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EDICIÓN | Mayo 2014

El regreso de un Maestro

Patricio Carmona, ebanista y escultor
El regreso de un Maestro

Su formación se la debe a la práctica, a observar e intuir. Afirma que su mejor escuela fue una prestigiosa restauradora rumana y un grupo de ebanistas hondureños que conoció durante su larga permanencia en Centroamérica. Hace siete años volvió a Chile, creó su taller y con un talento y unas manos privilegiadas diseña, restaura, esculpe, talla y fabrica el sueño de quienes aún valoran el arte de la ebanistería.

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Cerca de treinta y cuatro años fuera de su país natal significaron un largo aprendizaje para Patricio Carmona (52). A los dieciocho emigró con su familia a Estados Unidos, donde terminó su etapa escolar y, a los pocos meses, comenzó a trabajar en New Jersey y luego en New York, en una empresa italiana dedicada a lo que se conoce como home improvement.

La remodelación de muebles y casas se convirtió en su oficio, lo que perfeccionó observando, practicando y haciendo memoria de lo que muchas veces, siendo pequeño, vio en su padre, calafate, y en su tío, carpintero. “Mi papá tenía un taller que estaba en el muelle de Arica y yo lo acompañaba a reparar las embarcaciones, cuando era niño. Mi tío era mueblista y como trabajaba en la casa, yo siempre andaba por ahí revoloteando y mirando cómo hacía las cosas”, comenta Patricio, y agrega que el primer mueble que construyó con sus propias manos fue a los doce años.

No tuvo estudios de ebanistería, pero claramente, el talento estaba en sus genes. Una herencia que supo aprovechar y que le permitió crear su propio taller en el sótano de la casa. Los fines de semana se dedicaba a restaurar muebles y a recorrer, en su camioneta, los sectores altos de New York. Recogía el mobiliario que botaba la gente y lo reciclaba.

Años después, dejó su vida en Norteamérica. Un nuevo destino marcaría el inicio de una etapa artística, enfocado en la restauración. Patricio debió viajar a Honduras para ayudar a su ex mujer en los trámites legales de una herencia. Se fascinó con Tegucigalpa y se quedó.

¿Qué te atrajo del lugar?
Un día, paseando por Tegucigalpa, entré a la Catedral San Miguel Arcángel. Allí había un taller donde conocí a la restauradora rumana Ivona Sanselier. Conversé con ella y le comenté que me dedicaba a la restauración de muebles. Me preguntó si tallaba la madera y me dio la posibilidad de mostrarle lo que hacía. Le gustó y una semana después me ofreció trabajar con ella.

¿Esto hizo que te quedaras?
Sí, el trabajo me encantó y con el tiempo me convertí en el brazo derecho de doña Ivona. Estuve tres años trabajando con ella, pero lamentablemente se enfermó y cuando falleció, me hice cargo del taller de la catedral por cinco años.

¿Cuál era el trabajo específico que realizabas?
Fue un proyecto grande de restauración del altar, púlpitos y confesionarios. Además, el cardenal de entonces, me pidió esculpir dos ángeles en tamaño natural. Le presenté los dibujos y lo hice. Los doramos con oro de veinticuatro quilates y conseguí ponerles ojos de vidrio, solo por intuición… era la primera vez que me dedicaba a esto y la verdad es que fue una obra muy bonita y una gran experiencia. Hasta el día de hoy esos ángeles están en la catedral.

¿Así te hiciste conocido?
Esto me abrió las puertas para darme a conocer como restaurador, no solo en Honduras. Estuve en Nicaragua, Guatemala y otros países de Centroamérica. Hice bastantes trabajos de reproducción en iglesias coloniales.

RESTAURANDO HISTORIAS

Por años, Patricio guardó material fotográfico y videos de sus trabajos realizados, sin embargo, el huracán Mitch de 1998, uno de los ciclones más poderosos y destructivos de la historia en el Caribe, borró toda huella de sus pertenencias. “Me quedé en la calle, perdí casa, taller, ¡todo!… lo único que tenía era trabajo”, afirma Patricio, y agrega “un año después pude recuperarme”.

¿Gracias a la restauración?
Trabajaba para las iglesias y en mi taller, porque decidí independizarme. Un par de años después viajé a Chile y mi madre, que vive en el sector de Ceres en La Serena, me motivó a comprar un terreno, al lado de su casa. Regresé a Honduras y siete años más tarde, volví definitivamente a Chile.
 

¿A trabajar como ebanista?
Cuando llegué a La Serena estaban trabajando en la etapa final de la restauración de la iglesia Santa Inés. Hablé con el arquitecto, le dije que me dedicaba a esto y me pidió restaurar el retablo. Todo lo que está hecho en madera lo hice yo.

¿Y tu taller vino después?
Así es, el taller está en mi casa en Ceres y con el tiempo fabriqué, aquí mismo, una tienda que se llama Artísticos. Comencé a hacer trabajos particulares, entre ellos, puertas, muebles de cocina, comedores, esquineros, mesas de centro, arrimos, vitrinas y a restaurar todo tipo de mobiliario, como sitiales, sofás, etc.

¿Los clientes llegan con una idea clara de lo que quieren?
Sí, pero muchas veces, quien lleva esa idea al papel, soy yo. Hago el dibujo y el cliente decide. Ahora estoy tallando una puerta con diseños inspirados en Marruecos, para una casa en Guanaqueros.

¿Qué tipo de madera utilizas?
Básicamente roble, raulí, mañío, laurel, pino insigne y pino oregón. Lo que hago también es comprar madera usada, de cubas de vino, de durmientes… la verdad es que siempre ando buscando madera para reciclar porque todo sirve.

INTUICIÓN

Patricio pasa el día circulando en su taller, rodeado por cientos de herramientas, sierras, torno, canteadora y una gran variedad de trozos de madera cortadas en diversas dimensiones. Este es su mundo, su pasión y el único lugar donde encuentra relajo y distensión. Meticuloso y detallista, no descansa hasta lograr la perfección.

La tienda, ubicada a la entrada de su parcela, se ha convertido en su vitrina. Unas mecedoras de madera prolijamente talladas, mesas de centro, vitrinas, arrimos y esquineros son algunas de las piezas que tiene a la venta. Entre los pedidos de sus clientes, Patricio se da el tiempo para crear sus propios diseños. Mientras conversa, muestra un arrimo que está en pleno proceso creativo. Pequeños trozos de madera reciclados de cubas de vino francesas, van dando forma a la cubierta con distintas tonalidades.

¿Sientes que hoy se valora la ebanistería?
Siempre hay clientes que lo valoran, pero es una realidad que casi no quedan ebanistas porque la gente prefiere comprar en el retail. La mayoría de los muebles que ofrecen las grandes tiendas son de Indonesia. Producen millones de piezas y con sueldos mínimos para sus trabajadores. Incluso la madera que usan es de palmera, la menos adecuada para fabricar muebles, porque es muy blanda. Con el tratamiento que le dan la endurecen, pero son muy vulnerables a las termitas y polillas.

¿Y en tu caso, los pedidos son constantes?
Afortunadamente me ha ido bien, porque aún queda gente que prefiere el trabajo hecho a mano. Yo me organizo y hago varios muebles a la vez. Tengo un ayudante que hace los cortes y yo me dedico al diseño, fabricación, tallado y restauración.

¿Con tantas iglesias en esta zona te dedicas a ese tipo de restauración?
La misma empresa constructora que me pidió restaurar el retablo de la Iglesia Santa Inés, me solicitó participar en la restauración de la iglesia de Freirina. Otro proyecto fue un levantamiento crítico de una iglesia de Chañaral. Esto es reciente, así que estoy esperando una respuesta.

¿Te han encargado algún trabajo insólito?
Una minera me pidió hacer dos moai de tres metros de alto, para un evento. Lo querían en madera ¡imagínese! Si los hacía en madera, nunca más salían del taller. Se me ocurrió hacerlos en aislapol, un aislante que se usa en construcción. Una vez que los tallé, le puse una arenilla gris que inventé con pintura y quedaron ¡espectaculares!

¿De todo lo aprendido, cuál crees que ha sido tu mejor escuela?
Yo diría que aprendí bastante de la oportunidad que me dio Ivona y de maestros ebanistas que llegaron a Honduras. Hace muchos años uno de ellos me dijo: ¡Hay que aprender hasta del que no sabe! Y así es.

 

“… el cardenal de entonces (en Tegucigalpa) me pidió esculpir dos ángeles en tamaño natural. Le presenté los dibujos y lo hice… fue una obra muy bonita y una gran experiencia. Hasta el día de hoy esos ángeles están en la catedral”.

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