Que todo en el universo se mueve y que cuando se detiene genera estancamiento a nivel energético y provoca dolor. Que la decisión personal genera el cambio y como principio, si una persona se alimenta, se hidrata y respira bien, no requiere medicina. Que somos dueños de una gran afectividad y que sonreírle al mundo genera endorfinas. Que debemos compartir con otras personas, crear redes, hacer ejercicios, en definitiva, fluir en armonía… son algunas de las recomendaciones de este experto en la medicina oriental.
por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.
Su abuelo, Manuel Rodríguez —un reconocido y cotizado componedor de huesos en Combarbalá— se convirtió, a poco andar, en el inspirador de los intereses de Juan por la medicina. Durante las vacaciones, viajaba desde Santiago para visitar a su abuelo y unos metros más atrás lo observaba, detenidamente, mientras realizaba masajes o reducciones de luxaciones a sus pacientes.
La habilidad manual que adquirió gracias a las enseñanzas de Manuel y su motivación vocacional por el área de la salud, lo llevaron, años después, a estudiar kinesiología en la Universidad de Antofagasta. Al egresar, trabajó cerca de ocho años en el ámbito privado; sin embargo, la relación tan impersonal con sus pacientes lo hizo recapacitar y reformular la verdadera esencia de su profesión. “Llegué a atender a cuarenta personas diarias, durante ocho horas seguidas, y no me daba el tiempo para conocerlas. Este fin comercial de la salud privada me llevó a renunciar y decidí, entonces, estudiar acupuntura”, relata Juan Umaña, con voz tenue y pausada.
A través de sus estudios y la práctica del kung fu conoció a quien se convertiría en su maestro de acupuntura, el director de la Escuela Latinoamericana de Medicina Tradicional China, Luis Pedreros. Pionero en la formación de esta disciplina en nuestro país, instruyó a Juan durante tres años, convirtiéndose en uno de los primeros alumnos especialista en medicina oriental. Más tarde, realizó un curso de acupuntura avanzada en la Universidad Guanzhou en China, complementando, también, su conocimiento en Alemania.
¿Cómo interpretas esta experiencia?
Significa dos cosas para mí. Primero, que es un conocimiento distinto a lo que yo había recibido con la formación de la medicina occidental, porque esta es una filosofía que no tiene incorporada la visión de la vida, basada en los conceptos taoísta y budista. Segundo, que a partir de esa filosofía aprendí el concepto de energía, como base fundamental de la medicina tradicional china.
¿Y cómo se genera tu apertura personal a este conocimiento?
Existían muchas patologías que no tenían una buena respuesta en nuestro sistema occidental de la medicina, entonces la gente comenzó a revisar y a consultar otras opciones. Aquí, estamos hablando de una medicina milenaria de más de tres mil años. En Europa, cuando la gente se moría de peste negra, en China ya se habían formado las primeras universidades. Son miles de años de evolución atendiendo a millones de pacientes con resultados que son tangibles… es una medicina muy potente.
¿La consideras una medicina alternativa?
Es complementaria, porque tiene muchísimo que aportar a la medicina occidental. Lo importante es que el paciente se sane.
¿Cómo se logra ese complemento?
Lo científico también está en el área oriental, existen universidades, convenciones anuales, etc.; lo que pasa es que para nuestra sociedad esto es relativamente nuevo y estamos recién abriéndonos a esta posibilidad. La física cuántica le da un espaldarazo absoluto a la medicina oriental porque todo es energía y acá recién se está incorporando este concepto al cuerpo humano.
ARMONÍA
Cuando su abuelo se enfermó, Juan decidió trasladarse a Combarbalá para cuidarlo. Durante su estadía, paradójicamente, Juan trabajó como acupunturista sanando a las mismas personas que recurrían a Manuel. Cinco años permaneció en esta localidad, donde, incluso, fue contratado como kinesiólogo en el hospital de Combarbalá. “Comencé a aplicar la acupuntura y mis conocimientos en medicina china, especialmente en los adultos mayores. La gente en el campo está acostumbrada a sanarse con hierbas, infusiones, cataplasmas, masajes, entonces esta práctica es muy natural”, recuerda Juan, y agrega que tras la partida de su abuelo, tomó la decisión de dejar Combarbalá para trabajar en La Serena.
¿Tras casi nueve años desde tu llegada, cómo ha sido este camino?
Ha sido todo un proceso de generar las confianzas, a través de la práctica y de la difusión de la medicina china. Hemos ido creciendo gracias a su efectividad, porque nuestro objetivo es que las personas, en especial la de escasos recursos, tengan acceso a ella y siento que lo hemos logrado.
¿De qué manera?
La forma es retribuyendo al universo y esto se ha dado gracias a un proyecto conjunto con el municipio de Coquimbo, el que permitirá becar a diez profesionales del área de salud pública. Transmitiré a ellos el conocimiento de la medicina tradicional china, durante tres años de estudio. Este proceso es pionero en la región.
Un hito importante para el área de la salud
Y una gran satisfacción, porque el objetivo es que cada vez más personas se especialicen en este conocimiento y ¡qué maravilloso que haya más acupunturistas en la región!
¿Y cómo evalúas este proceso de sanación de tus pacientes?
Hay muy buenas respuestas a los tratamientos de acuerdo con los diagnósticos, y esto se da, en gran parte, porque es el paciente quien debe generar los cambios. Nosotros entregamos las herramientas para que ellos solucionen su problema, pues no solo basta con un medicamento, es necesario tomar agua, alimentarse sano, sonreír, hacer ejercicios…
TOMAR CONCIENCIA
Lo primero que hace Juan con sus pacientes es escucharlos y conectarse con el corazón. La conversación incluye todo tipo de hábitos de la persona y a través de estos, Juan realiza una evaluación, para luego llegar al diagnóstico y así plantear el tratamiento adecuado. Masaje tuina, aplicación de ventosas, uso de hierbasy moxibustión son algunas de las terapias que utiliza Juan en el Centro Méi Huá de La Serena, lugar donde, además, imparte clases de chi kung.
¿En que casos aplicas la moxibustión?
En pacientes con sintomatologías provocadas por el frío. Es que nuestro diagnóstico es distinto al de la medicina occidental, porque comprendemos que las patologías pueden ser provocadas por frío, calor, sequedad, humedad, por excesos o deficiencia de algo, entre otros.
¿No es un mito, entonces, la rigidez del cuello causada por una corriente de aire?
Así es. Existen enfermedades provocadas por exceso de frío, un resfrío; por calor, una insolación o un fuego en la boca; un cambio brusco de temperatura puede provocar una parálisis facial, en definitiva, cada terapia se aplica de acuerdo con el diagnóstico del paciente.
¿La aplicación de ventosas para qué sirve?
Las ventosas que aplico son a la usanza antigua y sirven para los dolores lumbares, para sanar algún tipo de parálisis o sacar edemas e inflamaciones de las articulaciones.
Los dolores lumbares se han hecho muy comunes en este último tiempo, ¿por qué?
La mayoría de los pacientes llegan con un diagnóstico, pero sin la solución a su desarmonía y esto es porque no somos conscientes de nuestro diario vivir. No está en su rutina el hacer, por ejemplo, ejercicios de respiración consciente y el oxígeno es el combustible fundamental de nuestro organismo. La alimentación, la hidratación, la postura y la actividad física son claves.
Y la voluntad, por cierto, es primordial
Los pacientes vienen con una idea, pero eso no mueve nada, lo que se requiere es una decisión. Las patologías mezclan factores externos e internos y este último, es la principal causa de las enfermedades porque tienen relación con la emocionalidad de las personas. Nuestro país tiene una gran cantidad de pacientes con estrés, migrañas, colon irritable, depresión, crisis de pánico o angustia y esto se debe a un estilo de vida. Nuestro sistema económico incentiva a que las personas se agobien, lo que genera una mayor competencia e individualismo.
¿Con todo esto, sientes realmente que vamos en vías de ser un país desarrollado?
Somos un país con un alto porcentaje de desigualdad, la gente vive endeudada y trabaja permanentemente bajo presión y este sistema económico provoca que las personas se enfermen, tengan rabia o se angustien. Con todo esto estamos más vulnerables y por eso, también, hay tanta gente que se atiende con siquiatras.
¿Sientes que deberíamos incorporar, desde pequeños, la medicina oriental?
Por supuesto, porque somos muy frágiles. Debemos aprender la importancia de la afectividad, del auto cuidado, a alimentarnos e hidratarnos bien. Nuestro sistema de salud está desbordado porque hay muchos enfermos y no da abasto. La base está en la medicina preventiva y el cambio se debe dar en la educación, a partir de los niños.
¿Cuál es el paso para cambiar?
Cambia tú y el mundo cambiará. No esperes que cambie el resto, el aporte está en cada uno. Tomar conciencia de lo importante que es la alegría, la sonrisa, la serenidad o la quietud. La base de la inteligencia es la afectividad.
“Nuestro país tiene una gran cantidad de pacientes con estrés, migrañas, colon irritable, depresión, crisis de pánico o angustia y esto se debe a un estilo de vida”.