Tell Magazine

Entrevistas » Mujer

EDICIÓN | Mayo 2014

Poesía visual

Lucía Valdivia, poeta
Poesía visual
Rancagüina y poeta, esta joven artista ha cambiado los parámetros usuales de la poesía. En un intento por acercar su arte a la gente, se le ocurrió hacer videos con imágenes de la región y mezclarlos con música moderna, pero con toques folklóricos, y una especial voz en off en donde sus poemas cobran vida.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
De voz baja, pelo negro, tez blanca. Vestida con una chaqueta de cuero con tachas, esta joven rancagüina ama la literatura y es poeta. Su seudónimo es Lucía Válquez, así lo dice en sus trabajos publicados, y tiene que ver con juntar el apellido de su madre Carmen Gloria Vásquez con el de su padre Oscar Valdivia.
 
Siempre quiso estudiar filosofía. En el colegio era la niña rara. No tenía muchos amigos porque “ellos tenían otros intereses y a mí me gustaba leer. Escuchaba Metallica, mientras los demás, Backstreet Boys. Entonces era la rara”. Pero finalmente se decidió por relaciones públicas, buscando a su vez, con esta carrera, resaltar su personalidad comunicativa.
 
¿Por qué querías estudiar filosofía?
Pasé una adolescencia muy sola. Nunca encajé con los demás. Entonces me refugié en los libros.
 
¿A qué edad empezaste a escribir?
Creo que siempre tuve el impulso de escribir, siempre sentí que era parte de mí. Nunca lo vi como algo externo, nació conmigo. A los diez años me di cuenta de que tenía esta pasión, y que no la podía compartir con nadie porque es poca la gente que se interesa en estas cosas…
 
¿El primer libro que leíste?
Más allá del bien y el mal, de Nietzsche. Lo leí por primera vez a los catorce años.
 
¿Cómo una niña llega a leer Nietzsche?
Acompañé a mi mamá al médico y este vivía en una casona antigua en el centro. De curiosa recorrí la casa y me encontré con una pieza muy oscura, era una biblioteca y encima estaba este libro. Fue un reflejo inocente, lo tomé, lo guardé y me lo llevé… Pero siempre con la intención de devolverlo, pero mi madre nunca volvió donde ese doctor…
 
¿Lo entendiste?
No de fondo, pero sí fue trascendente en mi vida porque me enfoqué distinto, me dio ideas nuevas, me ayudó a captar ciertas cosas. Replantearme ciertos principios que uno tiene arraigados por la familia. Me abrió puertas.
 
¿Algún otro filósofo?
Heidegger. Fui con mis papás a una librería en Santiago, y encontré un libro de él. Lo compré. No sé qué me llamó la atención…
 
Heidegger es un poco fome, ¿o no?
Sí, súper fome… (se ríe). Pero me sirvió, y de ahí empecé a cambiar mi camino hacia la poesía, me volví fan de Benedetti. Y de las novelas. Cuando descubrí a Cortázar quedé hipnotizada… He leído Rayuela, muchas veces, y cada vez que lo hago, la entiendo distinto.
 
HOJA EN BLANCO
 
Antes de entrar a la universidad, Lucía quedó embarazada, y durante este proceso y hasta que se tituló, dejó de escribir. Se enfocó en criar a su hija Luciana (12). Cuando terminó la carrera conoció a su actual pareja, y fue con él que empezó a escribir nuevamente porque, según cuenta, encontró su media naranja, alguien con los mismos intereses musicales y literatos. Fue a su pololo —José Luis Zapata (34)— a quien le mostró, por primera vez, uno de sus poemas.
 
¿Tuviste la crisis del poeta?
Sí, y muy fuerte. Pensaba ¿Para qué seguir escribiendo? Si a nadie le importaba, si la gente no lee ni a Neruda ni a Huidobro, menos me iban a leer a mí… Pero José Luis me insistía en que tenía que seguir trabajando en lo que me gustaba y así lo hice.
 
¿Entonces empezaron a trabajar juntos?
Sí, José Luis es comunicador audiovisual y se especializó en web y diseño digital, así que se nos ocurrió hacer videos poéticos. La idea era y es, estar más acorde con la tecnología actual y de esta manera tratar de acercar la poesía a la gente, de manera que no sea imprescindible leer un libro. Los hacíamos y los mostrábamos en fiestas a nuestros amigos. Me sentí súper acogida por la gente con la que mi pololo se rodeaba, porque todos era músicos y decir que yo era poeta fue súper bien recibido, ya no era la rara…
 
Mezclar las palabras en off de una poesía con imágenes en un cd, es bastante novedoso…
Claro. Tanto así que juntos terminamos trabajando en la universidad ARCIS en Santiago, en el Departamento de Comunicaciones. Yo me preocupaba de las redes sociales — Social Media— y José Luis era el web master. Justo había hecho un curso en la Universidad de Chile sobre el tema, y me contrataron de inmediato. Ahí trabajé por tres años, hasta hace unos meses, porque cerraron el departamento. Durante el tiempo en la institución conocí al poeta Guillermo Riedemann, y trabajamos juntos, fue una excelente experiencia…
 
¿Internet fue la salvación?
Se me abrieron muchas puertas… No tenía que mirar a nadie. Me enamoré de las redes sociales.
 
EN FORMATO DIGITAL
 
Terminada su pega en Santiago, junto a su novio, quien sigue trabajando de forma free lance para la universidad, se vinieron a vivir juntos a Machalí. Aquí conoció al “Jota”, como le dicen al fotógrafo José Luis Orellana y juntos empezaron a “cranear” nuevas ideas que mezclaran la fotografía con la poesía, y con este material producir pequeños libros.
 
¿Qué fue lo primero que hicieron?
El “Jota” ha sido el ejecutor de varias ideas, todas son regionales, queremos rescatar lo nuestro. Hicimos un primer proyecto que se llamó “Baquedano”, que es la zona que está después del paso nivel, cerca de la estación de trenes. Es un área súper antigua, en ese tiempo estaba El Pequeño Cotolengo, y muchas cosas de las que solo quedan pocos registros, entre ellos los nuestros, porque ya no existen.
 
¿De qué se trató el trabajo?
Teníamos la idea de mostrar una zona de la ciudad que está olvidaba, y que tiene mucho potencial histórico. Entonces sentimos la necesidad de hacer algo, así que postulamos al FONDART del año 2009, y lo ganamos. Fue un trabajo de rescate patrimonial.
 
¿Te gustó este trabajo?
Sí, mucho. Primero porque fue mi primer trabajo poético remunerado, lo que ya es un gran logro. Pero cuando se terminó, tuve una sensación de vacío, de que todo había quedado ahí y después de eso no pasó nada…
 
¿Entonces nació el segundo proyecto?
Pensamos en qué podíamos hacer para entregar más, para aportar más y que fuese también en relación con la región. Entonces se nos ocurrió en nuestra oficina, la Plaza de los Héroes (se ríe), hacer algo con el tema de los cementerios, pero esta vez junto a mi pareja agregar no sólo fotografías, sino también videos.
 
LO QUE TUVIMOS
 
“Jamás podría vivir el medio día, ni cruzar el pretencioso umbral del sol que acostumbra a callar al cielo con las disconformes nubes. La amalgama de una soledad descompuesta unida a la esclavitud bondadosa”. Este es un extracto de uno de los poemas del libro Historias que no duermen, segundo FONDART (2011) que ganó Lucía junto a su equipo de amigos, y que relata la historia de personajes que fueron importantes en la región y que descansan en el cementerio número uno y dos de Rancagua.
 
¿Cómo nace Historias que no duermen?
Como una necesidad de agradecer a esos personajes que hicieron historia y que están en el imaginario popular. Decidimos centrarnos en personas que fueron muy importantes para esta zona, y que yacen en este cementerio. En este lugar hay cuentos que son casi mitos para el pueblo rancagüino.
 
¿A quiénes rescataste para esta tarea?
Al poeta Óscar Castro, Tito Lastarria, que fue un político y que se supone hizo un pacto con el diablo; Betsabé Carrasco, una niña que cursaba quinto año de la básica y que mientras bailaba en la fiesta de la primavera, su traje de hawaiana se quemó, supuestamente, con fuegos artificiales. Y también nos centramos en el cementerio número dos, en donde están los mártires de la catástrofe del humo en Sewell. Esto me impactó muchísimo y quisimos traerlo a la memoria de la gente. Además es algo que me toca de cerca, porque mi abuelo tenía turno ese día en la mina y lo cambió por otro compañero que murió.
 
En el video se ven bailes y música folklórica
Quisimos de algún modo agradecer la existencia de aquellos que tuvimos, pero de una manera alegre. Trabajamos con el grupo Azahares, que son puros niños menores de edad y que bailan este tipo de música. Me encantaron y fue una experiencia increíble.
 
¿En qué etapa estás ahora?
Estoy enfocada en los niños, en traspasarle lo lúdico de la vida, que jueguen, que lo pasen bien y, por lo mismo, estoy haciendo talleres en algunos colegios, y escribiendo cuentos para ellos. Y junto con José Luis estamos desarrollando una empresa, Válquez, en donde creamos páginas web y servicios de redes sociales. Quiero dedicarme a emprender en este proyecto, porque no me gusta depender de nadie.

 

 
“Se nos ocurrió hacer videos poéticos. La idea era y es, estar más acorde con la tecnología actual y de esta manera tratar de acercar la poesía la a la gente, de manera que no sea necesario leer un libro”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+8+7   =