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EDICIÓN | Mayo 2014

Para Sibaritas

Gastronomía en Rancagua
Existen en Rancagua varios restaurantes de lujo, que quizás son poco conocidos, pero que entregan lo mejor del mundo culinario. En estas páginas, deléitese con exquisiteces, solo para paladares exigentes.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

DE JAPÓN
Azuma restaurante está abocado exclusivamente a la comida japonesa. Lleva ocho años de vida en Rancagua y la especialidad es el sushi. Quien pone la mano gastronómica es Ángelo Barra, mientras que la cara visible del lugar es su mujer, Anita Díaz. Hace un año abrieron Azuma Express en Boulevard San Damián, con la idea de llevar comida a domicilio o pasar a comer unos ricos sashimis de paso.
 
¿Por qué instalarse con un restaurante de sushi?
Hace quince años el sushi era muy poco conocido y Ángelo siempre trabajó y aprendió todos los secretos de esta comida a través de prestigiosos chefs japoneses. Así que teníamos la buena receta y la buena mano. Por otro lado, esta es una comida muy sana y eso tiene mucho atractivo.
 
¿Cuáles son tus preferidos?
El Gyutataki, que es un carpaccio de filete sellado aderezado con una salsa estilo japonés. Lleva cebollín y jengibre, y realmente es un placer al paladar. También está el sashimi mixto que tiene salmón, atún, pulpo y camarones.
 
¿Los más pedidos?
Sashimi, Oriental Roll, Avocado Roll. Los clientes los han hecho sus platos favoritos este año…
 
¿Con qué aconsejas acompañar los sushis?
Recomendamos té verde, o bien, un jugo de Aloe Vera. También tenemos una carta muy variada de vinos, espumantes y cervezas.
 
¿Por qué la gente tiene que ir a Azuma?
Por la calidad, por el servicio, y porque quien ha venido sabe que es un lujo tener un restaurante como el nuestro en Rancagua.
 
DE ITALIA
 
El 2010, y luego de veintisiete años viviendo en Italia, Waldo volvió a Chile para abrir su primer restaurante de pastas y pizzas en Santiago. Fue un boom total, la masa y las preparaciones son tan exquisitas y delicadas que, sin quererlo y en poco tiempo, las críticas gastronómicas fueron de excelencia. De esta manera, hace un año y buscando reencontrarse con su familia es que abrió Waldini en Rancagua.
 
¿Cuáles son los mejores platos que podemos encontrar en el local?
En primer lugar, la pizza. Y puede ser cualquiera porque la calidad de la masa es excelente. Así también las pastas rellenas. Cabe destacar que todos nuestros productos los hacemos con harina italiana.
 
¿Tus favoritos?
La pizza de jamón crudo (italiano) y rúcula. El fetuccine con vongole (almejitas julianas) y camarones. La pizza prosciutto y rúcula es una de las más apreciadas, junto a la Waldini y la cuatro quesos.
 
¿Con qué maridaje se pueden acompañar los platos?
En particular, el Spritz y el Negroni. Dos tragos históricos italianos. El primero, es del área de Venecia y se hace con aperol, espumoso, hielo y una torreja de naranja. El segundo está hecho con Campari, Martini rosso, gin, torreja de naranja y hielo. Y por supuesto, destaco la variedad de vinos y cervezas de la zona.
 
¿Por qué tiene que venir la gente a Waldini?
Por la calidad de los productos y lo agradable del local. Hago hincapié en esto: Waldini no es fastfood. Nuestra cocina es a la minuta y cada plato se prepara al momento para garantizar la frescura. La gente que nos visita se siente bien, se va contenta porque comer rico es un placer, y nosotros permitimos esa experiencia y estamos dispuestos a escuchar todo tipo de críticas para mejorar.
 
DEL MEDITERRÁNEO
 
De seguro este es el restaurante más desconocido de los otros tres que aquí les presentamos. Puerto Tierra está bien escondido a pesar de que ya lleva dos años funcionando, y de que su comida es un agrado al paladar que combina las tradiciones del Mediterráneo —exquisitos mariscos y pescados— con las de la propia tierra carnes y salsas que sorprenden—. Aquí trabajan mano a mano en la cocina Kiko Berríos (con quien conversamos para esta entrevista), junto a su hijo Nicolás, ambos chefs, que realizan las preparaciones y, a la vez, son los únicos que atienden al cliente.
 
¿Cómo nace la idea?
Puerto Tierra empezó a funcionar el 7 de junio del 2012. Y nace de una idea en común con mi hijo, ya que ambos somos chefs. Yo soy autodidacta, he recorrido el mundo trabajando en esto desde los diecisiete años, y Nicolás estudió gastronomía en Santiago.
 
¿Cuál es la propuesta del restaurante?
Nuestra apuesta se basa en tener cincuenta por ciento productos marinos y el otro cincuenta por ciento alimentos de la tierra, con la idea de hacer una fusión entre lo mediterráneo y lo chileno. Todo bajo un equilibrio de sabor y salud.
 
¿Cuáles son tus preferidos?
Todos los platos están preparados con las mejores materias primas y la máxima dedicación. Para mí los más exitosos son: el mixto Puerto Tierra; pilpil de camarón y pulpo; ceviche de salmón a la chilena; carpaccio de pulpo; salmón en salsa mediterránea; congrio en salsa de erizo; plateada y costillar al horno. Estos últimos requieren una cocción de seis horas…
 
¿Qué platos elegiste para mostrar en este reportaje?
Salmón en salsa picoroco, acompañado de pastelera de choclo; corvina en salsa mediterránea acompañada de papas al vapor; pinzas de jaiba al merquén; ceviche de salmón a la chilena; plateada de res en su jugo acompañada de polenta al ciboulette, y filete en salsa de pimienta verde, acompañado de papa rústica y mermelada de cebolla.
 
¿Con qué recomiendas acompañar los platos?
En Puerto Tierra nos basamos en la línea clásica de coctelería, respetando las medidas tradicionales: pisco, amaretto o mango sour; vaina, margaritas, kir royal, entre muchos otros tragos especiales para el aperitivo y vinos para los fondos, además de bajativos para los postres.
 
¿Por qué la gente tiene que venir a Puerto Tierra?
La razón es muy simple: nuestra dedicación profesional por la gastronomía se refleja en la atención y la calidad de nuestra comida y en la satisfacción de nuestros clientes.
 
DE ALEMANIA
 
Con más de sesenta años de trayectoria, el salón de té Klaus es todo un clásico en Rancagua. Primero fue el local ubicado en la calle Cachapoal, más conocido como una heladería. Luego abrieron un segundo espacio en el centro de Rancagua, en calle Independencia, y hace tres meses existe el salón de té: una casona construida al más puro estilo alemán en la zona oriente de la ciudad. Aquí nos cuenta la historia Carolina Pieper, quien junto a su madre, Isabel Miranda, su padre Fernando (de descendientes alemanes) y su hermana Isabel, llevan el negocio.
 
¿Cuándo nace Klaus?
La casa matriz se abrió en 1957, en la calle Cachapoal con Palominos, como una idea de mi abuelo, Eduardo Miranda, y su señora, Ninfa Silva, ambos de Rancagua. Esta sigue funcionando hasta el día de hoy. Mi abuelo siempre tuvo locales de este tipo, distintos negocios que luego fueron repartidos a sus cinco hijos. Mi mamá se quedó con Klaus.
 
¿Cuál es la propuesta?
Apostamos por un negocio familiar, en donde todos ponemos un poquito de lo nuestro. Al principio, Klaus era una heladería, luego mi hermana, quien estudió gastronomía, decidió incorporar la pastelería, y más tarde entré yo, que soy ingeniera comercial, y luego se asoció mi padre que, como buen alemán, le puso ese toque especial a nuestras recetas.
 
¿Qué podemos encontrar en Klaus?
Estamos potenciando el almuerzo con recetas como: chuletas de cerdo con repollo colorado, gulasch, quiche de cebolla con tocino, de champiñones con zapallo italiano. Y como siempre, para la hora del té tenemos distintas preparaciones como sándwiches de ave pimiento, queso crema ciboulette, entre otros, y merenguitos, repollitos y chilenitos, además de variedades de galletas y kuchenes.
 
¿Por qué la gente tiene que venir?
Porque tenemos los mejores helados artesanales de la sexta región, nos lo dicen nuestros clientes que vienen desde Curicó a vernos, por ejemplo. Nuestras recetas son caseras y las hacemos nosotros mismos, con dedicación y mucho amor. Y porque en el nuevo salón de té, tenemos espacio para toda la familia.

 

 
El salón de té Klaus es todo un clásico en Rancagua. Su tercer apuesta se abrió hace tres meses: una casona construida al más puro estilo alemán en la zona oriente de la ciudad.

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