Tell Magazine

Reportaje » Fotoreportaje

EDICIÓN | Mayo 2011

Aventura Austral

Rutas patagónicas

Rafael Gómez tiene 23 años y es estudiante de medicina. A principios de año tuvo la genial idea de hacer algo especial con sus vacaciones: Un viaje en solitario sobre su bicicleta por lugares prácticamente vírgenes del sur de Chile. Desde Coyhaique a Punta Arenas. Una verdadera experiencia de vida que nos irá regalando en exclusiva para Tell Magazine.

Por Rafaél Gómez S./ fotografía Rafael Gómez S.

4 enero 2011

Pasé la noche de largo ordenando. El equipo necesario para dos meses de travesía tiene que ser bien seleccionado, debido a que el peso y volumen es fundamental. La multifuncionalidad de la ropa es importante pensando en que todo tiene que caber en una mochila y en las alforjas. Cuando eran las 6 am intenté imprimir unas tarjetas de agradecimiento, pero como Murphy es el mejor amigo de las impresoras, esta no funcionó esa mañana.

En el aeropuerto me encontré con mi profesor de montaña, José Luis Guzmán, y me contó que había sido profesor de los carabineros de frontera, que les enviara saludos, (durante el viaje pasaré por al menos 3 puestos fronterizos).

El vuelo en Sky fue perfecto, al llegar a Coyhaique, me hospedé en casa de un ciclista de Warm Showers, una asociación de ciclistas que se ayudan mutuamente cuando viajan. Ofrecen: alojamiento, comida, una ducha caliente, un tour por la ciudad, etc. Me quedé en la casa de Shayeñ, una chica, que con su novio Diego, recorrieron Inglaterra en bicicleta con este sistema, el cual funciona a la perfección en Europa. Ellos y su familia me trataron increíblemente bien.

Esa tarde, toca armar la bicicleta y montar el equipaje. Empiezo con la bicicleta, iba todo bien hasta que no encuentro los tornillos para la parrilla delantera, y mi bombín no funciona. Recurro a la única tienda de bicicletas en Coyhaique: “Figon” (un oasis en el desierto para los ciclistas que van por la carretera austral).

5 Enero 2011

Por la mañana a las 10 am, me dirijo a la Reserva Nacional Coyhaique, que se encuentra a un par de kilómetros al noreste de la ciudad. Ingreso gratis, luego de mostrar la carta de Conaf que apoya mi proyecto, ¡funcionó!

Son aproximadamente 15 km de senderos los que recorreré. Comencé por un sendero por bosques de coigues y lengas, pasando por pequeños arroyos y lagunas. Me encontré con una pareja de carpinteros, que por las ganas de mirarlos, me demoré en fotografiarlos y no logré hacer una buena toma. A veces es mejor contemplar que andar fotografiando todo.

Luego el sendero empezó a tomar altura, el sol estaba pegando fuerte, esto último hace aparecer a los tábanos. Estos insectos, que parecen moscas del tamaño de una abeja, salen en esta época, sobre todo cuando no ha llovido. Me tocó un mal día porque me acompañaron durante las ocho horas de caminata. Eran cientos. Y no queda otra que acostumbrarse a que te piquen.
El sendero al ganar altura se convierte en un perfecto mirador con vista a la ciudad de Coyhaique. Desde aquí se puede acceder a la cumbre del cerro Cinchao de 1361 metros de altura. El terreno es de montaña, rocoso sin vegetación, el bosque quedó abajo. El camino se sigue por unas marcas de madera de dos metros de alto, como trípodes. Durante el descenso, los tábanos siguen conmigo, ya son mis amigos. De un momento a otro me encuentro inmerso en un bosque de lengas, cubierto por las clásicas Barbas de Viejo: líquenes (asociación entre alga y hongo) que solo se encuentran en aires extremadamente puros, y no dañan al árbol.

Ya eran las 7pm y estoy en la caseta del guarda parques conversando. Me cuenta que en la reserva una vez estuvo el príncipe William y que últimamente a estas reservas pequeñas las tienen de lado en el sentido financiero.

07 Enero 2011

El padre de Shayeñ tiene una imprenta e imprimió mis tarjetas de agradecimiento. Quedaron increíbles, además me dio muchos datos de lugares y personas a lo largo de la ruta. Salí de Coyhaique tipo 9 am, el camino es de asfalto hasta Cerro Castillo. Son cien kilómetros. La salida sur de Coyhaique es hermosa, un murallón de roca de varios colores, una cascada, ganado a los costados, subidas y bajadas hasta llegar al cruce que va hacia Balmaceda (donde se encuentra el aeropuerto) y por otro lado hacia el Sur.

Continué hacia el sur. Estaba seguro que era recto hasta darme cuenta que pedaleaba con el cambio más liviano de la bici y que a mi costado derecho el rio Ibáñez iba en dirección opuesta… voy subiendo. Mis primeros ochenta kilómetros los sufrí y se hicieron interminables, al punto en que uno se pregunta, ¿podré con el resto? Pero empieza la bajada y es una felicidad indescriptible, me siento como si hubiera ganado la etapa del Mount Ventoux en el tour de Francia. Y no era un bajada cualquiera, era la “Cuesta del Diablo” que lleva hasta Cerro Castillo, a más de setenta km por hora. Soy feliz.

Al llegar a la Villa Cerro Castillo me dirigí al hostal “el Castillo” donde el año 2008, mochileando con un amigo, nos quedamos ahí gratis por pintar unos baños de color rosado. Me dieron alojamiento y comida. Estaban felices de verme. Ellas ahora tienen el teléfono de la Villa en su casa y lo que en un principio fueron dos baños ahora es un hostal con cuatro piezas. Me contaron que al día siguiente había rodeo, así que de ahí somos.

08 Enero 2011

El rodeo de la Villa Cerro Castillo, al parecer es importante, porque viene gente hasta de Chillán y Rancagua, increíble. Es un deporte brusco pero finalmente demuestra habilidades que son necesarias y utilizadas por el hombre campo, que a la gente de la ciudad como nosotros nos cuesta entender.
Luego, ya en el camino, me encontré con la pareja de San Francisco que había conocido en la casa de Shayeñ, los acompañé, iban a acampar en un terreno cerca de la carretera. Mientras ponían la carpa, me dirigí a la cueva de las manos, que es un murallón de piedra con manos pintadas por Tehuelches hace mas de 6000 años, hay manos positivas y negativas (manos tal cual y otras que son los contornos de ellas), además de la famosa Guanaca, símbolo de la región de Aisén.
Luego de la cueva tomamos un vino con la pareja de San Francisco. Ellos han recorrido muchos lugares en bicicleta y ya decidieron que luego de la Patagonia continuarán en Japón. ¿Por qué Japón?, pregunté. ¿Por qué no?, respondieron.

Después supe que a los diez minutos de su arribo a tierras niponas, comenzó el terremoto recién pasado. Ellos se encontraban dentro del aeropuerto. Felizmente no les pasó nada grave, pero la embajada de EEUU les recomendó abandonar el país. Están buscando un nuevo destino de viaje.

9 enero 2011

Finalmente partí hacia la reserva Cerro Castillo. Durante la caminata por este sendero, no encontré a nadie. El camino va en ascenso hasta llegar a un portezuelo pequeño desde donde se ve abajo la laguna. Bajé a la laguna, armé mi campamento y me di un baño. El agua era verde esmeralda y muy fría, venia directamente del hielo sobre el Cerro. Luego a preparar comida. Son estos los momentos en donde recuerdo que estoy solo.

10 enero 2011

Desperté y caminé a hacia unas cascadas a un par de kilómetros. ¡Impresionantes!, aquí encontré a una pareja de Brasilia que hacían el trekking, eran geólogos. Luego regresé a desarmar el campamento, tomé un segundo desayuno y partí en dirección suroeste hacia el paso de altura que me llevaría al campamento Neozelandés.

El paso es lindísimo, terreno de rocas afiladas de tonalidades oscuras en el piso, una vista sobrecogedora justo frente al Cerro Castillo con su glaciar. Hacia el otro lado, muy abajo, se divisa a lo lejos la carretera austral, alejándose. En este lugar se puede sentir el viento tan fuerte que parece que te tomara y luego te soltara, haciendo este tramo un poco peligroso. Deseé tener mis bastones de trekking para el descenso.

Bajando por las rocas, intento buscar el punto GPS que el mapa indica como “bifurcación”. No puedo encontrarlo y decido seguir la señalética internacional que hay en las rocas. Son marcas de color blanco y rojo que indican el camino.

Intento seguir el sendero que se pierde a ratos, sigo unas huellas, pero finalmente no lo encuentro. El mapa me dice que debo perder altura, acercarme al río y luego subir nuevamente. Hacia abajo diviso un claro que parece tener la continuación de la huella, pero solo hay unas pisadas que llevan a nada. No era el camino. Traté de no desesperarme ni tomar riesgos innecesarios, así que me guié por el mapa y me interné entre arbustos siguiendo rio arriba. Por unos cuarenta y cinco minutos estuve perdido. ¡Por suerte vi una cinta en un árbol! (las cintas indican camino) y encontré el sendero.

Finalmente fui a dar a un campamento, que según las características debía ser el Neozelandés, pero según el mapa, no había campamento en este lugar. Bueno, hora de descansar. En el campamento había cuatro carpas de israelitas bastante simpáticos con los que compartí la cena.

11 enero 2011

Subí a la laguna Duff, que es una laguna de altura, proveniente de glaciar y con hielos flotando en la superficie. Me encontré en el camino a los brasileros, quienes me contaron que tampoco encontraron los puntos GPS, que el mapa está muy malo, de hecho, el campamento NeoZelandés no es donde yo acampo. Ellos son geólogos, les creo.
El lugar es muy lindo, la laguna se encuentra rodeada de montes con formas puntiagudas que parecen torres, es increíble, me quedé contemplando el lugar más de dos horas. Era la montaña y yo. Perfecto. Luego bajé a mi carpa, comí fideos y continúe bajando. En el trayecto encontré a una pareja de israelitas, Johel y Roni, que estaban en el campamento. Juntos nos dirigimos a un bus convertido en puesto de comida rápida y me comí un churrasco con palta, tomate, lechuga, queso y huevo. Increíble.
Donde alojaba, me piden que les ayude a hacer pizzas, como es comida del norte, yo era el experto. (Nótese que aquí Puerto Montt se considera norte). Ya es de noche y llueve a cántaros.

12 enero 2011

Me levanté 9:30 sin sueño, sin lluvia. Hoy el pedaleo toca duro. Son 75 km de Cerro Castillo al puente Traiguanca, la meta de este día. Preparé las cosas, descargué las fotos, comí algo y de un momento a otro ¡eran las 12:30! Partí pedaleando y a los cien metros ya pensaba en regresar. Había un viento en contra infernal. En las rectas me tuve que bajar varias veces de la bici para empujarla. Horrible. Avancé muy lento durante horas. Y muchas veces pensé en volver. Una de las cosas que no encontré fue el imán del cuenta kilómetros, así que iba cien por ciento al ojo.

Llegué a la altura del bosque muerto (donde se aprecian los daños de la erupción del volcán Hudson en los ‘90) En ese mismo lugar, se puso a llover muy fuerte, eran como las 5pm.

Una hora más tarde hice parar a una camioneta de vialidad y pregunté por el puente. El conductor me contestó que el puente se encontraba a 10 km. Muy bien pensé. Llovía y llovía, seguí hasta las 7:20pm y nada. Un poco más tarde tipo 8pm, una camioneta se detuvo, y me dijo que me faltaban 20 km para el puente! Significaba que en todo el día a penas había pedaleado 55 km. Se dirigían al sur, ofrecieron llevarme hasta Puerto Tranquilo. Eran muy simpáticas, iban a trabajar con ovejas, una señora y una niña de la Universidad Austral, ambas agrónomas, muy buena onda. Me salvaron. Para estas situaciones fueron pensadas las tarjetas de agradecimiento, cuando alguien te ayuda y tú no tienes algo que dar a cambio.

Llegué estilando a Puerto Tranquilo, y me dirigí al Hostal Costanera, otro dato de Don Oscar de Coyhaique. Me tenían preparada una pieza con baño. No lo podía creer. De estar tiritando, empapado, con hambre, en medio de la nada, a estar en una ducha caliente, ¡guau! no hay sensación mejor en el mundo. Aprendí que hay que salir más temprano a pedalear y que hay que almorzar, por mucho que sea un poco triste cocinar solo.

Mientras comía, conocí a los Matus y sus sobrinos, una familia chilena que estaba sentada en la mesa de al lado. Me invitaron a comer su asado de cordero con un vinito, y luego un whisky con hielos que habían traído del ventisquero. Como rey.

He visto a otros ciclistas, italianos, franceses, españoles y norteamericanos, pero ninguno chileno. Por la tarde me consiguieron una visita a las impresionantes Catedrales de Mármol, formaciones de este material, que emergen de las aguas turquesas del lago General Carrera. Fuimos en el bote de Lucho, el único con techo. Buena decisión lo del techo, ya que en las catedrales tuvimos un clima hermoso, pero el regreso fue bien movido y sin techo hubiera sido un baño.

Por la tarde conversé con Francisco Croxatto, con quien iré a escalar en hielo el día siguiente. Es hora de dormir, queda mucho por delante.

DATOS
http://www.warmshowers.org/ pagina de ciclistas
http://www.patagoniaventura.com/ pagina de el padre de Shayeñ
http://www.hostalcostanera.cl Pagina del Hostal Costanera en Puerto Tranquilo
http://carimikebike.blogspot.com/ Pagina de amigos de San Francisco

 

Otros Reportajes

La Dama Blanca
Recorriendo
» Ver todas los Reportajes


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación9+4+8   =