A propósito del Mes del Patrimonio, un tema que es importante mantener vigente es el de nuestra memoria colectiva. Para aquellos que no entienden el valor de la herencia, se hace necesario recordarles que recuperar el paisaje urbano que una obra de arte crea, no solo contribuye al entorno, sino que permite que las imágenes simbólicas que se crean a través de estos íconos, generen arraigo y la consolidación de identidad.
En una ciudad que se precia de su constante desarrollo, el tener raíces definidas y un patrimonio histórico identificable es sinónimo de continuidad, pues genera ciertos puntos de referencia del pasado en los que se vive el presente y se proyecta el futuro.
Necesitamos que los bienes patrimoniales de todos sean identificados, inventariados y protegidos del paso del tiempo. Debemos romper con la indiferencia y asumir la responsabilidad que implica ser ciudadanos. Exigimos que nos “den” más cultura como un derecho y pocas veces comprendemos que la cultura es un concepto que se genera entre todos. Vale la pena cuestionarnos sobre cómo administramos nuestra herencia y cómo es posible que obras de envergadura desaparezcan ante nuestros ojos, con el cómplice silencio de todos.