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Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2014

Profunda complicidad

Jael Thomas, instructor de equitación y equinoterapia
Profunda complicidad
Su primer caballo se lo regaló su padre a los dieciocho años. Desde entonces, su pasión por estos animales ha ido en aumento. Tanto es así, que hoy cuenta con su propia escuela de equitación. En este mágico lugar no solo forma jinetes, sino además, devuelve la maravillosa esperanza de la rehabilitación.

por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.

Distante a dieciocho kilómetros de La Serena, por la ruta cuarenta y uno que conduce a Vicuña, se encuentra el pueblo El Rosario. La primera indicación es, desde este punto, doblar a la derecha, continuar por una ruta en forma de “s”, y luego seguir un camino de tierra que lleva hasta la Escuela de Equitación Elqui. Acá nos espera su dueño, Jael Thomas, un hombre imponente, de origen francés, y aunque declina en decir su edad, afirma que tiene la experiencia necesaria para montar caballos, formar en la disciplina, contribuir a la recuperación y dejar un legado en la región.
 
Es cerca del mediodía y el astro rey lo acompaña en una de sus clases de equitación. Sobre la pista polvorienta, cuatro jóvenes doman a Ivanhoe, Brigadier, Furtivo y Dalí. Son caballos alemanes, ingleses y chilenos, todos de buen porte, fornidos y de una belleza admirable.
 
En este lugar transcurre su vida, entre sus animales, sus alumnos y la naturaleza. Fue jurista, empresario y actualmente profesor de equitación. Ama lo que hace y eso lo refleja en todo momento. De ahí que su mayor recompensa es ver cómo por su recinto ecuestre pasan generaciones de niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres, que logran el equilibrio perfecto entre el cuerpo, la mente y el alma.
 
¿Cómo nace su gusto por los caballos?
Mi abuelo paterno era criador de equinos de lujo en Francia, así que algo recibí de él. Luego, mi primer caballo me lo compró mi padre a los dieciocho años, se llamaba Fetich. Yo creo que de ahí partió todo. Mi primera escuela de equitación la formé en Francia.
 
¿Qué representan para usted los caballos?
Una pasión. Es gratificante formar a niños y jóvenes, acercarlos al animal, ver cómo vencen sus miedos y, luego, se transforman en jinetes. Es gratificante palpar cómo llegan a amarlos.
 
¿Cuándo arriba a Chile?
Hace veinticinco años. Empecé en el sur, específicamente en Coyhaique. He sido profesor de equitación por gusto, no por profesión. A donde iba, mis amigos me pedían que armara un club. Luego me vine a La Serena.
 
¿Por qué a esta zona?
Porque acá no había un lugar ni una persona que enseñara la disciplina. Me parecía insólito y detecté una oportunidad.
 
¿Cómo funciona la escuela?
Yo mismo soy profesor, pero también cuento con un ayudante que está conmigo desde que partí acá. Él se encarga de los debutantes (novatos). Trabajamos todos los días, menos los lunes.
 
¿De qué raza son los caballos?
Todos son muy buenos ejemplares. Hay ponis, caballos chilenos para los niños, alemanes e ingleses, aunque estos últimos no son los mejores para domar, porque son un poco nerviosos. En cambio, los alemanes son más grandes, más fuertes, pero de temperamento mucho más frío y tranquilo.
 
TERAPIAS QUE CURAN
 
Jael relata que nunca olvidará a uno de sus alumnos que tenía una enfermedad degenerativa de los músculos. Su familia, tras varios intentos fallidos con médicos y terapeutas, llegó hasta su escuela en búsqueda de una alternativa a la patología, supuestamente irreversible.
 
Para sorpresa de muchos, y al cabo de un tiempo, el niño empezó a mostrar significativos avances. “Recuerdo que un día llegó su madre llorando y me dijo ‘usted hizo un milagro’. Yo le dije: ‘no, el caballo hizo el milagro’. El niño no podía pararse ni menos sentarse. En menos de un año, almorzaba en una silla y se mantenía en el caballo, lo que era impensable al comienzo”, relata Jael.
 
Así, la equitación puede ser, además de una actividad deportiva, una práctica terapéutica, un tratamiento en el que, mediante la utilización de caballos especialmente entrenados, y con la atención de personal idóneo, permite a personas con discapacidades mejorar su calidad de vida y recuperar, en gran medida, las capacidades o habilidades perdidas. Precisamente, de eso se trata la equinoterapia o hipoterapia.
 
¿Qué tipo de enfermedades se pueden sanar a través de la equinoterapia?
Desde personas con discapacidad mental hasta la esfera del autismo o problemas de socialización. Por ejemplo, hemos tenido a niños con síndrome de Down, Asperger, parálisis física y cerebral.
 
¿Se trabaja con todos de igual forma?
No, depende del caso y del niño. No hay reglas, puedes tener a dos alumnos con el mismo síntoma, pero cada uno recibe un trato distinto. Esto es como hacer un traje a la medida.
 
¿Qué efecto tiene el animal en las personas con discapacidad?
La base de la equinoterapia tiene que ver con la musculatura del jinete y con el carácter de las personas. Por su parte, el caballo hace su propia tarea al entregar, de manera inteligente, calor a quien le monta, dado que es capaz de emanar una temperatura de treinta y ocho grados Celsius. Es precisamente ese calor el que activa cerca de trescientos músculos del cuerpo, enviando impulsos desde la cervical hasta la punta de los pies. Son cuarenta y
cinco minutos de relajación. Créame que no
hay ningún aparato en un gimnasio que haga
trabajar tantos músculos de una sola vez.
 
¿Podríamos decir que se genera una valiosa complicidad?
Efectivamente, se genera una relación especial entre el alumno y el animal. El caballo les brinda relajación y tranquilidad, es un trabajo que se hace paso a paso. Acá respiran paz, no hay ruidos, todo es naturaleza. Además, me preocupo que las clases de hipoterapia sean en un horario en el que no haya otros jinetes, para que no se distraigan y así poder dedicarnos completamente a ellos, pues entendemos que merecen un trato distinto, pese a que la terapia se hace con caballos especiales, adiestrados para estos casos.
 
¿Cómo es que la rehabilitación se instala como una alternativa en su recinto?
En Francia esta disciplina tiene sesenta años de existencia, en Chile solo veinte. Cuando llegué a la zona, pedí ayuda a Carabineros de Chile, ellos eran los únicos que atendían esta labor. Fue así como nos transformamos en los segundos a nivel nacional, hace quince años atrás, en impartir la equinoterapia. Ahora se ha masificado y está presente en muchos más lugares.
 
SIN MIEDOS
 
El caballo es un animal grande e imponente y si alguien tiene miedo, lo primero es lograr que monte el caballo sin ningún temor, lo cual puede requerir de varias sesiones. Inclusive se puede comenzar con caballos de pequeña alzada, como los ponis, para luego ir cambiando hasta llegar al más grande.
 
¿Qué rol juega el miedo?
La primera lección siempre es enseñarles a los alumnos que pierdan el miedo al caballo. No puedes montar con miedo. Te puedes obligar a hacerlo en contra de tu propia voluntad, pero si te caes no vuelves más. Acá los niños pierden el equilibrio, se sacuden y se vuelven a subir. Esos son jinetes. No hemos tenido accidentes, sin embargo, siempre hay que ser precavidos.
 
¿Es también un trabajo a nivel emocional?
El deporte, además de regular el tono muscular, aumenta la fuerza, mejora el equilibrio, el sistema cardiovascular y respiratorio. Por otraparte, potencia la autoestima y autoconfianza, incrementa la seguridad y favorece la reducción de temores personales, desarrolla la concentración, la constancia y la responsabilidad, y promueve el amor hacia los animales.
 
¿Una pasión que lo reconforta?
Ver a todas esas jóvenes que vienen, que están contentas y felices me llena el alma. Los papás me dicen que sus hijos no trasnochan porque les toca montar. Son clases difíciles: salto y adiestramiento, para lo cual deben estar bien. Saben que tienen que escoger y la equitación es una disciplina, es un deporte complejo, pero bello.
 
¿Satisfecho de sus logros?
Estoy muy satisfecho de lo que se pudo realizar considerando que era una región hostil, donde no existía tradición ecuestre como en el sur, Antofagasta o Santiago. El futuro de esta escuela será acabar como los clubes de la capital en forma de sociedad ¡No quiero desaparecer y dejar esto botado!

 

 
“Ver a todas esas jóvenes que vienen, que están contentas y felices me llena el alma. Los papás me dicen que sus hijos no trasnochan porque les toca montar”.

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