El caos. La confusión. El volver a empezar. Esos son algunos de los conceptos que los fotógrafos antofagastinos Sebastián Rojas y Cristián Rudolffi, buscaron graficar luego de vivir los embates del terremoto del norte de Chile y el incendio de Valparaíso.
Para ambos, lo fundamental fue rescatar el componente humano y descubrir, a través del lente, cómo las personas reaccionan cuando están al límite, volviéndose ejemplos impresionantes de fuerza interior y resiliencia.
Una experiencia profesional y de vida, que retrata a parte de la sociedad chilena, con sus propias diferencias geográficas y culturales, que también plantea preguntas, como si los chilenos somos realmente solidarios y en qué medida. Además de analizar el nivel de preparación ante la adversidad y el proceso de retomar el camino a la normalidad o, quizás, si esta se puede retomar en el caso de familias que lo pierden todo.
DOS MIRADAS
Sebastián Rojas tuvo la oportunidad de vivir las dos complejas situaciones que afectaron al país en menos de una semana. Como reportero gráfico de La Estrella del Norte, viajó a Iquique a pocas horas de registrarse el terremoto, en un auto que iba a entregar los diarios en la ciudad nortina.
Al llegar a la zona de catástrofe, debió tomar las fotos para las notas del medio en que trabaja y luego comenzó a captar imágenes por su propia cuenta, que buscaban mostrar cómo la ciudad reaccionaba en torno a los sucesos que estaban viviendo. En plena búsqueda de imágenes, el segundo terremoto y la angustia de la evacuación y el miedo.
Las imágenes del gráfico en la ciudad nortina captaron el caos en la ciudad, el drama de los pescadores que perdieron sus embarcaciones y el aprovechamiento de algunos que subieron el precio del pan y de los colectivos. Como botón de muestra basta decir que un pasaje en transporte público subió de seiscientos a dos mil quinientos pesos en el momento de peor crisis.
“Todo eso lo captamos en las fotos. En el poco tiempo que estuve traté de cubrir todo el tema social de la gente acampando, el problema que hubo en Alto Hospicio, que se quebró la carretera y los militares cortaron el tránsito para vehículos. Me tocó subir a pie a esta localidad y ver cómo muchos autos y camionetas iban solo con el conductor y los demás espacios vacíos y no les paraban a la gente en la carretera. Así se logró ver la desunión y la falta de apoyo entre la gente”, aseguró Rojas.
SUBIR EL CERRO
Avalado por la experiencia como gráfico de agencias y medios nacionales, como el diario La Tercera, Cristian Rudolffi, además de importantes aciertos fotográficos en prensa o en deporte, también lleva un registro de catástrofes naturales o de siniestros de gran magnitud como el terremoto de Tocopilla o el 27/ F y el reciente incendio que afectó a Valparaíso.
Sin pensarlo mucho, con cámara en mano se trasladó al lugar para retratar la tragedia en los cerros de la pintoresca ciudad, donde recorrió sus calles junto a Sebastián Rojas.
“Era evidente que la situación en sí era compleja, no solo por la tragedia, sino porque se evidenciaron muchos problemas de organización y estructura. La ayuda se perdía y los voluntarios debían volver a sus casas desalentados, porque no los dejaban participar. Hubo mucho desorden”, aseguró Rudolffi.
Ante su visión de este experiencia en comparación con otras coberturas, el gráfico agregó “me ha tocado ir al maremoto en el sur, al terremoto en Tocopilla y en todos lados creo que pasa lo mismo, que la gente quiere ayudar, pero en Valparaíso fue extremo. Ver a diez mil personas arriba del cerro tratando de hacer lo que se pudiera, fue sorprendente”.
Pero a pesar del caos y la falta de suministros, los damnificados les ofrecían pan o agua para el camino. Aunque habían perdido todo, los vecinos no dudaban en atender a los voluntarios o a las personas que se encontraban trabajando como ellos.
“Si rescatamos algo de toda la semana que estuvimos allá fue la solidaridad de todas las personas que van sin afán de ganar nada. Me enfocaría en la sorprendente reacción solidaria de un montón de gente”, señala Rudolffi.
LECCIONES APRENDIDAS
Sebastián asegura que esta experiencia estuvo cargada de lecciones, que van desde lo práctico de tener siempre un plan de emergencias para cualquier catástrofe, hasta la fortaleza que ganó como profesional. “Ahora si me tengo que enfrentar a otra situación similar, sé dónde tengo que ir y dónde no debo meterme. A veces la cámara es un estorbo para la gente, entonces hay que mantenerse al margen y siempre acercarse con respeto. Primero hay que establecer un lazo y generar confianza. Una buena foto quizás podría lograr que los retratados reciban una ayuda y es gratificante saber que tu trabajo es útil para quien lo necesita”, aseguró.
Rudolffi toma este viaje como parte de un constante aprendizaje. “Uno va tratando de rescatar una historia que sea trascendente y que ojalá logre transmitir vivencias que nos lograron emocionar y registrarla de una forma distinta a como lo hace el resto. Aquí lo tomamos del punto de vista más personal, empezamos a buscar nuestro propio relato, a partir de la solidaridad”.
Ambos concuerdan en que el trabajo no queda ahí, porque esto no termina con la catástrofe o el incendio o el momento de crisis, sino que incluye el proceso de reconstrucción y la evolución en torno a la problemática, por lo cual ambos volverán al lugar de los hechos para ver cómo sigue desarrollándose esta narración gráfica cargada de emoción y tenacidad.