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EDICIÓN | Mayo 2014

Buscando la imagen perfecta

Andel Paulmann, pintora y fotógrafa
Buscando la imagen perfecta
Lejos del mundanal ruido, su trabajo se lleva a cabo entre glaciares y ríos milenarios. Esta talentosa fotógrafa y pintora, amante de nuestra geografía, trata de dejar testimonio de los rincones más inexplorados del sur del mundo.
por Elisa Collins V. / fotografía Andrea Barceló A. y gentileza Andel Paulmann
Nos costó concertar la entrevista. Andel es esposa, mamá de cuatro mujeres entre diecinueve y siete años, diseñadora de profesión, pintora y fotógrafa. Nos recibe en su casa de La Reina, donde inmediatamente llama la atención los retratos de niñas pequeñas. “Esas son pinturas que hice de mis niñitas”. Además de los retratos, la sala tiene muchas más obras firmadas con su nombre.
 
El orden en su entorno, el tono dulce y suave de su voz, su impecable presencia personal, todo en ella hace pensar que sus genes alemanes y suizos le han jugado a favor en esto de organizarse para cumplir múltiples funciones, dedicarse a lo que más le apasiona y hacer las cosas bien. “Los martes, sí o sí, pinto porque voy a clases con Francisca Valenzuela. Cuando tengo encargos pinto más seguido, pero todo depende de la cantidad de trabajo que tenga en fotografía porque acabo de empezar a dar clases y todo depende del tiempo que me lleve prepararlas”, comenta.
 
Desde hace poco Andel es profesora de una empresa de turismo fotográfico (Natphoto), la que ofrece la posibilidad de aprender con excelentes maestros en entornos naturales idóneos para obtener el material requerido. “En estos viajes a veces estás sacando fotos desde las ocho de la mañana hasta las dos de la mañana del día siguiente y aprendes de los guías y del resto de los fotógrafos. Para los que somos muy fanáticos de la fotografía es muy difícil tomarse todo el tiempo que requiere una buena imagen. Cuando estás de vacaciones, en familia, generalmente no tienes la calma necesaria.”
 
¿Qué tipo de técnica fotográfica es la que haces?
Hago fotografía creativa, trabajo con archivos Raw, que son muy desabridos y deslavados. Aquí es muy importante el trabajo de edición, porque los archivos, al ser tan deslavados, pierden muchos detalles y se ven texturas planas. Al darle un buen trabajo de edición y de color recuperas la imagen que realmente viste al tomarla. Y es justamente esa edición que le das a una imagen lo que distingue a un fotógrafo de otro.
 
¿Y la edición te permite hacer cualquier cosa, cuál es el límite de esa creatividad?
En fotografía creativa no hay límites. A diferencia de la fotografía documental, aquí puedes hacer lo que quieras. Yo soy más bien clásica en cuanto a edición, pero hay una fotógrafa española que toma elementos de diferentes fotografías y hace una composición nueva, un paisaje ficticio, eso es permitido porque lo que buscas es generar emociones.
 
Sin embargo, Andel es enfática en insistir que ella en su trabajo jamás haría algo así, pues lo que ella intenta es justamente reflejar en la fotografía lo que ve con sus propios ojos y lo que pudo sentir en el instante en que captó la imagen. “Si sacas una foto con una cámara digital a un espectacular amanecer, ves en la realidad muchos colores encendidos, pero en la fotografía esos colores aparecen planos; de ahí que volver a darles vida es tan importante. Me interesa generar sensaciones para que las personas se involucren con la naturaleza. Lo necesito.
 
ADICTA A LA NATURALEZA
 
Cuando habla sobre sus viajes, la carretera Austral, Tierra del Fuego, el lago General Carrera, las frías noches en carpa esperando el amanecer para armar la cámara, Andel toma nuevo brío, su voz sigue siendo tenue, pero sus ojos se inquietan. Según nos cuenta, fue el testimonio de su abuelo materno, de origen suizo, en su primera infancia, quien le dejó ese sello tan marcado de amor a lo natural. Vivió en Temuco hasta los ocho años y cada vez que podía la familia visitaba la casa de campo que el abuelo tenía en Villarrica.
 
“Cuando íbamos a ver a mi abuelo salíamos solos, los puros niños, felices. Recorríamos los campos, el lago, los bosques, nos íbamos por lechos de ríos secos caminando. Mi abuelo sabía todo lo que se podía comer de la naturaleza, nos enseñaba todo sobre los frutos, hierbas y flores comestibles, eso a nosotros nos encantaba”, recuerda.
 
Cuando Andel tenía dieciocho años, su padre, Jürgen Paulmann, adquirió un campo en el sur a orillas del río Maihue. Desde ese entonces, ella y sus cuatro hermanos pasan el verano allí. “A mis hijas les encanta estar allá, van todos sus primos y para ellas eso es lo más importante. Hacemos fogatas y un pan especial que se enrolla en palos y se pone al fuego para comerlo. Hay caballos, ríos y lago, imposible aburrirse”, comenta.
 
Si bien este entorno es una muy buena fuente para obtener material fotográfico, Andel dice que el mejor material se obtiene cuando te dedicas el ciento por ciento del tiempo a fotografiar.
 
Pocos días después de nuestra entrevista partirá con cámara en mano a solas. “Me hace mucha falta, para mí la naturaleza es una necesidad. Si la gente invirtiera más tiempo en medio de ella estaría automáticamente más feliz, incluso serían mejores personas. Hay algo en el entorno natural que te calma, que te hace sentir cosas buenas, porque es como perfecta. Una persona con la que trabajé decía que la naturaleza era la prueba de que Dios existía”.
 
RECORRIENDO CHILE
 
Aunque Andel se dedica más profesionalmente al tema de la fotografía hace cuatro años, lo suyo, desde muy joven, ha sido también la pintura.
 
Muchos de tus cuadros son retratos, en la fotografía, en cambio, solo flora y fauna Las personas, en el fondo, también son naturaleza, un rosto es algo bellísimo, increíble. Mi tema era que yo no quería incomodar a las personas; recién en los últimos viajes he estado con algunos otros fotógrafos que tienen más práctica para acercarse a las personas para sacarles fotos y me he dado cuenta de que, en el fondo, a la gente le gusta que la fotografíen.
 
Andel insiste en que a ella lo que le gusta es representar a Chile, que su fotografía sea una ventana para dar a conocer los parajes más lindos de esta parte del mundo “de hecho casi no he ido al extranjero, me encanta Chile”.
 
¿Qué lugares de Chile recomiendas visitar y no perderse por ningún motivo?
Jeinimeni, de todas maneras. Ahí estás solo, a orillas del lago. Apenas llegan trescientos turistas al año, es increíble. Otro sitio espectacular, cerca del Lago General Carrera, es Valle Exploradores, en medio de glaciares y ríos milenarios. Pura naturaleza virgen donde no hay hoteles ni cabañas, hay que ir en carpa.
 
RELACIÓN CON SU PADRE
 
Siempre ligada al arte, antes de que Andel se dedicara de lleno a la pintura y la fotografía, trabajó como diseñadora en las empresas familiares de su padre y su tío.
 
Supimos que fuiste la diseñadora de las palmeras del logo de Sky
Eso he tratado de cambiarlo, pero no me ha resultado mucho. Lo que pasa es que Sky iba a volar en Cuba y ese diseño fue pensado por eso; las palmeras, el sol, el agua del mar, ésa era la idea central. Hay que tratar de convencer a mi papá para que lo cambie, alguna vez hice unos bocetos con unas araucarias, algo más típico de Chile.
 
¿Has trabajado en otras cosas con tu papá?
Trabajé harto tiempo con él. Tenía una empresa de bebidas alcohólicas y yo diseñaba etiquetas, veía las botellas; en Sky veía también las bandejas de comida, los uniformes de las azafatas, pero me pasó que el diseño es algo que se va descartando, se va renovando y yo tenía ganas de hacer algo que quedara, que produjera emociones positivas en las personas, que llegara más profundo.
 
¿Qué se siente ser hija de una persona con un peso tan grande en Chile?
La verdad es que yo no le doy mucha importancia a eso.
 
Me imagino, pero no puedo dejar de preguntártelo.
Estoy orgullosa de mi papá porque es un hombre muy esforzado que trabaja de lunes a domingo y lo hace con muchas ganas, además, es un hombre cariñoso y bueno. Lo del apellido a veces es curioso, me ha pasado que hay personas que no conozco y me llaman por teléfono para que les consiga algún trabajo, en ese sentido no es muy cómodo. El tiempo que trabajé con él era porque quería ayudarle a que tuviera más tiempo para sí; sacarle un poco este peso de encima, pero al final me di cuenta de que, con o sin mi ayuda, iba a trabajar igual con la misma intensidad.

 

 
“Hay algo en el entorno natural que te calma, que te hace sentir cosas buenas, porque es como perfecta. Una persona con la que trabajé decía que la naturaleza era la prueba de que Dios existía”.

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