A un día de subirse al avión rumbo a Malasia, nos espera una mañana de otoño Matías Vial (29) en el Club de Polo de Santiago. Antes de partir debe coordinar con su petisero todo lo relativo a sus montas. Lo buscamos en medio de caballerizas donde el olor a orina de caballo mezclado con fardos de pasto y el cuero de monturas y accesorios es característico. Un lugar dominado aún por los hombres donde se respira testosterona y fuerza bruta.
Matías prácticamente nació entre caballos, pues su padre, su abuelo y su bisabuelo eran fanáticos del polo “Mi pasión por este deporte viene desde que soy muy chico, la relación con los caballos partió desde que tengo uso de razón. A los ocho años acompañaba a mi papá a jugar y me subía a sus caballos, se los desprendía (calentarlos antes de entrar a la cancha) antes de que él los montara o me ponía a taquear cuando el partido terminaba. Ahora mis hermanos y yo somos los encargados de seguir con esta tradición”, aclara.
Matías es alto y maceteado, mide casi un metro noventa de estatura; mientras conversamos es casi inevitable imaginarlo corriendo a fondo sobre una espectacular monta en impecables pastos verdes. Es que Matías Vial es un referente del polo nacional. Si bien Chile no se caracteriza por ser un país que aporte al circuito internacional grandes cantidades de buenos poleros, sí aporta unos pocos de gran nivel y Matías es uno de ellos. Se dedica profesionalmente a este deporte y solo pasa tres meses del año en Chile. “Mi circuito cada año es diferente, por ejemplo, este año fui en enero a China, en febrero y marzo a Pakistán, en abril y mayo estuve acá en Chile, ahora en junio parto a Malasia, en julio y agosto a Estados Unidos, en septiembre, octubre y noviembre estaré en Argentina y luego en diciembre vuelvo a jugar la temporada a Chile.”
EL POLO ES UN DEPORTE CARO
Matías es 6 goles de hándicap. El chileno que más alto ha llegado en el ranking mundial es Gabriel Donoso, quien alcanzó a ser 9 goles de hándicap y falleció trágicamente jugando polo en Argentina en 2006. A los buenos poleros, competitivos a nivel internacional, profesionales, se les paga por jugar. “Patrones” se les llama a las personas (generalmente hombres adinerados) que contratan a los jugadores para defender a sus equipos en en temporadas de polo que se llevan a cavo en diferentes partes del mundo. “Hace cuatro años que egresé de ingeniería comercial en la Universidad Andrés Bello y desde entonces me dedico ciento por ciento al polo. Por lo general, no paso más de tres meses al año acá, el resto viajo por diferentes partes, dependiendo dónde me inviten a jugar”, explica.
¿Por qué el polo, a nivel competitivo, es un deporte tan caro?
Es un deporte muy caro porque en un solo partido necesitas entre cuatro y cinco buenos caballos, a los que hay que mantener en las mejores condiciones. Como todo deporte ecuestre se requiere de buenos caballos para jugar a un nivel competitivo, por lo tanto, mientras más bueno es un animal obviamente más caro es. La mantención de los caballos también es un ítem caro (veterinarios especialistas y buena calidad de fardos, entre otros). Se requiere, además, tener un muy buen petisero, quien se encarga del cuidado de los caballos y de su entrenamiento. Si éstos no están bien entrenados, vienen las lesiones, las cuales encarecen aún más la cuenta final. El equipamiento de cada jugador es otro ítem que suma: buenas monturas, buenas riendas, buenas vendas.
En Chile, el circuito del polo es reducido, y hay cierto “glamur” que envuelve al deporte, ¿eso pasa también en otras partes?
Puede ser que para muchos en Chile el polo sea considerado glamoroso, pero yo lo veo como mi deporte, mi vida, mi trabajo, entonces se me hace difícil mirarlo de esa manera. Puede influir a que algunos lo vean así, por el ejemplo que tenemos de Inglaterra, en donde la gente se viste con sombreros y saca la mejor tenida para los partidos. Además, el hecho de que algunos campeonatos sean presenciados y premiados por la reina Isabel le da un toque más glamoroso.
¿Con cuáles jugadores famosos te ha tocado jugar?
Cuando chico me tocó jugar varias veces con Gabriel Donoso, el mejor jugador chileno de la historia. También me ha tocado jugar con Pablo Mac Donough (10hcp), Nachi Heguy (9hcp), Eduardo Novillo Astrada (9hcp). Estos tres últimos, ganadores del Abierto Argentino de Polo.
ADRENALINA AL TOPE
Más allá del glamur y la estética que envuelve este deporte, el polo es una práctica de alta exigencia física. Además de la destreza que requiere el dominio del caballo, no hay que olvidar que para anotar un gol el jinete debe galopar a máxima velocidad sobre su monta y dominar, a su vez, con la mano derecha el taco de polo, que es de madera, herramienta con la cual se golpea la pelota y se mete el gol.
La lista de jugadores que han quedado gravemente lesionados y que, lamentablemente, han perdido la vida en las canchas no es pequeña. “Sé que es un deporte peligroso, por lo mismo hay que tomárselo de manera muy profesional, tratando de jugar de la forma más correcta posible y así evitar todo tipo de accidentes. Hace ocho años murió Gabriel Donoso en una práctica. Fue un gran ejemplo como persona y como jugador, una enorme pérdida para el polo nacional; y este año murió el mexicano Carlos Gracida, quien llegó a los 10 goles de hándicap”.
¿Qué es lo que más te cuesta de este deporte?
Lo que más me cuesta es mantener el físico. Es un deporte en el que se necesita siempre estar liviano y vengo de una familia donde somos todos muy grandes y nos encantan los asados. Además de montar casi todos los días, y de jugar polo competitivo todo el año, troto y voy al gimnasio.
¿Y lo que más te gusta?
La adrenalina que tiene este deporte. Estar arriba de un caballo a fondo, y no solo preocuparse de dominarlo, sino además de pegarle a la pelota y meter goles. Aparte me encantan los caballos, ir a las caballerizas a verlos, y la relación que se crea con el petisero, que es muy importante.
¿Has pensado qué harás el día que te retires del polo profesional?
Me gustaría tener organizada una cría de caballos, y así seguir haciendo negocios relacionados con el mundo del polo; pero aún me queda para rato. Si te mantienes vigente en el polo competitivo, con buen estado físico, se puede jugar hasta los cuarenta y cinco años, más o menos. Hoy día hay jugadores de esa edad que hacen un buen papel en las temporadas en Argentina, las más competitivas del mundo.