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EDICIÓN | Agosto 2011

El rey de la montaña

Tony Sponar, dueño de El Arpa

Con alrededor de dos mil hectáreas de nieve virgen, El Arpa es el único centro de Sudamérica donde se practica snowcat skiing y se puede observar desde el mismo punto —a 3.740 m— el Aconcagua y el Océano Pacífico. Tierras de una leyenda viviente del esquí y que han sido parte del sueño de su vida. Una aventura salvaje que literalmente eriza los pelos de la piel y que sólo los afortunados han logrado conocer.

por María Inés Manzo C. / fotografías Vernon Villanueva B. y gentileza Santiago Adventures/Philippe Bouteille, director y guía White World.

Partimos este reportaje contando que somos privilegiados de visitar uno de los centros de esquí más extremos y hermosos de nuestro país, que nada tiene que envidiarle a las mejores pistas del mundo: El Arpa. Ubicado a aproximadamente cuarenta y tres kilómetros de los Andes en el valle que lleva el mismo nombre -herencia de las minas que había antiguamente y de su mágico sonido que con el viento se escuchaba como un arpa-, cuenta con dos mil hectáreas de espectaculares pistas de nieve virgen con fuertes pendientes, recomendadas sólo para esquiadores y <em>snowboarders</em> de nivel intermedio, difícil y experto.

Conocido por muy pocos chilenos, su fama se la ha ganado internacionalmente, ya que la gran mayoría de sus visitantes viene de Estados Unidos, Europa, incluso de Rusia y China. Para ellos un verdadero deleite, ya que el lugar no tiene andariveles y la única forma de transporte son dos <em>snowcats </em>o pisa nieves que van armando el camino y subiendo a los deportistas hasta Cerro Blanco (3.610 m). Una de sus particularidades más llamativas, ya que cada uno puede hacer la ruta que más le apetezca, junto a guías especializados que harán de la travesía una experiencia única.

Además, uno de sus mayores atractivos es conocer al legendario Toni Sponar, un experimentado instructor y esquiador austriaco de setenta y siete años que domina todas las pistas como si tuviera sólo veinte. Un hombre idolatrado por el mundo del esquí<em> </em>por sus conocimientos y experiencias en lugares como Aspen, Banff, Los Penitentes o Portillo, pero que, sin duda, llama atención por su humildad y conmovedora historia en la que sueña con ver sus tierras surgir.

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<strong>AVENTURA EXTREMA</strong>

A las 8:00 de la mañana nos juntamos en Los Andes con Brian Pearson, gerente general de Santiago Adventures (wwww.santiagoadventures.com), empresa de la capital que es la encargada de organizar las visitas a Ski Arpa y que cuenta con camionetas 4x4 -sin las cuales es imposible llegar- y un experimentado grupo de guías para hacer las mejores rutas del valle. De este modo, en dirección a Campos de Ahumada, comenzamos en un estrecho camino de tierra a subir por la montaña alrededor de trece kilómetros. Una sensación que anuncia que viene algo grande, ya que el paisaje comienza a cambiar, la nieve se adueña de la ruta y nuestro punto de partida comienza a perderse entre la altura y las rocas.

Como nos cuenta en el camino Brian, "todos los que han visitado El Arpa han quedado fascinados, ya que dicen que es el mejor lugar para esquiar en Chile y la mejor experiencia de su vida. Un sitio único, con excelentes pistas<em>"</em>. Por eso, el 2004, intrigado por aquel mágico entorno, decidió ir a conocer a Toni Sponar y desde entonces, no sólo lo ha apoyado con su empresa para captar interesados, sino también se han vuelto amigos. Realmente esta es una oferta única para deportistas apasionados por las experiencias extremas y, no por nada, lo han visitado campeones mundiales como Seth Morrison, Ian MacIntosh, Ingrid Backstrom, Julian Carr o el chileno Chopo Díaz que tiene ranking número tres en el <em>World Freeski Tour</em>.

Así, entre conversaciones y con el corazón en la mano por las pendientes, llegamos por fin a Refugio Rancho Avalancha, el único lugar de todo el valle donde se puede parar a descansar y a calentarse con su agradable chimenea a leña. Un espacio rústico de madera y piedra creado por su propio dueño. A unos metros más allá está su casa, en la cual pasa muchos meses solo, mientras su señora -con la que lleva casado más de treinta y seis años- e hija lo esperan en Estados Unidos. Puede sonar increíble, pero Sponar está acostumbrado, ya que desde 1982 divide su tiempo entre las montañas y norteamérica. Incluso nos cuenta que un zorro se ha vuelto su amigo y que va frecuentemente a pedirle comida como si fuera su mascota.

Él es el primero en darnos la bienvenida, como buen dueño de casa recibe a todos los visitantes y de inmediato nos hace sentir en confianza para lo que será una de las aventuras más grandes que hemos vivido. Comenzamos a prepararnos y a esperar nuestro <em>snowcat</em>, con capacidad para catorce pasajeros, que nos llevará a Cerro Blanco. Como nos va comentando Pedro Campos, conductor del pisa nieves, empiezan a aparecer las pistas naturales y travesías que llaman la atención por sus nombres: Avalanchas, Ratonera, Sacacorchos, Triángulo de las Bermudas, Diablo Negro o Punto Guanaco (3.740 m) que nos indican que no es un viaje para inexpertos.

En un recorrido de aproximadamente veinticinco minutos, donde esquiadores y <em>snowboarders</em> de todo el mundo van compartiendo sus experiencias, llegamos a la cima (a 3.610 m) que gracias al día soleado y despejado que nos toca, pudimos presenciar una de las vistas más privilegiadas de Chile. Al este, el imponente Aconcagua y al oeste, el Océano Pacífico, que se transforman en un paisaje de postal en el que podemos ver La Campana y un sin fin de cordones montañosos bañados de nieve pura.

Ahora ha llegado lo más esperado, probar las pistas. Se arma el grupo y es Toni Sponar junto a los guías -preparados con equipo de primeros auxilios- quienes dan las indicaciones para que sea un viaje seguro. Aquí no hay que hacerse el valiente, porque eso puede significar correr riesgos. Eso lo saben muy bien quienes visitan El Arpa, ya que en ocho años sólo ha habido un accidente.

Ya no hay vuelta atrás solo queda respirar hondo y lanzarse <em>"</em>primero entras en un embudo entre las rocas que se va abriendo hacia un valle increíble a mucha velocidad; en este lugar, la nieve virgen lleva varios días compactada naturalmente y se puede disfrutar de la nieve polvo, una sensación que te eriza la piel, mientras sientes que está detrás de ti levantándose<em>"</em>, nos cuenta Andrea Manzo, <em>snowboarder </em>chilena, luego de probar Sacacorchos de nivel intermedio y un tramo de Ratonera de nivel difícil. Para ella, un recorrido muy interesante por pistas rápidas, largas y superiores a otros centros de <em>ski</em> del Valle Central.

Además, Diego Fleishmann (32) en esquís y Joaquín Köster (25) en <em>snowboard</em>, nos comentan que es un honor esquiar con una leyenda como Toni Sponar, que a su edad tiene un manejo increíble y da mucha seguridad para seguirlo por las rutas. Que junto a un servicio de búsqueda excelente, siempre están pendientes de dónde están los visitantes, por ello ninguno puede andar sin su transmisor para avalanchas.

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<strong>LA HISTORIA DE UN VISIONARIO</strong>

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Nada en este increíble valle hubiera sido posible sin el sueño de Toni Sponar, un austriaco que llegó a Chile en 1961 y con sólo veintisiete años se enamoró de nuestras tierras. Una historia llena de esfuerzo, donde luego de haber trabajado veinte temporadas como administrador de Portillo y cuatro años en Los Penitentes en Argentina -sumado a toda su experiencia en Vermont, Michigan, Austria y Aspen, donde aún trabaja-, logró comprar dos mil hectáreas de montaña y se las ingenió, en 1982, para construir, por sus propios medios, un camino que lo llevara al Valle El Arpa. Rincón del mundo que encontró luego de una larga búsqueda y estudio de mapas, cuando el millonario Arturo Scalise le encargó encontrar un lugar exclusivo, pero que luego se arrepintió al ver sus pendientes.

En nuestra conversación con Toni -quien amablemente nos mostró su casa y sus terrenos- nos pudimos dar cuenta de que el paso de los años le preocupa, ya que su tarea no ha sido fácil. En todo este tiempo no ha recibido ninguna ayuda del gobierno chileno y ha financiado todo con su propio dinero (incluso su jubilación) y el de sus amigos amantes del esquí. Lamentablemente, como ningún banco nacional ha querido darle un préstamo, ni siquiera CORFO, El Arpa tiene sus días contados y para el próximo año cerrará sus puertas hasta nuevo aviso, mientras en Europa y Estados Unidos busca quien pueda financiarlo.

Desde que encontró este magnífico sitio, Toni supo que sería un éxito para el turismo. Por eso, en 1984, instaló un edificio de cuatro pisos y un andarivel para lo que sería el comienzo de muchos proyectos (desde un hotel, piscinas, gimnasio, restaurante, entre otros), pero todo se derrumbó por una avalancha que tapó completamente esa fuente de ingreso. Con esa pérdida, hasta el día de hoy no ha podido instalar un lugar que lo sustente, ya que el dinero que gana con los esquiadores no es suficiente. Por un lado, porque la temporada de nieve es mucho más corta que otros centros y por otro, hay altos gastos en mantención, especialmente de los caminos y <em>snowcats</em>.

Como nos señala, en la Región de Valparaíso se han priorizado por muchos años los proyectos en las costas y se ha dejado de lado la montaña, porque poco se sabe de la vida en ella y sólo surgen los privados, éxito que se puede ver en sitios como Portillo, pero Toni no pierde las esperanzas. "El Arpa ha sido el sueño de mi vida y no me arrepiento de nada, creo que un día la situación va a cambiar. En treinta años de trabajo no pude hacerlo, pero mi hijo Anton -instructor de esquí en El Arpa- solamente tiene veintinueve y estoy seguro que en él está el futuro. Los terrenos son de mi familia y siempre los tendremos. Por eso agradezco esta maravillosa experiencia, pero solamente en Chile me pudieron pasar estos problemas (ríe)".

Una esperanza que no es descabellada, ya que su primogénito es uno de los mejores <em>free riders </em>del mundo y que por sus propias palabras se ha convertido en un esquiador más talentoso que él y con una técnica envidiable. Además, está estudiando un Master en Economía en el extranjero, justamente para poder administrar sus tierras.

Al igual que todos los que han estado en este sorprendente lugar, se hace imposible pensar que el trabajo de toda una vida -incluso sacrificando el tiempo con su amada esposa e hijos- termine de este modo, porque los bancos temen arriesgarse con su proyecto. Solo queda decir que hay que hacer resurgir este sueño y que esperamos que el espíritu de la montaña que vive en El Arpa no se muera.

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<em><strong>"El Arpa ha sido el sueño de mi vida y no me arrepiento de nada, creo que un día la situación va a cambiar. En treinta años de trabajo no pude hacerlo, pero mi hijo Anton solamente tiene veintinueve y estoy seguro que en él está el futuro", Toni Sponar.</strong></em>

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