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EDICIÓN | Mayo 2014

El riesgo de la voluntad

Patricia Álvarez, bombera
El riesgo de la voluntad

Pertenecer a la institución de bomberos, es un lugar que se ha ganado. Tanto es así, que ha sido parte importante en la conformación de la primera compañía femenina de bomberos del país, cuartel donde esta joven, amante del deporte, de su puerto querido y de su gente, ha entregado no solo esfuerzo y liderazgo, sino además la valentía y coraje de dejar todo… cuando el deber llama.

por Víctor Godoy J. / fotografía Patricio Salfate T.

Tiene muy claro cuáles son los riesgos a los que se enfrenta cada día. Sabe que esta labor, ad honorem, puede interrumpir cualquier actividad personal y que podría, incluso, ser motivo de celos para su pareja. Está consciente de todo lo que implica ser bombera; sin embargo, Patricia Álvarez (32) —coquimbana de corazón, soltera y deportista— es de las pocas mujeres de esta región que pasa buena parte de su tiempo en un cuartel, esperando que el llamado de una emergencia se encargue de cambiar su ritmo habitual.

Como si fuese poco, Patricia forma parte de la historia de la primera compañía, a nivel nacional, integrada solo por mujeres. Un hito que, sin duda, marca una increíble casualidad con la vida de esta joven voluntaria, pues su ingreso al mundo bomberil fue una petición familiar.

“La tía de mi padre, Mercedes Marín, fundadora de la Décima Compañía Femenina de Coquimbo, le pidió a mi papá que entráramos para que no cerraran la compañía, ya que no había voluntarias en ese entonces. ¡Quedamos muy sorprendidas! Tenía dieciséis años y, para nosotras, las mujeres no pertenecían al mundo de bomberos. Mi madre duró seis meses y al final me quedé junto a mi hermana mayor”, recuerda Patricia, y agrega “esta compañía fue fundada en el año 1968 como brigada, es decir, que las primeras bomberas se dedicaban, principalmente, a colaborar en ciertas labores de los hombres. Con el tiempo pasó a ser compañía y fueron cambiando los roles”.

La disciplina y rigurosidad forman también parte importante de su vida, dos aspectos necesarios para su labor como bombera y que los aprendió como seleccionada nacional de tenis de mesa, deporte que practicó durante quince años. Con el objetivo de consagrarse en lo que más amaba durante su juventud, partió sola y muy joven rumbo a Santiago. Se fue a vivir al Centro de Alto Rendimiento, donde se estableció por varios años. “La mayor parte del tiempo la dediqué a este deporte”, enfatiza Patricia.

OSADÍA FEMENINA

Patricia trabaja en la Corporación Municipal de Deportes de Coquimbo como coordinadora de eventos y encargada de proyectos. Sigue ligada al tenis de mesa como entrenadora jefa de la región, donde, además, está a cargo de la selección JUDEJUT. Otra gran parte de su tiempo transcurre en el cuartel de bomberos de la esquina de Pinto con Garriga, lugar donde se encuentra la Décima Compañía Femenina de Bomberos de Coquimbo. Ahora, espera ser la primera maquinista de esta compañía.

¿Cuál es el mayor riesgo de ser bombera?
Tener un accidente, quedar con secuelas o perder la vida salvando a otros.

¿Ese es tu miedo más grande en la vida?
No. Mi gran temor es perder a mi familia.

¿Es difícil llevar una relación de pareja?
A ratos resulta complicado. Cuando no son parte de la institución, es difícil que comprendan las levantadas de madrugada o cuando estamos en una cena familiar y dejamos todo tirado por acudir a un llamado. Otras veces los celos surgen… como estamos rodeadas de hombres (se ríe).

¿Tienes pensado ser madre algún día?
Sí, pero no en el corto plazo.

Si tuvieras hijos, ¿dejarías la institución?
Por supuesto que no. Las mujeres contamos con una reglamentación especial establecida por la Junta Nacional de Bomberos que permite el cuidado del hijo durante la gestación y hasta seis meses después de nacido.

¿Cómo compatibilizarías ambos roles?
Se puede hacer perfectamente, siempre y cuando la pareja entienda que esta labor es parte importante de mi vida y apoye en el cuidado de los hijos. Ejemplo de ello son mis sobrinas que se han criado dentro de bomberos, ya que mi hermana nunca ha dejado el voluntariado, es más, las incluyó.

¿Es un mundo machista el de los bomberos?
Realmente, sí. Acá en Coquimbo no lo es tanto, ya que llevamos años institucionalizadas como compañía femenina y desde que entré, cumplo las mismas funciones que los hombres. Cubrimos incendios y si tenemos que subir una escala, lo hacemos. No así en Santiago, donde éramos solo dos mujeres.

¿Te sentiste discriminada?
Es que tienes que mostrar al máximo tus capacidades. En fuerza estamos en desventaja, pero yo siempre me he atrevido a realizar las mismas actividades.

¿Hay diferencias entre un equipo de bomberos hombres y mujeres?
Creo que las mujeres son un poquito más ordenadas, pero también más conversadoras (se ríe). Nosotras somos más obedientes, a veces los hombres son demasiado confiados. Pero todos cumplimos con los mismos lineamientos, gracias a los cursos que nos hacen, así que estamos por la igualdad de género.

¿Qué te apasiona de este oficio?
La acción, ayudar a los demás y las amistades de años. Siempre es bueno saber de rescate, de primeros auxilios y tener disciplina, algo que también me ha dado el deporte.

¿Y lo que menos te gusta?
Salir a pedir plata. A veces hemos golpeado puertas haciendo colectas y te las cierran en la cara. Ahí es cuando decimos, “nosotros no cortamos el teléfono cuando nos llaman a un incendio”.

¿Crees que “ser bombero” será siempre una labor voluntaria?
En Chile se institucionalizó como tal y no puede dejar de serlo, de lo contrario no sería por vocación, sino por carrera. Se perdería el espíritu de servicio. Eso impediría que muchos de los que estamos hoy pudiésemos seguir.

¿Tú no estás de acuerdo con que sea una labor remunerada?
No. A nadie se le obliga a estar acá. A veces salgo de mi trabajo, voy un rato a casa y si no tengo nada que hacer, me voy al cuartel ¡Así estoy feliz!

¿Qué opina tu familia de esta labor tan arriesgada y solidaria a la vez?
Mi papá, después que me hizo entrar casi obligada, se arrepintió un poco porque hay riesgos constantes. Cuando era seleccionada nacional, me arrancaba igual a los incendios y podía dejar de lado una carrera de años. Con el paso del tiempo, todos están orgullosos.

Lidias constantemente con la muerte, ¿qué se siente?
En una de mis primeras emergencias, encontré el cuerpo de un menor, junto a él estaba su madre, observando esta situación. Fue muy triste. Es una de las escenas imborrables para mí.

EL LLAMADO DE LA SIRENA

Patricia comenta que estar en la compañía es, a veces, como estar en un regimiento. “El respeto en la institución es muy importante, similar a cualquier uniformado que debe cuadrarse con sus superiores”.

¿Cuál ha sido tu mayor logro institucional?
Ingresé como aspirante. En Santiago también estuve por diez años participando en la Primera Compañía de Ñuñoa. Cuando retomé la labor en la Décima Compañía en Coquimbo, fui capitana por cuatro años, hasta el 2013. Con eso me sentí campeona nuevamente.

¿Qué significó esa responsabilidad?
Como líder tienes que aprender a controlar tus emociones, actitudes y actos. De uno depende la emergencia y, obviamente, lo que pueda pasarle a tus bomberos. Tenía que dar instrucciones desde la salida, hasta llegar a la emergencia, distribuir las tareas y evaluar todo, es decir, el antes y el después de cada suceso.

¿Y qué te ocurre cuando escuchas una sirena de bomberos?
Sube la adrenalina y bastante. Cuando entré sentía miedo porque no estaba preparada. Hoy la situación es distinta; al enfrentarte a tantas emergencias, te das cuenta de que el temor tiene que pasar a segundo plano.

¿Has sentido, en alguna oportunidad, que el miedo te supera?
Una vez en Santiago, estábamos dentro de un incendio con opciones de derrumbe, el comandante nos sacó y, en segundos, a una compañera le cayó una viga en la rodilla. Tuvo una fractura y meses de recuperación. Fue un momento difícil.

¿Crees que se podría repetir en Coquimbo un incendio similar al último vivido en Valparaíso?
No, porque la distribución geográfica de Coquimbo no incluye bosques entre los cerros, que es causa de propagación rápida para el fuego. Además, los factores climáticos como el viento, no son frecuentes en la zona.

¿Cuentan con la infraestructura necesaria para enfrentar un siniestro?
Siempre falta apoyo. En la Décima Compañía tenemos un carro reutilizado, uno que dieron de baja en Punitaqui y el Cuerpo de Bomberos de Coquimbo no cuenta con una escalera mecánica; en el último incendio del Barrio Inglés tuvo que venir la mecánica de La Serena y eso implica perder un tiempo valiosísimo.

¿Y están preparados para combatir un incendio de gran magnitud?
Contamos con una gran dotación de voluntarios, bien capacitados y lo más importante, con el coraje suficiente para combatir las llamas, arriesgando nuestras vidas por salvar a los demás.

 

“Lo que menos me gusta es salir a pedir plata. A veces hemos golpeado puertas haciendo colectas y te las cierran en la cara. Ahí es cuando decimos: nosotros no cortamos el teléfono cuando nos llaman a un incendio”.

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