Al poco tiempo de ingresar a la carrera de biología marina en la Universidad Católica del Norte (UCN), Katherina ya mostraba una tremenda pasión por acercarse a la vida práctica de esta profesión. Más allá de las clases teóricas, su motivación estaba en aprender a bucear para explorar las maravillas del mundo acuático e introducirse en las investigaciones que llevaban a cabo sus profesores. Hoy, tras doce años de profesión en Chile, su prolífero trabajo la ha llevado a participar en comisiones nacionales de ciencia y ser un aporte al conocimiento científico de su país.
Aunque nació en Viña del Mar, vivió en distintas ciudades del país debido al trabajo de su padre, marino de la Armada de Chile. Incluso, a la edad de catorce años, su padre formó parte de las fuerzas militares de las Naciones Unidas y la familia se trasladó con él a Medio Oriente, residiendo en Siria e Israel por un período de un año. En ese tiempo, compartieron con muchas familias de diversas nacionalidades en un ambiente muy cosmopolita, tiempo de experiencias muy enriquecedoras que la incentivaron, desde muy joven, a hacer estudios fuera del país y a tener la personalidad para contactarse con extranjeros.
“Estaba terminando mi pregrado y ya le había escrito cartas a, por lo menos, diez investigadores extranjeros de distintas partes del mundo —menos Estados Unidos, pues nunca quise irme para allá—, para manifestarles que quería hacer un posgrado con ellos”, cuenta Katherina y agrega que junto a su esposo, Carlos Gaymer, también biólogo marino, experto en conservación marina y uno de los gestores del parque marino más grande de Chile en la Isla Sala y Gómez, conocido como Motu Motiro Hiva, viajaron para cursar un doctorado en biología en la Universidad de Laval, en Canadá. Terminado este proceso, a ambos les ofrecieron abordar nuevos proyectos y seguir trabajando allá, prolongando su estadía por siete años.
Volvió al país en el 2001, para trabajar por tres años en un proyecto financiado por FONDECYT y patrocinado por la Universidad Católica de Santiago. En el 2004 regresó a Coquimbo para integrarse al trabajo que la tiene, hasta hoy, enamorada: investigadora titular del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza) de la UCN.
DESCUBRIMIENTOS
Las exploraciones de Jacques Cousteau y las imágenes del fondo marino fueron su principal motor para hacer lo que hace hoy, romanticismo que fue transformándose en un amor de raíces profundas con el paso de los años y el asombro generado con cada nuevo descubrimiento.
¿Qué sientes con cada nuevo conocimiento? ¿Orgullo personal o más bien una idea de cómo ello puede beneficiar a otros?
Son distintas etapas del desarrollo como científico. Primero sentí que mi primer estímulo era bastante egocéntrico, pero cuando terminé mi doctorado y después de descubrir muchas cosas interesantes (para la comunidad científica), pensé que tenía que hacer investigación para ayudar al desarrollo de mi país. Una alternativa era cómo ayudar a la conservación de los recursos naturales y la otra era cómo podía ayudar a la explotación sustentable de estos recursos. Y así es como derivé en los estudios fisiológicos para apoyar en la acuicultura. Yo hago ciencia básica, pero aplicada a problemas concretos que pueden tener las especies bajo cultivo.
¿Qué importancia tiene el estudio realizado sobre el abalón?
El abalón rojo o abalón californiano es una especie introducida a nuestro país hace aproximadamente quince años y hay muchas empresas que la están cultivando. Es un recurso muy importante desde el punto de vista de la acuicultura.
¿Y qué han descubierto?
Junto al genetista Federico Winkler, tenemos un programa de mejoramiento genético en abalón y, en base a ese programa, hemos descubierto, por ejemplo, que los rasgos de mayor crecimiento y mayor masa se transmiten de una generación a otra y, por lo tanto, hay muchas probabilidades de poder mejorarlos. En otro estudio estamos viendo la herencia de caracteres de índole inmunológico, es decir, la capacidad de respuesta de un individuo ante cualquier patógeno, con la idea de ver si puedes seleccionar los que sean más resistentes a las enfermedades.
También tienen estudios sobre el efecto de los llamados omega 3 y 6 en los ostiones.
Descubrimos que cuando alimentamos a los ostiones con una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados, los llamados omega 3 u omega 6, generan un aumento en la capacidad de síntesis de una proteína que protege contra el estrés, tal como ocurre en los seres humanos. Y es que esas proteínas son las mismas desde las bacterias hasta nosotros, son las HCP y participan en todos los eventos asociados a estrés. Pero también están modulando cuando hay errores en la producción de una proteína y van a repararla o la derivan para que sea eliminada y no tenga costo. Están muy involucradas en todos los procesos de vejez y el cáncer.
¿Cómo se pueden beneficiar los productores con estos descubrimientos?
La transferencia de la ciencia básica hasta el nivel productivo no es fácil. Para nosotros, como científicos, lo ideal sería contar con un transferencista, una persona que entienda el lenguaje científico y entienda lo que necesitan los productores. Y es un esfuerzo bien grande. En este caso, en la mejora del cultivo del abalón hemos tenido mucha comunicación con las empresas productoras y la idea es empezar a traspasarle abalones mejorados genéticamente para que ellos aumenten su capacidad de producción. La investigación sobre los ostiones también es un conocimiento que puede transferirse fácilmente, porque hay empresas que producen micro algas que son ricas en ácidos grasos poli insaturados y para ellos sería un beneficio poder vender más.
MUNDO CIENTÍFICO
Cada cierto tiempo, Katherina da charlas en algunos cafés o en colegios para estimular que haya más jóvenes interesados por estudiar ciencias. Es parte de una labor que hace por gusto más que por trabajo.
¿Con qué cosas de la ciencia se sorprenden o entusiasman?
En cómo podemos aportar a la conservación de los recursos, por ejemplo, cuando les mostré los estudios sobre cómo una termoeléctrica podía impactar y cómo un científico tiene mucho que decir en relación con eso. Están muy empoderados en la idea de aportar en la toma de decisiones.
¿Qué crees que tendría que pasar en la escuela para que hubiese más estudiantes de ciencia?
Que sea más vivencial. Tuve un proyecto Explora con párvulos y fue con algo tan simple como llevar un microscopio conectado a una cámara y un proyector. Llevé una gota de agua de un florero con agua podrida. La puse en el microscopio y pudieron ver todos los microorganismos que estaban dando vuelta ahí. ¡No podían creer lo que veían! En otra oportunidad, observar las etapas de crecimiento de un erizo y entender el proceso de desarrollo para alumnos mayores fue espectacular. Para un científico es algo tan básico, pero en un niño puede hacer una enorme diferencia en sus experiencias de aprendizaje. Las mamás decían que sus niños llegaban entusiasmados a la casa con la idea de querer estudiar biología.
¿Qué reconocimientos a tu labor has tenido en tu carrera?
Más que reconocimientos me interesa hacer aportes. Y siento que lo hago con la investigación y con mis estudiantes y con la cantidad de profesionales que he podido contratar (a través de proyectos). Es un estímulo enorme, día a día, poder tener biólogos jóvenes, porque ocupar cargos en el campo científico en Chile es muy difícil si no tienes posgrados. Es muy satisfactorio poder darle oportunidad a la gente para que adquieran las herramientas técnicas y científicas necesarias y así lleguen bien preparados… porque ¡aquí todos quieren irse a cursar doctorados! Ahora, si me preguntas si es un terreno donde se discrimine a la mujer, diría: si hay un lugar donde no hay discriminación contra la mujer es en el mundo científico.
Pero ¿qué es lo que te limita como mujer?
Que en algunas etapas de la vida tienes otras prioridades, como ser madre, y tu capacidad de publicación baja fuertemente. Para ser competitiva, tu tasa anual de publicación debe ser mínimo dos. Yo tengo cerca de tres y no me interesa tener más porque mis prioridades son otras. Hago mi trabajo lo mejor que puedo, sin que sea el centro de mi vida, porque para mí primero está Dios y mi familia.