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EDICIÓN | Junio 2014

Liberando al mono

Adolfo Delgado, slackline
Liberando al mono
Comenzó como una rareza, pero hoy es una realidad. El slackline llegó para apropiarse de los espacios públicos y cada vez es más fácil ver a quienes lo practican. Adolfo Delgado es uno de ellos. De esos que respiran slackline y que se levantan y acuestan pensando en la cinta. Fundador de uno de los principales clubes de este deporte en Chile, este rider viñamarino encontró en esta disciplina el equilibrio necesario para afrontar el día a día.
por Tomás Moggia C. / fotografías Vernon Villanueva B. y gentileza Adolfo Delgado
Suelen estar en la Playa del Deporte en Las Salinas, pero también es posible verlos en plazas o parques de la ciudad. Cualquier lugar donde se pueda fijar la cinta entre dos puntos, sirve. Cinta sobre la cual caminan, saltan y realizan un sinnúmero de asombrosos trucos. Estamos hablando del slackline, un deporte alternativo que día a día gana más adeptos y que mediante la apropiación y transformación de los espacios públicos, busca generar cambios en la manera en que la gente participa y ocupa su territorio.
 
A eso responde Libera Tu Mono, club viñamarino pionero a nivel nacional, cuya misión es promover el desarrollo y la práctica del slackline y otras expresiones como el parkour, el breakdance, la calistenia, el malabarismo y el yoga. Actividades enmarcadas dentro de una cultura emergente que, según afirman los integrantes de dicha institución, revolucionarán al mundo con una visión del cuerpo y del grupo totalmente diferentes.
 
Originalmente, el slackline surgió en el valle de Yosemite, Estados Unidos. Allí, un grupo de escaladores comenzó a utilizar sus materiales para andar sobre ellos como una forma de entrenamiento. Con el tiempo, este incipiente deporte fue evolucionando hasta derivar en lo que es hoy en día, una disciplina que posee distintas modalidades como el trickline (línea de trucos), el highline (en altura) y el longline (línea larga).
 
Hace poco menos de diez años, este deporte llegó a Chile alcanzando niveles insospechados. “Estamos a la par con países como Estados Unidos, Alemania y Francia. Somos exponentes mundiales”, asegura Adolfo Delgado, miembro fundador de Libera Tu Mono y rider del equipo profesional Wild Liners.
 
LA PERSEVERANCIA COMO FILOSOFÍA
 
Adolfo lleva cuatro años practicando una actividad que, según sus propias palabras, “debe mantener un equilibrio, tanto físico como mental”. Gracias a un amigo, se animó a subirse a la cinta y a partir de ahí no se bajó más. Al principio le costó bastante, pero tras levantarse una y otra vez, alcanzó el nivel que lo tiene dentro de los mejores representantes a nivel regional y nacional.
 
¿Qué fue lo que te cautivó para practicar el slackline?
A mí siempre me han gustado las cosas distintas y casi nadie hacía este deporte cuando yo partí. Lo encontré súper entretenido. Me subí a la cinta y no podía dar un paso, pero eso me alentaba a seguir. Lo veía como un desafío y sentía que me ejercitaba mucho. Quería ver qué tan lejos podía llegar.
 
¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje?
Yo creo que me demoré unos seis meses en dominar la cinta y unos dos años para estar en gran nivel. La perseverancia es algo clave y que se repite permanentemente en este deporte. En el fondo, el slackline es como la vida, en donde aprendes a gatear, caminar, trotar, correr y saltar. La cinta es como aprender a caminar de nuevo.
 
¿Recomendaciones para aquellos que se aventuran en este deporte?
Primero que todo no hay que tener miedo. No puedes vacilar en tirar trucos. Asimismo, hay que tener constancia. Hay gente que no es tan hábil como otros, pero con perseverancia igual se logran las cosas. Si te caes, tienes que levantarte de nuevo, y esa filosofía se puede aplicar a muchas otras aristas de la vida. Al final, tiene que ver con competir con uno mismo y superarse constantemente.
 
SLACKLIFE
 
En la práctica de este deporte, Adolfo encontró una vía de escape a sus problemas. Un espacio en el cual todo cobró mayor sentido y donde descubrió un grupo sumamente humano. “Hace un par de años, yo andaba en una especie de crisis existencial y de repente llegó el slackline a mi vida. Me sacó de todo lo malo y me fortaleció física y mentalmente”, recuerda.
 
Hay quienes dicen que a través del slackline uno entra en un estado de meditación. Un ejercicio en el cual es necesario mirar un punto fijo adelante y alcanzar un altísimo nivel de concentración. “Todo radica en el equilibrio y eso lo puedes llevar a cualquier esfera del día a día”, asegura este deportista local que ya ha ganado importantes campeonatos como El Retorno del Sol en Maitencillo (2012), Bouncing Challenge en Santiago (2013) e, incluso, un torneo realizado el año pasado en Rosario, Argentina.
 
¿Cuáles son las modalidades que más te acomodan en este deporte?
El trickline y el highline son las que más practico. Yo empecé con el trickline, pero me tiene un poco estancado, quiero buscar algo más allá y el highline te permite eso.
 
¿Sientes que tocaste techo en el trickline?
No creo, pues nunca se deja de aprender. Pero el highline siempre es distinto. Cada vez que te subes en altura es como una primera vez. En cambio, en el trickline uno va al mismo lugar de siempre y es algo más cotidiano. El highline es mucho más que caminar en altura. Necesitas de mucha más concentración, ya sea en tu respiración, en tus pasos y en cómo reacciona tu cuerpo.
 
¿Cuál es el desafío más atractivo que has hecho en highline?
Creo que uno en Lampa, con un highline de cincuenta metros de alto y sesenta de largo, de cerro a cerro. Esa fue una experiencia cautivadora y muy difícil. Ahí usamos arneses que te mantienen atado a la cinta, aunque hay algunos locos que lo hacen sin nada.
 
¿Y qué tal el highline sobre el río Cachapoal?
En ese son cerca de treinta metros de alto y la distancia se regula porque estás entre el puente nuevo y el viejo, entonces puedes poner cintas paralelas también. Lo entretenido es que pasan camiones y mueven todo el puente.
 
¿Algún sueño que tengas en mente con el slackline?
Mi sueño ya lo estoy cumpliendo. Creo que me gustaría armar un centro que capacite a la gente y tenga alianzas para masificar este deporte. Tiene que ver también con mi participación en Libera tu Mono, que ya está en colegios y universidades, con grandes proyectos en pos de la comunidad y de los mismos riders.
 
ENTRE MONOS
 
A principios de 2012, Libera Tu Mono vio la luz en materia legal, obteniendo personalidad jurídica bajo el alero del Instituto Nacional del Deporte. No obstante, este grupo de amantes del slackline ya llevaba un par de años reuniéndose y realizando distintos tipos de actividades. Tras utilizar dos lugares previamente (uno de ellos destruido por una marejada), finalmente lograron el permiso para instalarse en la Playa del Deporte. Así, se apropiaron de un espacio que buscan que sea público y perdure en el tiempo, abierto para quienes se aventuren a practicar esta disciplina.
 
Se trata de un club sumamente cohesionado, cuyo modelo de organización aborda cuatro grandes áreas, que van desde la organización de diversos eventos hasta un proyecto educativo que aboga por la inclusión de talleres de slackline y deportes alternativos en escuelas municipales. Un sistema que, debido a su éxito, ya está siendo replicado en otras partes del país.
 
¿Por qué le pusieron ese nombre?
Porque viene de expulsar el mono que uno lleva dentro. El mono es toda esa energía que quizá uno tiene reprimida, esa locura sana que la sociedad no te permite manifestar mucho, el niño que uno tiene adentro. Tiene que ver con liberar tu yo, ser tú mismo.
 
¿Qué beneficios trae aplicar el slackline a los más pequeños?
En los colegios se ocupa mucho para ayudar a los niños con problemas de déficit atencional y de sociabilidad. El slackline los hace integrarse, superarse y saber que hay una meta y que se puede lograr. Además, sirve para sacarlos un poco de su realidad.
 
¿Han recibido apoyo por parte de las autoridades?
Libera tu Mono es súper respetado. Nos buscan mucho para estar presentes en colegios y armar distintos eventos, ya que saben que nos preocupamos harto por la comunidad y que buscamos el bien común.
 
“El slackline es como la vida, en donde aprendes a gatear, caminar, trotar, correr y saltar. La cinta es como aprender a caminar de nuevo”.

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