Aunque hoy nos parece lógico, vivir en una ciudad es un tema nuevo para el hombre moderno. Sin embargo, esta atracción por las urbes se ha incrementado de tal manera que en un par de décadas, casi el setenta y cinco por ciento de la población mundial será “citadina”. Richard Burdett, una eminencia en la vida de ciudad, asegura que esta densidad de personas versus metros cuadrados puede convertirse en un desastre o en un sinónimo de gran desarrollo. Todo depende de una correcta planificación y armonización entre lo que existe y lo que trae el futuro.
El secretario ejecutivo, Alejandro Gutiérrez, me contactó para ser uno de los cinco asesores que trabajarán en el proyecto de CREO Antofagasta, porque soy especialista en el estudio de ciudades en el mundo. Fui asesor del alcalde de Londres, también en Génova, que es de un tamaño similar al de Antofagasta, también en Barcelona, que se asemeja a la situación de Antofagasta, en cuanto a la cercanía entre el cerro y el mar.
Los problemas de Antofagasta no son únicos en el mundo, lo especial de acá es su posición geográfica. Tiene el mar, una delgada franja de terreno y luego pronunciados cerros. Por un lado, es algo muy positivo porque tiene acceso al mar y vista a él por todos lados, pero, por otro lado, genera muchas restricciones. Puedo nombrar cincuenta ciudades que tienen una situación similar, por ejemplo, Barcelona es exactamente igual.
Uno de los beneficios de Antofagasta es que tienen una densidad poblacional baja; posee edificios de pocos pisos que tienen una distancia adecuada entre uno y otro. Hay bastantes sitios eriazos, tanto en el centro como cercanos al centro, las zonas militares, la zona cercana de la Universidad Antofagasta.
Lugares donde se desarrollan actividades importantes en la ciudad, pero algunos de ellos están actualmente vacíos y hay potencial para hacer nuevas aéreas residenciales, oficinas, nuevos servicios.
ANTOFAGASTA CRECE
Antofagasta debiera comenzar a desarrollarse y crecer desde adentro. Crecer a lo largo es algo muy negativo porque tiene un impacto altamente nocivo para el medio ambiente y la calidad de vida. Esto por la simple razón de que mientras más tiempo tarda la gente en llegar a su lugar de trabajo y mientras más personas usen sus vehículos privados, más tiempo se pierde de la vida y hay más daño ambiental por las emisiones de CO2. Para Burdett, en Antofagasta “hasta el momento ha habido una actitud muy relajada en términos de planificar, porque todos pueden hacer de todo y donde quieran”.
¿Cómo se puede mejorar esta situación?
Todas las lecciones aprendidas en los últimos diez años indican que hay que crear algo con un buen diseño y una buena conexión, con buen transporte público, con ciclovías y caminos para peatones, incluso fomentando el uso de funiculares como lo hizo Medellín, por ejemplo. Mientras más compactas sean las ciudades en cuanto al centro, mayor será la eficacia de la ciudad, y para ese lado debería ir el avance de Antofagasta.
¿Qué es lo que están haciendo actualmente con CREO?
Explorar en qué áreas de la ciudad existe el potencial de tener más casas, mejores espacios públicos, mejor acceso al mar, mejores servicios, como centros comunitarios, hospitales, pero sin extender la ciudad más hacia los lados. Los planos van a mostrar los siete lugares principales que hay; La Chimba (en el norte), el área de la UA (en el sur) y si se hace un buen diseño y un buen desarrollo, serían lugares fantásticos para vivir y trabajar cercanos al centro y no a dos horas de distancia.
¿Cómo se pueden ver estas mejoras de manera rápida y eficaz?
Hay una excelente oportunidad, pero solo se logrará si hay una buena conexión entre el sector privado y público. El rol de CREO incluye actuar como plataforma para el diálogo, entre la intendencia, la alcaldía, principales empresas y las instituciones de la ciudad como UCN, UA, Ferrocarril, entre otras.
¿Cree que el paso del ferrocarril en medio de la ciudad es algo positivo?
Cada ciudad tiene sus particularidades y la historia de Antofagasta va de la mano con el ferrocarril y el mar. Hay que diseñar soluciones al respecto para que el ferrocarril permanezca hasta cuando sea necesario, conviviendo armónicamente con el entorno.
Quizás en veinte años más haya otras vías para transportar el cobre, pero por ahora debemos manejar estos dos mundos teniendo, por un lado, un ambiente agradable, pero con un ferrocarril activo como parte de la economía de la ciudad.
¿Debería la empresa invertir en mejorar los alrededores de las vías del tren?
Tienen muy buenas ideas, podrían incluir áreas verdes. Por ejemplo, en Barcelona tenían el problema de una carretera que pasaba por la ciudad y diseñando algunos simples puentes y parques que pasan por arriba o abajo, crearon conexiones. La pregunta de quién financia, es en parte lo que hace CREO, generando nuevos medios de financiamiento para que algo como un parque asociado al ferrocarril pueda ser visto por la ciudadanía como algo positivo, donde varias empresas deberían invertir, incluida el ferrocarril. Esto es algo muy usual en ciudades como Londres, Berlín y Barcelona.
¿De qué manera la sociedad antofagastina puede aportar en el desarrollo urbano de la ciudad?
El valor de una buena planificación tiene que ver con la ciudadanía actual, y su percepción en cuanto a las mejoras en su vida cotidiana. En los países escandinavos como Suecia o Dinamarca la comunidad aporta sus opiniones a las autoridades antes de que puedan tomar cualquier decisión, pues existe una dificultad legal para avanzar, debido a que no pueden conseguir las aprobaciones de la planificación. Hay distintas relaciones entre la ciudadanía y las autoridades.
¿Qué pasa en Antofagasta?
Tengo la impresión de que hay mucha conexión con las comunidades para saber cuáles son las reales necesidades. Pero debo decir que no todas las decisiones pueden ser tomadas de abajo para arriba, porque algunas determinaciones difíciles requieren de un buen liderazgo. Por ejemplo, hace ocho años el gobierno de Londres decidió que había demasiado tráfico, entonces impuso un pago de quince dólares a todos los vehículos privados, lo que no fue muy bien recibido por la gente. Sin embargo impusieron la medida, y bajó la tasa de vehículos en un veinte por ciento, lo que es bastante. Y el uso de buses en la ciudad se duplicó. Al tiempo, la gente tuvo la oportunidad de votar si quería seguir con la medida y la gente votó a favor y ahora están todos contentos.
¿Cuáles son los principales desafíos que tiene Antofagasta?
El riesgo de una expansión desmedida hacia los lados haciendo que Antofagasta sea cada vez más larga es el mayor riesgo que existe, y creo que deberíamos colocar medidas preventivas ante esto. Hay que focalizarse en el transporte público, para que sea una opción atractiva, esto requiere una inversión en las vías, para que la locomoción no se quede atascada en tacos. Hay lugares donde los buses tienen vías exclusivas. Con esto se busca que, en el futuro, la gente tenga las opciones de pasar una hora en su auto privado o veinte minutos en el bus. Además, el clima extraordinario que hay acá, da la alternativa de usar los espacios abiertos todo el año para caminar o andar en bicicleta.
¿Cree que se debería invertir en más áreas verdes?
Sí, absolutamente. Y no solo en eso, hay muchos lugares donde no hay veredas, lo que es francamente inexplicable. La Organización Internacional de la Salud recomienda nueve metros cuadrados de áreas verdes por habitante y en Antofagasta hay apenas dos. CREO propone que sean quince metros cuadrados de áreas verdes por habitante. La idea es que los nuevos barrios residenciales sean construidos alrededor de hermosos parques.
¿Es la primera vez que trabaja en una ciudad en Sudamérica?
Como asesor de un proyecto específico, sí. Trabajo en la escuela londinense de economía y en los últimos diez años hemos trabajado con distintas ciudades en Sudamérica, como Río de Janeiro, Sao Paulo, Ciudad de México, Lima, Bogotá, Medellín y Buenos Aires.