Tomamos rumbo, nuevamente, hacia la ruta 41, en dirección al este. Bordeamos los pueblos de Peralillo y Diaguitas, y continuamos sin detención por el cruce a Paihuano y el pueblo de Varillar. Pasado el kilómetro 85, en el pueblo de Las Mercedes se observa cómo el valle se va enangostando y los cerros anaranjados hacen contraste con las parras y cañaverales que surgen al costado del río. A pocos kilómetros, luego de Totoralillo, llegamos a nuestro destino final. Un gran letrero nos anuncia que estamos en Chapilca.
Este nombre se ha hecho conocido por sus mujeres. Son ellas quienes a través de un arte familiar y transmitido de generación en generación, se han hecho acreedoras de un valioso aporte a la cultura de esta región. La lana, los telares y el tejido artesanal han sido, durante siglos, una práctica cotidiana, para abuelas, madres e hijas de Chapilca.
Actualmente, son treinta las mujeres que conforman la Agrupación Artesanas Tejedoras de Chapilca. Cuentan, hace algunos años, con un centro artesanal, para exponer sus productos elaborados con antiguos telares a pedal. Es que la tradición textil de este pueblo y de sus tejedoras, se estima en doscientos años y con una herencia de conocimientos que se atribuye a los pueblos indígenas que habitaron en la zona.
La técnica de tejido de estas artistas del telar posee características únicas en nuestra región, sin embargo, durante este verano no pudieron abrir su centro porque la producción fue escasa. Es el lamentable relato de la líder de esta agrupación, Francisca Castillo, quien, además, es la séptima generación de su familia que trabaja en los telares.
Reconoce que, hoy, no es un trabajo que les permita vivir, pues la dura labor, que requiere la fabricación artesanal, no ha sido valorada por los habitantes de la zona y afirma que gran parte de la producción es adquirida por Artesanías Chile o por particulares que valoran el arte handmade. Actualmente, muchas de ellas trabajan principalmente a pedido.
COLORES DEL MONTE
Francisca nos recibe en su casa y nos enseña a utilizar el huso con el que hila el vellón de lana de oveja. No es un trabajo fácil, ni rápido, tampoco puede extenderse por largo tiempo, ya que las manos se exponen a mucho roce. La dificultad no solo está en esta etapa del proceso, Francisca lava la lana, minuciosamente, en un pequeño canal de agua que cruza por los terrenos de su campo; luego, debe colgarla para secarla y, más tarde, dar paso al teñido natural.
Cada pieza elaborada por las tejedoras de Chapilca es única, porque entre cada teñido, nunca se obtienen los mismos tonos, aunque se realice con el mismo tipo de plantas, hojas o raíces. El color natural de sus tejidos, también, es un mundo por descubrir. A diferencia de las anilinas, aquí las tonalidades son más suaves y sutiles.
Francisca va mostrando, en sus telares, los distintos colores que se obtienen de las diversas plantas o montes que utiliza. “El mostaza se obtiene con la hoja amarilla de la cebolla; los tonos cafés con la cáscara verde de la nuez; los tonos rosados con la raíz del sauce; el amarillo se logra con el dasdá (planta que crece en los parrones y da una flor amarilla) y la corteza del árbol de membrillo y, los tonos morados con la raíz del pacul”.
Para interiorizarnos en esta técnica, acompañamos a Francisca a recorrer el campo para que nos muestre cuáles son los montes mágicos que utiliza para lograr el colorido de sus piezas. Lo primero que nos indica es la savia del algarrobo… parece derretirse por la corteza y aunque está solidificada, ella la extrae para conseguir un color café oscuro en la lana.
“Mire, esta es la “brea”, una plantita que se usa para disolver los cálculos a la vesícula y que, además, tiñe bien verde”, afirma Francisca, y acto seguido, nos enseña otra planta que contiene saponinas, lo que permite dar espuma y dejar la lana muy blanca.
Caminamos en dirección al cerro, donde encontramos romero de tierra, distinto al que se usa como condimento. Aromático y de sabor cítrico, este arbusto da unas pequeñas bolitas blancas parecidas al algodón. Con el romero, es que se consigue el color amarillo y el verde musgo…
Dejamos a Francisca y nos despedimos de su pequeño mundo, entre vellones, lanas, plantas, telares y colores. Ha sido, sin duda, un recorrido por las tradiciones con el valor patrimonial, que esperamos nunca deje de existir.
NUESTRO DATO
Restaurante solar Donde Martita, calle Magallanes 15, Villaseca, comuna de Vicuña. Restaurante solar Delicias del Sol, calle Chiloé 164, Villaseca, comuna de Vicuña. Teléfono (51) 1982184. Centro Artesanal de Chapilca. Ruta 41 a 18 kilómetros de Vicuña, por el camino al Paso Internacional Agua Negra. Francisca Castillo, tejedora de Chapilca (9-28 17 899)