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EDICIÓN | Junio 2014

Provocador

Diego Martínez Roca, escultor
Provocador
Sus piezas fundidas en bronce hablan de excesos, erotismo y desenfreno. Apostadas sin orden, habitan no solo su casa y el taller; también lo hacen en su imaginación. Censura, Ludopatía, Des nudo, Es clava, no dejan a nadie indiferente. Según los que saben, es uno de los pocos que se ha atrevido a desarrollar un realismo mágico en sus trabajos, tal como bautizó a sus obras el escultor nacional Roberto Grimberg.

por Macarena Ríos R. / fotografía Vernon Villanueva B.

Dueño de un discurso sumamente erótico, Diego cultiva algo más que el bajo perfil desde su casa en Casablanca. Sus esculturas han pasado por diversos estilos y tendencias. Primero fue la madera la que vistió sus obras, luego el fierro y más tarde el bronce. Si bien en un principio sus trabajos tuvieron un dejo a Rodin, hoy hablan por sí solos.
 
Pero el arte no llegó de inmediato, aunque al principio coqueteó con la idea de ser artista y participó en algunas exposiciones colectivas —Taller de Javier Stitchkin, Centro Cultural de Casablanca, Galería Ana María Matthei—, tuvo que correr bastante agua bajo el puente para volver a los orígenes y recuperar el equilibrio. Estudió fotografía, trabajó como guía de pesca, hizo un curso técnico en lechería, tuvo un coto de casa, crió faisanes, viajó a la India.
 
La temprana muerte de su madre caló hondo en este artista que se pasea con jeans y polera blanca bajo el sol del mediodía. Hace tres años retomó el oficio de escultor. Un periodo tremendamente fecundo que ya lleva treinta obras a su haber.
 
¿Se nace artista?
Se nace artista. Pero hay mucha gente que tiene talento y lo desperdicia y también existen quienes sin tenerlo trabajan tanto que logran cosas impensadas. La perseverancia es más fuerte que el talento.
 
¿Referentes?
Al principio fue Rodin, pero hoy lo es el escultor español Casto Solano, a quien admiro mucho.
 
ESCULTURA PREMONITORIA
 
Disperso y erótico como sus obras, Roca —el apellido de su madre con el que firma sus creaciones— dice que la sexualidad ha movido su existencia durante muchos años, que no vive de los elogios y que la vida es tragicómica, “por eso me gusta tanto Los Simpsons”.
 
Apostado en una de las mesas de su taller, nos muestra una pequeña escultura sin fundir de un niño de color rojo. Tiene su cabeza apoyada en uno de sus brazos, tapando sus ojos y parte de la cara. “No sé por qué esta escultura le encantaba a mi mamá. Tres meses después que la hiciera, ella murió de cáncer al pulmón”.
 
Hay un sello inequívoco de Diego en cada una de sus esculturas. “La imaginación no murió con mi niñez”, sentencia. En el living de paredes blancas de adobe y cálidos muebles de madera hay una vaquera hecha en bronce, con un plátano en vez de pistola y una bomba de tiempo detrás de uno de sus pies. “El duelo simboliza cómo nos enfrentamos en la vida a situaciones límite absolutamente desarmados”.
 
Afuera, bajo la luz del sol, se alza La carnada, una escultura de Cristo, con una visión muy particular del artista que fue muy comentada durante su última exposición, ExpoArte, en Santo Domingo: “a través de los anzuelos intento interpretar que Cristo fue una carnada de un pensamiento”.
 
¿Por qué el bronce?
Porque es un material noble, imponente, que implica un desafío mayor. Además, el plus de color que puedes llegar a lograr con las pátinas, son increíbles. Las luces en la escultura son claves, y el cómo expones una escultura es primordial.
 
¿La escultura más desafiante?
La cara de un tío. No es que me lo propusiera, pero cuando me fui a despedir de él antes de que muriera, su imagen quedó grabada en mi cabeza. Fue muy duro verlo de ese modo. Su cara huesuda, expresiva, fuerte, me recordaba a las que hace Rebeca Matte. Nunca me voy a olvidar de su expresión.
 
¿Tu obra maestra?
El ruedo. Creo que ha sido la escultura con la que he logrado mejor el movimiento.
 
¿Qué representa el torero?
Hay muchos oficios, pero toreros hay pocos. Hay muy poca gente que es capaz de burlar los obstáculos de la vida y eso es justamente lo que veo en un torero: se enfrenta a la muerte, al ego y a mil cosas diariamente. Por eso me gusta.
 
INSPIRACIÓN
 
El paso a paso de una escultura es difícil y conlleva varios trabajos a la vez. Primero se hace la escultura en arcilla o plasticina, luego hay que mandar a hacerle un molde, de ese molde se saca una cera que debe estar impecable, luego se funde con el fierro. La gracia con las obras de Diego es que son totalmente hechas por él.
 
“El modelado, la cera, tiene miles de pillerías que aprendí en la práctica y no en la universidad. Si a mí me hubieran enseñado que las ceras se pueden doblar, que las puedes volver a hacer, me habría ahorrado mucho trabajo”.
 
¿Tu creación es permanente?
Nunca se termina de aprender.
 
¿El mejor momento para crear?
Cuando llega la noche.
 
¿Qué te inspira?
Todo, la vida, la gente.
 
¿Qué sueñas?
Si fuera rico, tendría muchas esculturas en el jardín de mi casa de todos los materiales posibles. No sirve mostrar las esculturas en foto. No es lo mismo que verlas en vivo y en directo.
 
¿A quién admiras?
A mi madre, siempre.
 
¿Tu próximo paso?
Trabajar en piedra.

 

 

“Hay mucha gente que tiene talento y lo desperdicia y también existen quienes sin tenerlo trabajan tanto que logran cosas impensadas”.

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