Conocido por ser el escultor de tremendas obras como La Familia Minera, El Bombero o El Minero, que se sitúan dentro de la región, este hombre reconoce que lo que más le gusta es dibujar. Y aunque quizás poca gente lo sepa, Ruz, con más de cuarenta años de trayectoria, ha ilustrado cerca de cincuenta libros, y tiene cientos de dibujos que hace con carboncillo o lápiz a mina y luego pinta con acuarela: imágenes del campo, retratos, paisajes y jeroglíficos que alguna vez vio en Egipto o en Isla de Pascua.
¿Cómo empezó el camino?
Se llamó a concurso para trabajar en el Teniente como “dibujante artístico”, pues necesitaban a alguien que les ilustrara los libros. De cincuenta que se presentaron, yo quedé tercero. Pero el primero no quiso la pega, el segundo era muy mayor, así que tuve la suerte de quedar.
¿Y esto sin haber estudiado nada al respecto?
Sí, claro. Me dijeron que tenía que perfeccionarme un poco, porque mi dibujo era “muy indeciso”. Así que hice un curso, como alumno libre, en el Museo de Bellas Artes, con Sergio Montecinos e Israel Roa. Grandes pintores, ambos Premios Nacionales de Arte. Asistí una vez por semana, durante cinco años. También hice un curso de caricatura con el maestro Percy Eaglehurst y de fotografía con Bob Borovich. Pero nunca tuve la ambición de vivir de esto. No me gusta cobrar, me complica eso hasta el día de hoy…
EXPLORACIÓN
En lo profundo de Machalí vive Germán Ruz. En un pequeño condominio de casas de cuento. Todo el día mantiene la puerta principal abierta, así entra el viento de otoño, y se siente más acompañado. Vive solo en este lugar hace cuatro meses. Sus pinturas y esculturas inundan el espacio, pero todo está muy ordenado. Transformó una de las habitaciones en su taller, donde pinta y da rienda suelta a sus recuerdos, recuerdos que imprime en ilustraciones dibujadas en cartones, papeles e, incluso, géneros.
¿Cómo llegaste a ser escultor?
Es que siempre estaba explorando nuevas cosas. Y a veces me pedían en el trabajo hacer un rostro en greda, y yo lo hacía. Igualmente tomé clases con los renombrados artistas Francisco Gacitúa y Carlos Vásquez.
¿Siempre para El teniente?
Estuve ahí once años, pero paralelamente pintaba y hacía mis cosas. Una vez tuve que hacer un dinosaurio de treinta y tres metros de alto, para la Fiesta de la Primavera que se celebraba en el estadio de la empresa. Todavía hay gente que se acuerda de esa escultura gigante, para la que tuve que usar una grúa enorme…(se ríe).
¿Tus obras más importantes?
Las esculturas: El Minero, que está en la Alameda, mide dos metros sesenta de alto y pesa más de ocho mil kilos; está hecho de acero fundido, lo pueden rayar, pero nunca lo podrán romper. El Bombero, que está frente al cementerio uno, también es de fierro fundido y pesa cinco mil quinientos kilos. Y La Familia Minera que está camino a Coya por la Carretera del Cobre. Es de cemento armado, tiene dieciocho metros de ancho, siete de alto y treinta y tres de punta a punta, y está empotrada en un monte, desde donde pareciera surgir, porque se pulió para que se integrara a la tierra amarilla de la cordillera.
EL DESAHUCIO
Ganador de varios FONDART, su primera exposición la realizó por los años sesenta. Recuerda una que hizo junto a sus maestros del Bellas Artes en Quito y Guayaquil, Ecuador, donde mostró alguno de sus dibujos. Otra en donde exhibió sus acuarelas de forma individual en San Juan, Puerto Rico, en Isla de Pascua, en Porto Alegre, Brasil. Además de muchísimas muestras en todo Chile, privilegiando Rancagua, Viña del Mar, donde vivió por doce años, e Isla de Pascua, donde estuvo un año.
¿Por qué a Isla de Pascua?
Porque me separé y me fui. Siempre me gustó. Era un sueño. De hecho, tengo muchas pinturas que son petroglifos que vi allá. Me casé dos veces, tengo cuatro hijos, ocho nietos y dos bisnietas.
¿Por qué te fuiste a Viña?
Porque me separé por segunda vez. Yo no peleo, tomo mi escobilla de dientes, mis pinceles y me voy. Tengo una hija que me ofreció un departamento que tenía en Reñaca. Allá estuve doce años. Hice exposiciones colectivas, la más grande fue en el Congreso.
¿Cuándo te enfermaste?
El 2009, cuando estaba terminando la escultura El Bombero para Rancagua. Vivía en Viña.
¿Qué tuviste?
Me empecé a sentir mal. Muy solo. Me faltaba la conversa. Entonces fui al médico. Aún no tengo el diagnóstico de mi enfermedad, pero lo que me empezó a pasar es que me despellejaba entero, se me atrofiaron los músculos, dibujaba pero no sentía el lápiz, llegué a estar en silla de ruedas, pues no podía caminar… Me hicieron cuantos exámenes pudieron. Era algo parecido a la soriasis. Estuve en todas las clínicas de Viña y Santiago. Finalmente dijeron que podía ser pitiriasis, pero nada seguro.
¿Por qué te desahuciaron?
Estaba pesando cincuenta y un kilos, y me diagnosticaron demencia senil. Me dieron seis meses de vida.
Entonces te trajeron a Rancagua…
Sí, mi hijo me trasladó a su casa aquí en Machalí, porque los médicos seguían experimentando conmigo y querían hacerme una punción no sé dónde, en fin... Y no sé cómo, ni cuándo, ni por qué, empecé a sentirme mejor, aprendí a caminar nuevamente y en cuatro meses estaba de pie. Entonces me independicé y me vine a vivir solo. Llevo aquí otros cuatro meses, y rearmé mi taller.
¿Qué dicen los médicos?
No saben qué decir. Todavía estoy medicado, pero en plena recuperación.
¿Cómo te sientes ahora?
Siento que me dieron un “sobre tiempo”. Así que ahora estoy dedicado a pintar aquí tranquilo, para recuperarme del todo y estoy planificando una exposición con la Municipalidad de Machalí. Necesito devolverle la mano a la gente de mi región, mostrando todos los dibujos que tengo de esta.
EL ARTE
¿Ha sido un camino difícil?
Muy difícil. Pero debo decir que nunca me faltó el trabajo. Creo que siempre tuve la facultad de perseverar en proponer distintos trabajos.
¿Cómo definirías tu pintura?
Realista.
¿Un dibujante?
Toulouse Lautrec.
¿Un pintor?
Gauguin
¿Escultor?
Francisco Gacitúa, fue mi profesor.
¿El sueño de tu vida?
Lo cumplí y fue ir a Egipto. Una de mis hijas me llevó. Siempre tuve fascinación por ese país, no sé por qué. Y aunque estaba convaleciente, hice miles de bosquejos que también quiero mostrar.
¿Objetivo?
Ahora mi objetivo es recuperarme para disfrutar dibujando esta segunda oportunidad que me dio la vida.