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EDICIÓN | Mayo 2014

Una entre miles

Juvana paulsen, comisaria deportiva
Una entre miles
Como comisaria deportiva de Rally Cross Country, esta antofagastina vive intensamente en medio de las tuercas y adrenalina. Su energía desbordante es uno de los factores que más la ayuda para mantenerse a mil por hora y cumplir con este particular desafío como miembro del jurado internacional en carreras mundiales y latinoamericanas, como el Rally Dakar.

por Soledad Meléndez / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Nos reunimos en una cafetería de la ciudad. Pese a llegar con muletas por una lesión en el pie, Juvana Paulsen camina con energía. Su lesión es algo que pasará muy pronto y parece no complicarla. Apenas pueda, quiere volver con todo a su trabajo como comisaria de la Federación de Motociclismo, un espacio poco explorado por mujeres, donde la antofagastina rompe con los prejuicios dentro de una disciplina dominada por hombres.
 
Sabe que en las pistas su palabra es la ley y, por ello, no duda un segundo cuando debe enfrentarse a corredores experimentados en forma recta e imparcial, por lo cual se ganó el nombre de la “Margaret Thatcher” dentro del circuito, apodo del que se ríe a carcajadas.
 
Juvana es de risa fácil y sonrisa contagiosa. Madre de una niña de ocho años y una emprendedora en el rubro del catering, hoy es una apasionada del Dakar.
 
¿Cómo llegas a ser comisaria?
Para ser comisaria, tuve que cursar unos seminarios y estudiar. Pero lo interesante es que para hacer estos cursos debes recibir invitaciones de la federación de tu país porque no son abiertos a la comunidad. En mi caso, la FMC me invitó.
 
¿Cómo entras al mundo del motociclismo?
Partí en el tema del Rally como parte del equipo de asistencia de un piloto oficial de Kawasaki, Cristóbal Guldman, mi pololo. Fui conociendo cada vez a más gente que se mueve en estos circuitos. Una de esas personas fue Giorgio de Gavardo, el padre de Carlo de Gavardo, quien hace lo mismo que yo, pero ya se está retirando. Comencé a hablar con él y en algún momento le comenté que quería hacer su pega. Cuando le preguntaron a él si se le ocurría a alguien que podía tener este trabajo, me recomendó y así fue como la federación, finalmente, aceptó que ingresara.
 
¿Cómo se concreta tu ingreso?
Después de eso viene toda una racha de buena fortuna. Mi profesor de los seminarios fue Erick Nevells, un argentino que es parte de la Comisión de Rally Cross Country Mundial, quien vio en mí a un buen elemento para trabajar en esto, una por ser mujer y porque tenía buen promedio de notas.
 
Entonces ser mujer también te abrió un espacio en esta disciplina
Sí, porque la Federación de Motociclismo, aunque es bien machista en general, hace un par de años están tratando de incorporar a más mujeres. La explicación que me han dado es que toda la gente que tiene este trabajo es mayor. No hay mucha gente joven y menos mujeres. Creo que solo una vez me he topado con una “colega”, una venezolana con quien trabajé en una fecha del campeonato de Latinoamérica.
 
DAKAR
 
Los buenos resultados en los seminarios en los que participó para transformarse en comisaria deportiva y su participación en todo el campeonato nacional le abrieron el camino a nivel internacional, de esta forma se transformó en Second Jury, es decir, en miembro del jurado internacional en carreras mundiales y latinoamericanas, como el Rally Dakar.
 
Su buen nivel de inglés le ha permitido desempeñarse bien, pero como el francés es el idioma oficial de este certamen ya se prepara para ingresar a estudiar en la Alianza Francesa en Antofagasta durante este año, que viene cargado de desafíos.
 
¿Cómo organizas tus tiempos y tu rutina?
Esta es una pega bastante desgastante. En el Dakar, por ejemplo, estuve cerca de veintidós días en turno continuo y dormía, máximo, cuatro a cinco horas diarias. Ahí uno tiene que estar desde que el piloto llega hasta que se va, debes despedirlos a todos y cuando llegan al siguiente campamento tú ya tienes que estar ahí recibiéndolos.
 
¿Cómo es tu relación con los pilotos?
A nivel nacional ha sido complicado, sobre todo para mí que había sido parte del equipo de asistencia y ya había compartido con los pilotos. De un minuto a otro pasé a convertirme en la mala, en la “Margaret Thatcher” del Rally. Trato de ser lo más imparcial posible y mantenerme lo más apegada al reglamento, sin detenerme a analizar quién está haciendo el reclamo y solo fijándome en el número de la moto. Al principio se enojaban, pero con el tiempo han entendido que soy la autoridad de la carrera y que para tener un nivel profesional, debemos comportarnos como profesionales.
 
¿Y en las fechas mundiales?
Esta es una disciplina especial, porque los pilotos son súper caballeros. Son competitivos, pero cuando ocurre algún accidente o tienen algún problema, no dudan en ayudarse. En las fechas internacionales son sumamente correctos y claros con el reglamento, cuando van a reclamar lo hacen con fundamentos.
 
¿Cómo se vive el Rally por dentro? ¿Qué ha sido lo más impresionante?
Es duro. Todas las mañanas tenía menos pilotos que el día anterior. El Dakar es distinto al campeonato de Chile porque acá corren quince pilotos, dura cuatro días y no se alcanza a percibir esta sensación. En un Dakar, con tantos días de competencia, con las capacidades al máximo, es inevitable hacer vínculos. Es muy difícil ser neutro o frío cuando se accidenta uno de los pilotos con los que tienes algún grado de amistad, aprecio o, incluso, de admiración. Los pilotos saben que la persona que están viendo en la largada puede ser la última que van a ver… Es algo bien difícil de entender.
 
MUJER TUERCA
 
Siempre fue amante de las tuercas. Desde niña creció visitando talleres mecánicos, por lo que el gusto por las competencias era inevitable. “Mi papá es jeepero máximo, él prepara todos sus jeeps aunque a mí nunca me dejaron andar en moto competitivamente, pero no por falta de ganas, sino porque tuve una lesión en la rodilla siendo muy chica. Mi hermano sí que corría en motocross”.
 
¿Ahí conociste a tu actual pareja?
No, lo conocí haciendo catering. Fue de casualidad y terminó siendo la llave maestra para esto que es lo que más me gusta, lo que más me apasiona. Mi relación con Cristóbal me acercó a este mundo que de verdad me gusta mucho y que es una de las cosas que más compartimos. Organizo toda mi vida, mis compromisos con mi hija y mi pega para llegar a las carreras y eso es algo que valora harto mi jefe. A mí no me importa el glamur, siempre hago el mismo trabajo sin importar en qué lugar.
 
¿Cómo combinas tu trabajo con la maternidad y tu negocio?
Tengo la suerte de que mi hija también es todo terreno y ella se siente súper orgullosa de que haga esto. Me fue a ver al campamento del Dakar y no lo podía creer. Ella es un tremendo apoyo, igual que su papá, que es fundamental para poder concretar esta pasión. Si no contara con él, no podría desarrollarme profesionalmente en esto, porque a veces me voy en fechas importantes, como actos del colegio o Año Nuevo. Si no fuera porque Estela es una niña maravillosa y por el soporte de su papá, yo no podría hacer esto.
 
¿Te dedicarías tiempo completo a las carreras?
Sí, de todas maneras, hay un nivel más al que puedo optar. Es un curso que se da solo en Suiza en febrero. Este año no pude porque coincidió con el Dakar, pero el otro año de todas maneras lo voy a concretar.

 

 
“Trato de ser lo más imparcial posible y mantenerme lo más apegada al reglamento, sin detenerme a analizar quién está haciendo el reclamo y solo fijándome en el número de la moto”.

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