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EDICIÓN | Mayo 2014

El hombre pájaro

Sebastián Álvarez, paracaidista
El hombre pájaro
Saltó a la fama con un video en el que sale volando entre dos edificios en medio de las dunas de Concón. No obstante, hace poco más de un año, era un completo desconocido que dejó la FACH en busca de su sueño de ser paracaidista profesional. Un camino que no ha sido nada de fácil y donde ha tenido que tomar drásticas decisiones para cumplir sus mayores anhelos.

por Tomás Moggia C. / fotografía Teresa Lamas G. y gentileza Sebastián Álvarez

Le dicen “Ardilla”, pero su apodo poco y nada tiene que ver con el hecho de que vuele por acantilados o se lance en picada desde aviones. Lo llaman así simplemente porque es inquieto. Coincidencia o no, lo cierto es que actualmente Sebastián Álvarez (28) es el exponente nacional más reconocido dentro del paracaidismo, un deporte que en Chile todavía está incipiente.
 
“Desde chico quería ser piloto”, asegura hoy intentando recordar aquello que lo motivó para ingresar a la Fuerza Aérea de Chile. Fueron cinco años de estudio y la más férrea disciplina para finalmente obtener el título de piloto de guerra. Llegó a volar un F-16, pero rápidamente se dio cuenta de que lo suyo no eran los aviones de combate. Su interés estaba más ligado a ir en ayuda de las personas, algo que realizó con orgullo tras el terremoto del 2010, trabajando arriba de un helicóptero. “Así uno le devuelve la mano al país”, afirma el ahora ex teniente.
 
Ya ha transcurrido poco más de un año desde que dejó la FACH. Como buen buscavidas, salió de su zona de confort y estabilidad para seguir su sueño de ser paracaidista profesional. Con todos sus ahorros, partió a California, Estados Unidos. Allí permaneció seis meses durmiendo en una carpa, al interior de un hangar abandonado y viviendo con lo justo. Sacrificios que rápidamente dieron frutos y que le permiten dedicarse a aquello que más le apasiona.
 
¿Cómo recuerdas esa experiencia en Estados Unidos?
Fue buenísima. Viajar siempre es bueno y allá uno puede practicar paracaidismo todos los días del año mientras haya luz. La cultura de este deporte es muy grande. Hay equipos de paracaidismo, gente que es profesional y otros que lo hacen por afición. Obviamente, los mejores del mundo están en Estados Unidos, entonces uno se relaciona con gente pro.
 
EN BUSCA DE UN SUEÑO
 
En un aeródromo de Lodi, una pequeña ciudad californiana, Sebastián poco a poco fue conociendo a las personas adecuadas y al corto tiempo se metió de lleno en el mundo del BASE Jump y el Wingsuit flying. Dos especialidades extremas que derivan del paracaidismo y que exigen mucha más experiencia y concentración de parte del deportista.
 
La primera de ellas, consiste en saltar desde un objeto fijo, ya sea un edificio, una antena o un puente. Por su parte, el Wingsuit flying se puede hacer desde aviones o superficies inmóviles, pero la gran diferencia la hace el “traje alado” que da cierta flotabilidad como para imitar el vuelo de un pájaro.
 
“La particularidad del traje es que está hecho a mano y a medida según tu cuerpo. Por algo cuestan como mil quinientos dólares. Con ellos puedes llegar a velocidades de trescientos kilómetros por hora volando vertical. Pero esa no es la idea, sino que avanzar más horizontal, donde puedes alcanzar los 200 km/h en promedio”, explica el “Ardilla”, quien en Suiza se dedicó a perfeccionar su técnica con vuelos rasantes por los acantilados alpinos, en un paisaje de ensueño.
 
¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje?
Fue súper rápido. Tuve la suerte que el factor de la Fuerza Aérea jugaba a mi favor y tenía mucha experiencia en ese sentido. Lo que la gente se demora tres años en aprender, yo lo hice en apenas uno. Ya manejaba hartas cosas, por eso me fue más fácil.
 
¿Cómo surgió la idea de irse a Europa?
Eso siempre estuvo dentro de los planes, pero no pensaba realizarlo el año pasado. Lo que pasó fue que yo ya había hecho el curso de BASE Jump en Estados Unidos y mi instructor me dijo que ya estaba listo para ir a saltar a Europa. Con las “lucas” que me quedaban, compré un pasaje y me fui.
 
¿Cuáles son los lugares más impresionantes para practicar paracaidismo?
A mí el que más me gusta es un pueblo que se llama Walenstadt, en Suiza, país que es la cuna del Wingsuit flying, al igual que Noruega. Hay una asociación de BASE Jump y uno no puede saltar si es que no tiene el contrato del helicóptero, que incluye un seguro que cuesta apenas treinta dólares.
 
¿Qué condiciones tienen que haber en un lugar para poder practicar Wingsuit flying?
Poco viento. Con lluvia también es posible, pero no lo más aconsejable. Se puede saltar de noche también, si es que se conoce bien el lugar, aunque es preferible que uno pueda ver la zona de aterrizaje. Y más que alguna condición física en especial, hay que estar preparado mentalmente.
 
¿Y cómo trabajas esa área?
Con disciplina. Hay que ser muy disciplinado en este deporte y ese es otro factor más que me dio la Fuerza Aérea. Es necesario saber efectuar tus propios métodos de chequeo, conocerse a sí mismo, ya que no es llegar y tirarse de una montaña. Yo sé que se puede ver súper loco, pero detrás de esa locura que uno hace, hay un estudio, hay alguien que sabe lo que está haciendo.
 
PLENITUD AL FILO DE LA MUERTE
 
Los paracaidistas viven al límite. Qué duda cabe. Por eso la importancia de la introspección, de conocer sus propios límites. Pese a ello, existen informes que señalan que solo practicando Wingsuit flying mueren cerca de veinte personas al año en todo el mundo. “Estás en el mismo día saltando con ellos, los ves en la mañana y después en la tarde ya no están. Es un tema que uno asume que puede pasar y hay que estar preparado”, sostiene al respecto Sebastián, sin ánimo alguno de dejar de volar y entendiendo que la vida sin la muerte no tendría sentido.
 
Y es que para los que son como el “Ardilla”, detrás de cada salto está la posibilidad de sentirse vivo. Detrás de cada salto radica una búsqueda de sentido a la vida, que va más allá del dinero y del consumismo. “Acá están todos buscando ser los más felices y hacer lo que les gusta. Y si eso significa tener que saltar de un avión, de una montaña o un puente, bueno, ahí está la felicidad”.
 
¿Eres consciente de que te juegas la vida encada salto?
Sí, siempre.
 
¿Qué piensas cuando la gente te dice que estás loco?
Nada. ¿Qué les voy a decir? Hay personas que yo encuentro que están súper locas trabajando de lunes a viernes en una oficina mirando un computador. No sé por qué parece que ellos no están locos y yo sí. Yo no me siento loco para nada. Estoy haciendo lo que me gusta, entonces si eso es estar loco, no sé en qué mundo vivimos.
 
¿Cuál es tu filosofía de vida?
Lo que he aprendido es que hay que seguir los sueños. Eso al final es lo que más me ha marcado. Por muy difícil que sea y loco que parezca, si quieres algo lo vas a conseguir. Yo no siento que estoy en el peak de mi carrera, pero de a poco voy cosechando lo que sembré tras meses de sacrificio y trabajo siendo súper profesional.
 
PARACAIDISMO A LA CHILENA
 
Hace apenas unos meses, el “Ardilla” dio un nuevo salto, pero esta vez directo hacia la fama. Con un grupo de amigos, grabó un video donde aparece volando con el “traje alado” entre las Palmas de Reñaca, dos edificios separados entre sí por unos quince metros y que se encuentran ubicados en medio del campo dunar. Una verdadera joya audiovisual que apenas subieron a YouTube alcanzó un gran número de visitas. La repercusión llegó a tal nivel, que canales televisivos y portales especializados de Estados Unidos cubrieron la noticia. Algo impensado y que superó con creces todas las expectativas del paracaidista nacional.
 
¿Cómo surgió la idea de hacer ese video?
En Suiza ya sabía que me iba a venir por el verano a Chile, así que me dije que tenía que empezar a saltar acá. En lo primero que me fijé fue en los edificios, porque están ahí y es cosa de subirse a un ascensor y tirarse. Después me acordé de Las Palmas de Reñaca y me di cuenta de que estaban súper pegados el uno del otro. Estuve una semana y media estudiando, sacando el cálculo y tomando fotos. En este caso, todo estaba perfecto porque me daba tiempo para abrir, volar y con espacio suficiente para pasar entremedio.
 
¿Cómo recuerdas el salto?
Lo más complicado fue organizarme con mis amigos. El resto, apenas salté fue historia. Rápidamente me di cuenta de que estaba volando bien, me acomodé el traje y seguí el patrón de aproximación como lo tenía planificado. Salió todo excelente.
 
¿Cuáles fueron las consecuencias del video?
Se hizo súper conocido y tuvo una repercusión muy grande. Así la gente supo que hay un chileno que hace esto, aunque nunca pensé que iba a llegar tan lejos.
 
¿Y qué tal el paracaidismo a nivel nacional?
Somos súper pocos los que saltamos. En Chile hay cinco personas que hacen BASE Jump y tres que practicamos Wingsuit flying (Ramón Rojas y Natalia Báez). La diferencia con el resto es que tengo la suerte de estar ciento por ciento dedicado a esto. Igual trabajo como instructor de paracaidismo en Estados Unidos y espero que las “lucas” no se acaben, pero voy a seguir, con o sin plata. El tema de haberme hecho conocido ha ayudado un poco. Además, me han llegado correos de gente que quiere empezar a saltar, así que en algún momento va a agarrar vuelo y montañas sobran para saltar acá.
 
¿Algún lugar que te gustaría poner a prueba en Chile?
Quiero irme al sur para buscar lugares para poder saltar. Nuestro país tiene un tremendo potencial, es cosa de mirar hacia la cordillera. Ojalá el próximo año pueda venir con amigos de Estados Unidos y hacer unos buenos proyectos. Hay varios gringos que saben lo que tenemos, así que no se asusten si próximamente tenemos a un team saltando acá.

 

 
“Lo que más cuesta en este deporte es ponerle freno. Eso tiene que ver con conocerse a uno mismo, ser disciplinado y saber decir que no cuando no puedes hacer algo”.

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