Si hay algo que está haciendo ruido en el mundo vitivinícola de Chile y el extranjero, son los Movis, asociación de viñateros independientes, creada hace poco más de dos años con el fin de unir a quienes comparten la misma pasión: la de fabricar el propio vino y con sus propias manos. Actualmente, son veinte socios, quienes han ido cambiando la concepción tradicional del vino comercial, hecho por las grandes empresas, a los que estos amantes de las parras fabrican.
Por María José Pescador D, fotografías Danny Bolívar U.
No todos son enólogos, ni agrónomos, ni jóvenes emergentes. No todos cuentan con sus propios viñedos, tampoco son todos chilenos, algunos fueron parte de grandes viñas y otros tienen un trabajo paralelo para mantener el sueño que los une a todos, y que juntos comparten a través de MOVI: el tener su propia viña, pequeña, a veces orgánica, otras de garaje, y algunas con procedimientos más tradicionales. ¿La gracia? Cada viñatero trabaja solo, o con la ayuda de sus familiares, con el fin de crear vinos no comerciales sino que auténticos y honestos, que develen sus propias personalidades y que tengan un sabor único y una historia de perseverancia y amor por la tierra. Aquí, no hay departamentos de marketing, ni de operaciones, ni de contabilidad, no existen los subgerentes, ni los <em>export manager</em> ni tampoco las secretarias.
Felipe García (34) -actual Presidente de MOVI- estudió agronomía en la Universidad de Chile, con especialización en enología. Trabajó por años como enólogo jefe en dos de las más grandes viñas del país, además, fue el director de la Asociación Gremial de Ingenieros Agrónomos Enólogos de Chile. Su señora -Constanza Schwaderer- también es enóloga, y juntos, hace algunos años y en forma paralela a sus trabajos, decidieron darle vida a su sueño y crear un vino propio: Bravado Wines. "Nosotros sabíamos que todo el esfuerzo, el cariño, y el profesionalismo que otorgas trabajando para terceros, puede llegar a ser, en cualquier momento, prescindible. Hoy en día, los enólogos son súper sustituibles en las viñas".
De esta manera y poco a poco, fueron insertándose en la industria de los viñateros independientes, hasta que Felipe conoció a Sven Bruschfeld, quien había dejado su trabajo en una viña grande para dedicarse a la suya propia: Polkura. Viendo que no eran los únicos y que había un nicho importante de proyectos individuales, decidieron formar la asociación MOVI, exclusiva para pequeños productores y amantes del procedimiento vinífero.
Luego de varias reuniones, finalmente, en febrero del 2009, se crea esta nueva organización en Chile, la que se inicia con doce socios, y que es completamente distinta a otras que existen en el país, como Wines of Chile o el gremio de los enólogos. Diferente, porque para estar dentro del grupo es necesario contar con ciertas características específicas, las que se discuten a nivel de directorio, formado por siete viñateros encabezados por su presidente: "el dueño debe estar involucrado en todos los procesos de su viña, desde el viñedo hasta la venta de su vino, y no puede producir muchas cajas, porque quien produce harto, no puede estar con los ojos y las manos en la masa".
Debido a esto, y por temas de conflictos de intereses, Felipe dejó su trabajo oficial para dedicarse única y exclusivamente a lo propio. "Hay un tema de celos que ahora lo entiendo mejor, porque mientras el departamento de marketing de una viña invierte veinte millones de pesos para tener diez publicaciones anuales en los medios, el enólogo jefe de la viña obtenía lo mismo, pero de forma gratuita y con su propio vino".
<strong>¿A qué crees que se debe esto?<br /> </strong>A que los socios de Movi tienen algo que no existe en la industria chilena vitivinícola, que es el ponerle una cara visible a cada uno de sus vinos.
<strong>¿Las viñas de MOVI, en qué categoría de tamaño entran, en comparación con las demás?<br /> </strong>Chile tiene la concentración más alta de todos los productores de vinos del mundo, existen unas trescientas viñas que exportan. Si sacamos un promedio de caja exportada por cada viña se producirían cerca de trescientas mil, cuando en Italia o Francia se producen entre dos mil o tres mil cajas por viña. Entonces, nosotros somos cien veces más grandes que otros países productores. Por lo mismo, en Chile se habla de una viña chica cuando esta produce sesenta mil cajas al año. Nosotros, como MOVI, no tenemos categoría, cada viña de las nuestras produce al año quinientas o mil cajas...
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<strong>BARRERAS DE GIGANTES</strong>
La diferencia de trabajar en una gran empresa y en una en donde todo lo hace el dueño, está a la vista. Estos viñateros andan en polera y jeans, con los bototos o zapatillas llenos de barro, y las manos curtidas por el trabajo en la tierra. "El crear nuestro propio vino fue responder, también, a la necesidad de hacer un vino que nos gustara al ciento por ciento, para sentirnos felices, sin presiones comerciales, ni tener que guiarte por lo que te dice marketing, o bien andar dando explicaciones a terceros de lo que haces", comenta Felipe.
El presidente de MOVI cuenta que, en un principio, y junto a su mujer, no pensaron en cómo harían la difusión o comercialización de sus vinos, sólo querían diferenciarse a través de la adquisición de uvas únicas que compraron en distintos valles -del Itata, del Loncomilla, y de Lolol- y a diferentes y pequeños productores, para luego vinificar en la viña Gillmore, de su amigo Andrés Sánchez, hoy parte también de MOVI. "Entonces tenemos lo tradicional y lo moderno. La concepción del vino es que fuera bien estructurado, fresco y con harta acidez".
Pero claro, con la experiencia de Felipe y Constanza en el rubro vitivinícola, la difusión llegó sola; rápidamente los medios especializados se enteraron de esta nueva apuesta. "Fue algo bien natural", comenta este enólogo, quien produce veintiséis mil botellas al año, y las que exporta a Brasil. Pero no todo ha sido fácil. Para mantener el tema del vino, Felipe hace asesorías, las que junto al trabajo de Constanza en el área de marketing de una empresa, les permite invertir y mantener a la familia.
Sin embargo, para Angélica Grove y Andrés Costa -vicepresidente de MOVI- entrar al mundo de la enología antes de pertenecer a esta organización fue más que difícil. Angélica cuenta que por una decisión familiar se fueron a vivir, hace más de diez años, a Lonquén. Como una manera de acercar a sus hijos a la naturaleza y con los conocimientos que tenía Andrés, quien al fabricar estanques de vinificación estaba en constante compañía de enólogos, decidieron comprar las dos parcelas que había detrás de su casa, con el objeto de crear la propia viña. "Mi marido es fanático del tema, y ambos tomamos un curso para aprender más. La idea prendió porque hacer vino es un oficio y buscamos de esta manera educar a nuestros hijos con lo natural, con el aire limpio y que vieran cómo nace de la tierra algo que es tan noble y termina en un producto final".
Angélica es paisajista de profesión; produce desde el año 2000 (la primera cosecha fue en 2004), los vinos que bautizaron como Rukumilla (pechos de oro), una viña orgánica y garaje que produce un solo tipo de vino, ensamblaje de cuatro cepas que se dan en dos hectáreas de plantaciones.
Rukumilla es un vino que se hace detrás de la casa de sus dueños; a ese estilo se le llama garaje, muy utilizado en Europa. "Aprovechando la tecnología que tiene mi marido, hicimos estanques pero más chicos, de mil o mil quinientos litros, con todas las válvulas y las cosas necesarias, pero todo en "pequeñito". Así producen cuatro mil botellas al año, en donde hasta la cosecha se hace en familia, y con ayuda de los vecinos.
<strong>¿Cómo fue, en un principio, la difusión de tu vino?<br /> </strong>Muy difícil. Cuando empecé a hacer toda la gestión comercial, me di cuenta de que a nadie le interesa una viña chica, no participas en nada, no tienes voz ni voto. Es mal visto que el vino lo haga uno y en su casa, de modo artesanal, esto la gente lo asocia con algo mal hecho, pero eso está cambiando.
<strong>¿Te sentiste discriminada?<br /> </strong>Es que al final te cierran un poco las puertas; asistir a una feria es imposible, los costos son enormes, porque todo está hecho para las viñas grandes. El rubro es muy cerrado, siempre los mismos enólogos, las mismas viñas, los mismos espacios... El año pasado logré entrar a la Paula Gourmet, y estaba en un puestito chico y al lado las grandes viñas regalando de todo; yo no puedo hacer eso, por lo mismo llamé más la atención, la gente pregunta, se acerca, y te felicitan... este es un vino con amor, no es comercial, no es un negocio.
<strong>¿De qué manera te ha ayudado el haberte integrado a MOVI?<br /> </strong>Me ha ayudado mucho, primero el sentir que no estoy sola, que hay más gente que está en lo mismo que uno, me he sentido totalmente identificada. Nosotros no tenemos enólogo, y a pesar de que dentro del movimiento sí hay enólogos súper reconocidos, nos aceptaron igual porque encontraron que nuestro vino posee alta calidad, que es una de las bases para pertenecer a la organización. Todos los <em>Movis</em> tenemos un nivel de vinos bien exigente, los que hacemos con cariño y cuidado. Es algo que disfrutamos.<strong></strong>
<strong>¿Además de eso, qué beneficios te ha aportado en cuanto a difusión?<br /> </strong>Muchos, por ejemplo, juntos como MOVI podemos participar en ferias, y compartir los gastos, porque para uno es imposible pagar un millón de pesos por estar en una feria o degustación. Además, hemos generado una solidaridad increíble entre todos, aquí no se pelea por quién tiene el mejor vino, eso a nadie le importa...
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<strong>LA UNIÓN HACE LA FUERZA</strong>
Sin dudas que la mentalidad del chileno y aún más del extranjero, ha ido cambiando; ahora el concepto de las pequeñas viñas llama mucho la atención, genera curiosidad. Hoy, los veinte socios de MOVI se mueven en conjunto para elegir en qué ferias deben participar al año, tanto en Chile como en el extranjero. "El cliente de hoy se aburrió del lujo, ellos quieren ser partícipes de lo tuyo, quieren conocer tu casa, cómo haces el vino, por qué lo haces; la gente quiere vivir de la experiencia. La idea es presentarle al mercado productos nuevos, y no hacer sólo los productos que te pide el mercado", comenta Angélica.
A poco más de dos años, este grupo ya ha sido portada de revistas especializadas, los han entrevistado en distintos medios; además, este año asistieron al "Annual Chilean Trade Teasting 2010", que se realiza todos los años en Londres, en donde tuvieron la posibilidad de ser testeados por Jancis Robinson, periodista especializada en vinos, y quien le otorgó puntajes sobre quince (en una escala de veinte) a todos los vinos de MOVI. Por otro lado, también tuvieron muy buenas críticas del reconocido periodista Tim Atkins.
"Nosotros mostramos la variedad, somos un grupo súper unido, en donde cada uno tiene su onda. En MOVI hay espacio para todos", cuenta Sergio Avendaño, agrónomo y enólogo de la PUC, actual tesorero del grupo y quien hace Trabún (lugar de encuentro), a partir de sus propios viñedos, que se reparten en quince hectáreas, de un campo familiar ubicado en Requínoa, Rancagua.
Luego de viajar por el mundo y rescatar la experiencia de las vendimias de Australia, Nueva Zelanda, California y Francia, Sergio volvió a Chile para incorporarse a una reconocida viña, en donde se dio cuenta de que el trabajo de escritorio definitivamente no era lo de él. Lo suyo era estar en contacto con la tierra, ver crecer y mantener sus parras, hacer su propio vino, y así fue. Este enólogo se dedica a realizar todos los procedimientos solo, menos a la hora de cosechar, cuando lo ayudan seis campesinos. "El día en que yo tenga que poner a trabajar a más gente, se acaba Trabún. Hacer vino es un estilo de vida, y eso marca la diferencia, uno le pone un sello personal, distintivo y eso es lo que te distingue de las grandes empresas. En MOVI, los vinos tienen la personalidad de su creador".
<strong>¿Cuáles son los problemas que te ha ayudado a solucionar el estar dentro de MOVI?<br /> </strong>Varios. El acceso a los insumos más baratos, porque al producir tan poco (produce anualmente entre ocho mil y trece mi botellas) todo sale mucho más costoso; las etiquetas, por ejemplo, carísimas... Además me ha ayudado a difundir Trabún, participando en ferias y degustaciones.
<strong>¿Qué es ser MOVI?<br /> </strong>Es libertad de creación, y el no depender de ciertos insumos por el hecho de satisfacer el mercado. Nosotros fabricamos vino a escala humana, hacemos cosas distintas, tenemos nuestra filosofía de vida y eso se ve reflejado en cada viña, no somos competencia, somos compañeros, nos potenciamos y eso creo que ha sido lo que ha hecho que estemos en el ojo de la gente y de los periodistas especializados. Y es que siempre ha habido unas cuatro viñas que son las que dominan el mercado chileno; en cambio, nosotros ofrecemos algo nuevo, y eso llama a la curiosidad, las personas quieren saber quién está detrás del vino.
Para Felipe, la cabeza de la organización, lo que fue un sueño se está transformando en algo más. "Nosotros somos una pequeña revolución. Entre nuestros socios hay un geólogo, un médico, un fotógrafo, un conde, un ingeniero informático, un abogado, entre otros, que hacen su vino por afición, todos de tremenda calidad. Mi sueño, por ahora, es que cada socio pueda dedicarse al vino como forma de vida. Si logramos eso, vamos a ser tremendamente exitosos. La idea es que dejen sus trabajos paralelos para financiar el tema del vino y puedan, en el futuro, darle su tiempo exclusivamente a este. Si somos metódicos y ordenados, lo vamos a lograr".
<strong> ¿Otro sueño de vino?<br /> </strong>Uno ya cumplido, y es que hay cosas que sólo pueden hacer las viñas chicas: dentro de MOVI hay dos socios que son roqueros de corazón (se refiere a él y a Sergio Avendaño), y son fanáticos de ciertos grupos, como Rush. Entonces estos dos viñateros les mandaron sus vinos a Estados Unidos. Luego este grupo vino a Chile y los viñateros volvieron a insistir y les enviaron más botellas al hotel. Así, Rush nos mandó un video saludándonos y diciéndonos que los vinos estaban realmente "<em>delicious</em>". Además los <em>movies </em>que asistieron al concierto tuvieron la posibilidad de conocerlos en persona (orgulloso, saca una foto de su billetera, en donde aparecen abrazando a los integrantes de la banda).
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