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EDICIÓN | Junio 2014

Tierra de greda y tradición

Melipilla y Pomaire
Empanadas gigantes de carne y pollo, artesanía en greda en bruto y decorada, talleres interactivos, turismo religioso, venta de cecinas, quesos locales, mistelas y licores son algunos de los atractivos de estas localidades que conservan nuestras raíces y las potencian, atrayendo a cientos de turistas cada semana.

por Maureen Berger H. / fotografía por Vernon Villanueva B.

Tan cerca de la vorágine citadina, pero detenido en el tiempo, en las tradiciones, la cultura y los sabores del campo, está Pomaire, pequeño pueblo perteneciente a la comuna de Melipilla, dedicado por entero a recibir turistas todo el año.
 
Decidimos iniciar este Recorriendo, a cargo de la empresa Turismo Laboral, en el centro histórico de la comuna de Melipilla, en su Plaza de Armas, frente a la cual se eleva majestuosa la torre de la Parroquia San José Catedral de Melipilla. Nos adentramos para observar cada detalle de su arquitectura y nos enteramos que su evidente modernidad se debe a que fue inaugurada en 1992 y se construyó en el mismo lugar en que se encontraba el templo antiguo del siglo XVIII, que fue destruido por el terremoto de 1985.
 
En la misma plaza hay juegos infantiles mecánicos que abren temprano en la tarde y son el deleite de los niños y niñas del lugar. Cada cierto tiempo se monta una exposición de productos artesanales de fabricantes de la zona, con piezas en piedras, lanas, u otros materiales. La plaza aún conserva algunas estatuas de próceres, como Ignacio Serrano Montaner, hijo ilustre de la ciudad que se destacó por su participación activa como marino en la guerra del Pacífico.
 
HELADOS Y CECINAS
 
Frente a la Plaza de Armas está la Heladería El Roble, abierta hace solo un mes, donde el dueño, Raúl Ramírez, nos comenta: “la idea es ofrecer productos distintos, helados artesanales de leche condensada, selva negra, chocolate blanco con frambuesa, manjar con nueces, naranja fosforescente, creme blue y tres leches”, el precio va de $750 el barquillo a $2.900 el litro y también venden repostería artesanal, como kúchenes de manzana, nuez o durazno, pie de limón, café de grano ciento por ciento arábica y jugos de fruta natural.
 
Seguimos avanzando por el centro comercial, lleno de tiendas atractivas, que hace varios años alberga, incluso, su propio Mall Leyan Plaza. En calle Serrano, a la altura del 838, está Cecinas De León, “nace en el año 2005, creada por Jorge León Barrera, hijo del fundador de Cecinas Lo Chacón, quien llevaba más de cincuenta años produciendo cecinas artesanales de alta calidad en El Monte, próximo a la ciudad de Melipilla”, nos explica don Eliseo, el encargado de local.
 
RÉCORD EN POMAIRE
 
Cerca de Melipilla, a no más de diez minutos de distancia, se llega a nuestra próxima parada: Pomaire. Desde el ingreso, todo es expedito, los lugareños ofrecen espaciosos y seguros estacionamientos, para que el visitante pueda recorrer la calle principal a pie, sin más preocupaciones.
 
Claudio Carmona, gerente de Turismo Laboral, empresa que lleva años llevando a turistas a destinos en Chile y el extranjero (Brasil, Argentina y Perú), nos dice: “Pomaire debe su nombre al Curaca Pomaire, quien, en 1482, llegó con un grupo de indígenas a una tierra plana y fértil ubicada en el sector norte. Durante 1583, debido al crecimiento de la población y cuando ya se había descubierto el arte de trabajar la greda, la tribu se trasladó al lugar que actualmente ocupa el pueblo, el que se encuentra rodeado de cerros, con abundante materia prima para hacer los trabajos de alfarería. En 1690, nació Domingo Pomaire, el primer indígena bautizado acá y su hijo, Tomás Pomaire, fue el primer gobernador, entre 1742 y 1745, quedando así lacrado el nombre Pomaire para denominar a estas tierras”.
 
Caminamos por calle Roberto Bravo, donde si bien la oferta de locales para almorzar es muy abundante, escogemos el Restaurant La Greda, que lleva veinte años ubicado justo en la esquina con Manuel Rodríguez. Nos recibe Francisco Echeverría, el chef administrativo, quien tienta de entrada con el arrollado, pernil o entrecot de cuatrocientos gramos, empanadas de queso, con camarones o champiñones, de pino y la más impresionante: la empanada de medio kilo con carne y trutro de pollo.
 
Cabe mencionar que este restaurante tiene un récord gastronómico: “el 8 de septiembre de 1995, se preparó una empanada que midió 270 cms. por 150 cms., en la que se emplearon como ingredientes: 80 kilos de carne, 45 kilos de pollo, 80 kilos de harina, 250 kilos de cebolla, 15 kilos de manteca, 150 huevos, 2 kilos de pasas y 2 kilos de aceitunas. La monumental empanada más grande del mundo pesó 470 kilos y fue disfrutada por cientos de personas”, recuerda el chef.
 
Salimos y muy cerca está Osvaldo Muñoz, quien hace demostraciones en greda en plena calle, encanta con su picardía y humor y cobra solo propina a quien desee llevarse alguna de las alcancías, ceniceros, zapatos y otras piezas que él califica como “las más bacanes del planeta”. Junto a él, María de los huevos, como ella se hace llamar, vende enormes huevos de pava (3x $1.000) y de gallina ($10 x $2.500).
 
MISTELAS Y TALLERES
 
Seguimos avanzando hasta Licores Artesanales Ángel de Mi Tierra, donde sus dueños, Héctor Luis y José Luis Gutiérrez, padre e hijo, llevan cinco años elaborando estas preparaciones a las cuales se les atribuyen propiedades medicinales. Destacan el vino de misa y las mistelas al apio, maqui, arándano, mora y murta ($5.000); los aceites de maravilla macerados con ajo, merquén o albahaca y las salsas en siete sabores ($3.000).
 
A cada paso hay un local donde se vende artesanía en greda (o arcilla). “La cerámica se caracteriza por su tonalidad rojiza y superficie lisa y brillante. Su tradición alfarera se remonta desde antes de la llegada de los españoles. Es posible encontrar chanchos, vasijas, pailas, platos, fuentes, maceteros, adornos y artículos de decoración. También hay artesanos en muebles rústicos, textiles y otra gama de manualidades dignas de rescatar”, indica Claudio Carmona.
 
De tanto ver tiendas y puestos de venta de artesanía en greda, dan ganas de aprender a hacer alguna pieza en arcilla. Para esto, visitamos el negocio El Espino de la familia Mendoza, con treinta años dedicados a este trabajo. En la calle Roberto Bravo 438, esquina Julita Vera, nos recibe la señora Juana Mendoza: “los niños o adultos tienen contacto con la greda, la aprenden a amasar, y de una pelotita van dando cuerpo a un chanchito, una paila, una palomita, una tortuga, un sapo o un canastito”.
 
En el lugar se venden maceteros, tinas, jarrones, fuentes para el ponche, platos de pebre, jarros y otros artículos utilitarios y decorativos. “Después de amasar, se deja orear, se empareja, se alisa y pule la figura con una piedra de río. Horas más tarde se lleva al horno por ocho horas a altas temperaturas. La loza sale en tonos rojos y para que tome el tono oscuro, se debe ahumar con paja de trigo y corteza de árbol, acá no usamos pintura”, dice Juana.
 
Luego de vitrinear otro poco más, el hambre vuelve, así que el guía nos aconseja comprar tortillas con chicharrones, dulces chilenos, pan amasado, charqui o bien algunas empanadas para llevar a casa. Así, cargados de bolsas —cual Ekeko— con todo lo adquirido en Pomaire y Melipilla y una sonrisa de lado a lado, volvemos felices a nuestras casas.

 

 
La loza en greda sale en tonos rojos y para que tome el tono oscuro, se debe ahumar con paja de trigo y corteza de árbol, acá no usan pintura.

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