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EDICIÓN | Junio 2014

Baja la China, sube la India

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Baja la China, sube la India
China y Rusia firmaron un entendimiento que obliga a Moscú a vender gas a Beijing por un total de cuatrocientos mil millones de dólares. Mas, esa cifra inmensa debe dividirse en treinta años; luego, son trece mil millones anuales. Tratándose de combustible, no es para tanto. Tampoco se sabe cuál es el volumen pactado; así, quizás no es un gran negocio, sino una revancha hacia Europa.
Afanado como está en enfriar las relaciones con Occidente, Putin prefiere entibiar las relaciones con China. Vender gas a Europa siempre dará más dinero, pero Moscú quiere mostrar su malestar por el bloqueo económico y la presión recibida ante su intervención en la crisis de Ucrania.
 
El problema es que los gaseoductos pasarán por las zonas conflictivas de China; esto es por la región Uygur-Xinjiang, una apuesta en extremo peligrosa. Todo esto lleva a concluir que hay más pasión que razón, de parte de las dos potencias. Rusia, que tiene vocación imperial, quisiera volver a ser lo que fue, pero el mundo cambió y a sus antiguos socios no les interesa sacrificarse siquiera un poco por el antiguo amo. China, otrora Celeste Imperio eje del mundo, tampoco logra la necesaria unidad y compromiso con su proyecto universal. Peor aún, pareciera que el brioso ascenso de China que parecía infinito y nos convenía a todos, tiende a relajarse y dibujar una curva inquietantemente suave, con tendencia endógena.
 
Tras la colosal muralla del Himalaya está India, gigante vecino que ahora promete una nueva amistad con Occidente. El triunfo rotundo de Narendra Modi, encabezando su coalición que reinará casi sin contrapeso, inaugurará en India una nueva era que significará una nueva apertura hacia Occidente, una renovada apuesta por el comercio global, un obvio apoyo a Japón, a Corea; en síntesis, un indirecto respaldo a la acción de Estados Unidos en Asia.
 
Ya hay novedades. El SENSEX, el índice bursátil de Mumbai, saltó al primer puesto, superando a índices consagrados como el de Londres, Hong-Kong o Tokio. El nuevo gobierno indio comienza con una confortable posición y a la vez un tremendo desafío. Dispone de mayoría suficiente como para realizar cambios profundos. Y obviamente Narendra Modi no hará nada que dificulte el crecimiento económico de India. Por el contrario, todo el enfoque estará en crear las facilidades para crecer sobre el ocho por ciento anual; lo que podría significar que India, en menos de cinco años, podría doblar su potencial económico.
 
La economía de India tuvo un gran impulso en los noventa; pero el Partido del Congreso erró el rumbo. En un afán entre demagógico y populista, favoreció la política de los subsidios y reparto de una riqueza aún no bien consolidada. Más males endémicos como alta inflación, corrupción, exceso de aparataje público y, por consecuencia, ineficiencia y lentitud. Modi puede modificar todo eso y darle a India un nuevo protagonismo en Asia. El Partido Janata anunció alivianar la estructura y las regulaciones en función del crecimiento y la creación de trabajo. India gradúa más técnicos e ingenieros que cualquier otro país en el mundo; inmensa fuerza laboral que muchas veces emigra y triunfa en países tan competitivos como Estados Unidos. Pero toda esa inteligencia tiene su mejor lugar en “la Madre India”. Es cosa de pagar bien, y los indios volverán a casa.
 
Pero antes India tendrá que resolver cuestiones decisivas. Agilizar el sector financiero y liberalizar el mercado interno. Por décadas, India mantuvo en paralelo una economía de socorro social, muy centralizada y protegida, pero con un sistema abierto a la inversión y libre flujo de capitales. Pero se ha ido creando una contradicción que tendrá que sincerarse; o libremercadismo o neosocialismo. India tendrá que acabar con los controles de precios y regulaciones asfixiantes que causan niveles de corrupción inauditos; a cambio, favorecer la libertad de trabajo y emprendimiento; una tributación sencilla y mínima, y gran énfasis en la inversión privada.
 
India, con Modi al timón, podría superar la hazaña China, y transformarse de país con aún gruesas capas de pobreza y una economía principalmente agraria, a una próspera potencia industrial y manufacturera. India posee una gigantesca oferta de mano de obra todavía con bajo nivel profesional, pero con fuerte orientación al trabajo. Si India aumenta la musculatura industrial, sumada a la reconocida capacidad creativa y científica de su población, combinando todo aquello con su cultura moralista y austera, el resultado puede ser que supere a China como gran consumidor de materias primas y gran motor de la economía global. Una potencia económica que bien podría cambiar las predicciones del siglo. Modi lo dijo en su discurso de agradecimiento, el día que ganó las elecciones: “el siglo XXI será el siglo de India”.

 

 

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