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EDICIÓN | Junio 2014

Una ráfaga de modernidad

NICOLÁS LARRAÍN Publicista y conductor radial
Una ráfaga de modernidad
Tengo la sensación que en este mundo de enseñanza privada, el niño es tratado cada vez más, como una especie de emperador intocable y, por lo tanto, esa idea retrógrada de que “tengo que ir al colegio a defender a mi retoño de esos descriteriados”, está totalmente obsoleta.
Asistí a una reunión de apoderados del colegio donde se presentaba un nuevo sistema computacional para modernizar las clases. En estas, hablaban cuatro personas, una del colegio y tres de la empresa que prestaba el servicio y a los cinco minutos de las exposiciones, empezaron los papás a levantar la mano para hacer preguntas manifestando sus dudas con el sistema. Tengo la sensación que la gran mayoría de los apoderados lo único que queríamos era que la reunión avanzara y que al final hiciéramos las preguntas.
 
Después vino el detalle, acabado, de este nuevo plan del colegio y realmente sentí que asistíamos a una gran ráfaga de modernidad al mostrarnos cómo los libros de estudio estaban digitalizados y así el profesor podía, rápidamente, mostrar en la antigua pizarra un texto agrandado, subrayado, destacado y, asimismo, cambiar en fracción de segundos a un video o alguna imagen en movimiento, gráfica, etc., etc.
 
Contrario a la sensación que me estaba dejando a mí la presentación, algunos papás y mamás comenzaron a bombardear todo lo que les pareciera novedoso o distinto de lo que ellos conocían.
 
Más allá de encontrar preguntas realmente muy desconectadas de la realidad, lo que más percibía en los apoderados que intervenían, con un tono de accionista en directorio, es que los padres que iban a estas reuniones fundamentalmente a reclamar por algún mal manejo del colegio, están en retirada.
 
Hablo con la experiencia que he adquirido en estos años, siendo apoderado de los tuyos, los míos y los nuestros, por lo que me ha tocado pasar por cuatro jardines infantiles y cinco colegios. Tengo la sensación que en este mundo de enseñanza privada, el niño es tratado, cada vez más, como una especie de emperador intocable y, por lo tanto, esa idea retrógrada de que “tengo que ir al colegio a defender a mi retoño de esos descriteriados”, está totalmente obsoleta.
 
Analizando con detención los comentarios escuchados, puedo clasificarlos en tres grupos: 1) mamás que no trabajan más que en la casa, muy buenas para el gimnasio, por lo tanto, están medio desconectadas de la velocidad de los cambios que ocurren en el mundo, 2) apoderados muy conservadores y 3) papás pechugones que ostentan un gran cargo gerencial y creen que se las saben todas. Este grupo final es el que más me llamó la atención, ya que no podía creer que estuvieran tan al margen de lo que está pasando en el mundo y que no fueran capaces de valorar el tremendo bombazo del que fuimos testigos y minimizaran tanto lo expuesto por pequeños aspectos colaterales que en nada importaban a la hora de visualizar el monstruoso cambio para nuestros hijos.
 
Solo termino invitándolos a todos a poner el foco en las cosas buenas de todo lo que nos rodea, a abrir los ojos y ver que la velocidad de los cambios es mucho más rápida de lo que podemos ver. A ser humildes y no creer que nos las sabemos todas. A abrir puertas que jamás antes hubiéramos abierto y a no esperar aprender siempre del que a primera vista es mucho más experto o capaz que nosotros. Puede ser que hoy aprendamos más de un niño o de un ignorante o de un pobre como jamás lo pudimos imaginar.
 

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