anterior. Logra, también, la correcta pronunciación, calidad en la escritura y buena ortografía”, explica María Jesús Honorato.
El gran obstáculo que enfrenta este método, y en general, cualquier otro método educativo, dice relación con el desconocimiento de la estrategia por parte de los docentes, incluso de los planes y programas oficiales, lo que dificulta la transmisión de los aprendizajes a los niños.
Para Hugo Martínez, de Eduinnova, un buen método ayudará a nivelar y organizar aprendizajes, pero no será suficiente para sostener capacidades más complejas. Los estudiantes fuera de los modelos estandarizados, que hemos mencionado, podrán aplicar sus conocimientos en otros contextos o desarrollar sus talentos singulares a los ritmos y estilos de aprendizaje que les resulten más adecuados.
“En pleno siglo XXI nos debiera importar desarrollar estrategias de aprendizaje que generen autonomía, capacidad crítica y analítica de nuestros estudiantes. En plena era de la oferta amplia y diversa de contenidos, es altamente probable que al momento que un estudiante lo requiera, encuentre más de un método posible para desarrollar una habilidad o adquirir un conocimiento específico. La escuela ya no tiene el monopolio del aprendizaje, pues este está disponible fuera del aula también”, concluye Martínez.