Antofagastina, muy dulce, sencilla, pequeña, y de pocas palabras. Sinceramente, no importa mucho que sea un tanto callada, porque a la hora de expresarse utiliza sus manos y el vidrio para hacerlo. Literalmente, realiza magia con este material. Sus vitrales, lámparas y joyas reflejan su esfuerzo, trabajo y pasión por este oficio.
Por Camila Millán A. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Su primer acercamiento al vidrio fue cuando era pequeña. Entró a una catedral justo a la hora en que el sol se filtraba por el vitral y se quedó pegada mirándolo. Recuerda que los colores eran hermosos, tanto que vibraban prácticamente. "Se podría decir que fue una experiencia divina (ríe)". Ya siendo adulta, junto a su marido y sus hijos, se fueron a vivir a Barcelona y fue ahí cuando descubrió el vitral, no sólo de manera religiosa, ya que en esa ciudad los vitrales se ven por todas partes, en los balcones, en las entradas de edificios, en las ventanas y, por supuesto, en las iglesias. "Creo que ahí, terminé enamorándome de este arte y vi la posibilidad de aprender a hacerlo", asegura.
Rossana Calabrese lleva diez años dedicada al trabajo del vidrio y seis a la orfebrería. Cuando decidió consagrar gran parte de su vida a este oficio, ingresó en España a la Escuela del Vidrio por dos años, donde aprendió las técnicas que hoy trabaja: tiffany, emplomado, vitrofusión y orfebrería. "Para que entiendan, cuando se trabaja con tiffany primero se hace un rompecabezas con vidrios de colores, después se pasa una cinta de cobre por el perímetro y finalmente se suelda. El emplomado se usa, generalmente, para ventanas, se trabaja con tiras de plomo que vienen listas de fábrica y se realiza el mismo proceso que el tiffany. En la vitrofusión, se corta el vidrio, luego se monta la figura que uno quiere hacer y después se lleva a un horno especial sobre ochocientos grados". La artista asegura que cuando las piezas estuvieron listas, se vio en la necesidad de tener un formato para poder lucirlas y ahí descubrió la orfebrería.
Aunque suenen parecidos, el vitral y la vitrofusión son técnicas bastante diferentes. Los vitrales van unidos por el plomo y se trabaja en frío, en cambio la vitrofusión son trozos de vidrios que se deben exponer al calor del fuego para lograr que se vuelvan líquidos y así obtener una sola pieza.
Rossana trabaja en base a proyectos, ya sea para vitrales en la ventana o para lámparas. Para iniciar un trabajo a pedido, primero debe juntarse con el interesado para escuchar sus necesidades, luego de llegar a un acuerdo le entrega un bosquejo donde se definen los colores y las formas.
La artesana nos aclara que la gente que encarga este tipo de obras, conoce el trabajo que hay detrás de ellas. "La mayoría de mis clientes es gente que ha viajado y aprecia el valor histórico de este arte; además, comprenden el patrimonio cultural que es tener un vitral en la casa".
Esta artista siempre ha tenido su taller en la casa, asegura que le es cómodo, "porque los momentos de inspiración no se manejan y cuando me vienen, tengo que ponerme en acción inmediatamente", afirma.
Respecto al tema del manejo de la inspiración, dice que lo que la mueve es la necesidad del cliente, ya sea un recuerdo, sus flores favoritas o un motivo religioso.
EL TRABAJO DE UNA OBRA
Dedicarse a trabajar el arte del vidrio y la orfebrería, ¿es un oficio caro?
Sí, porque el material que utilizo, que es el vidrio Bulsai, es importado y es de gran calidad. Respecto a las joyas, la inversión es mayor, porque necesitas de máquinas para trabajar la plata. Para hacer vitrofusión hay que tener un horno especial que no es barato.
¿Cuánto demoras en tener una pieza lista?
Para realizar una lámpara necesito alrededor de un mes y para un vitral uno o dos meses, depende de la cantidad de piezas que tenga. En las joyas me demoro un poco más, porque el proceso del horno y el ensamble son más lentos.
Si pudieras llevar a cabo una exposición, ¿dónde la harías y por qué?
La verdad es que me gustaría tener una sala de arte por donde atravesara la luz y se pudiera apreciar la belleza del vitral. Sería maravilloso poder hacerlo en Barcelona.
CORAZÓN DE JESÚS
¿Cuáles son tus expectativas como artista?
Lo que me gusta es dar solución, a través de mis manos, a la necesidad del cliente. Así que creo que la mejor forma sería tener una tienda donde la gente pudiera encargar sus pedidos y, además, contar con un stock de ciertas piezas.
¿Cuál ha sido el mayor desafío a la hora de crear una pieza?
El lograr darles expresión a las figuras, no sólo hablo de rostros, si no darle emotividad a la imagen. Un desafío a otro nivel es lograr la expresión del cuerpo humano, darle volumen es muy complicado y por eso me gusta tanto.
¿Cuál de tus obras es tu David?
Yo creo que siempre es el último, porque está más cercano a uno. Hoy, para mí, es el Corazón de Jesús que se me encargó para un mausoleo en Vicuña.
¿Te sientes completa como artista?
Claro que sí. Me he perfeccionado mucho para llegar a tener la técnica que manejo, me he exigido bastante para desarrollar todo mi talento y siento que mis piezas pueden competir a cualquier nivel.
"La verdad es que me gustaría tener una sala de arte por donde atravesara la luz y se pudiera apreciar la belleza del vitral. Sería maravilloso poder hacerlo en Barcelona".