La verdad, científicamente comprobada, permanece sin resolver hasta el día de hoy, pues lo que se ha escrito hasta la fecha son pareceres ahistóricos. La pregunta es: ¿cuándo, cómo y dónde tiene su origen la sinonimia del bajo pueblo chileno al nombrar pisco al aguardiente de uva?
El inicio de la construcción de la República de Chile implica el reemplazo de la administración colonial española y el quiebre inmediato de las relaciones comerciales con el virreinato peruano. Las consecuencias para La Serena y la región de Coquimbo fueron de escasas repercusiones, pues la riqueza argentífera que proporciona el mineral de Agua Amarga y la producción del cobre contribuirán a minimizar los efectos de la crisis bélica.
El mayor problema es la falta de brazos para las faenas agrarias, siendo la más perjudicada la industria vitivinícola, pues debía competir con los altos salarios de la minería y los privilegios otorgados por el gobierno. Sin embargo, la zona central y sur de Chile, a causa de la guerra, quedan en la ruina económica y la zona norte deberá satisfacer la alta demanda de alimentos, trigo, vinos y aguardientes, además de ganado de todo tipo.
La Serena y Copiapó vivirán un ciclo de bonanza económica que no se detendrá hasta la crisis nacional del año 1873. La industria de los alcoholes es una de las más favorecidas, fundamentalmente, porque el gobierno, para limitar el crecimiento de los precios debido al déficit en el abastecimiento del mercado, autoriza la concesión para internar maquinarias que permitan fabricar destilados de caña de azúcar, diferentes tipos de frutas, tubérculos y gramíneas.
Esta franquicia gubernamental favorecerá a los industriales del pisco de la región, pues significa la modernización de sus plantas de destilados, luego, el Estado refuerza las políticas públicas para contribuir al crecimiento y desarrollo de la agricultura y la viticultura, con la creación de la Caja de Crédito Agrario, más la fundación de la Sociedad Nacional de Agricultura y el Centro Científico de la Quinta Normal, especialmente orientado a la consolidación del proceso de innovación y renovación de nuevas cepas, reemplazando aquellas plantadas entre 1690 y 1700.
La industria pisquera y vitivinícola, durante todo el siglo XIX, participa en las ferias agrícolas nacionales e internacionales, pues permite a todos los pequeños y grandes empresarios colocar en vitrina su producción de vinos, espumantes, piscos y otros destilados, obteniendo valiosos premios y reconocimientos. Por ello, los piscos de la zona tendrán un lugar de privilegio por su calidad y precios, destacando las marcas de Alba, Rodríguez, Peralta, Munizaga y otros apellidos vinculados a las primeras familias conquistadoras de La Serena.
Este ciclo de prosperidad está íntimamente vinculado al crecimiento de la actividad minera, la cual entra en crisis, hacia 1873, con el agotamiento de los yacimientos de plata y la baja ley de los metales de cobre, que se resolverá con la llegada de los inversionistas norteamericanos hacia 1906. El fin de esta crisis culmina con la Guerra del Pacífico y la anexión de toda la región del norte con sus yacimientos de guano, salitre y yodo. La región de La Serena es favorecida por su proximidad y la capacidad de reacción para hacerse cargo de abastecer de todos los artículos de primera necesidad a los trabajadores de las oficinas salitreras, pero muy pronto la competencia llega desde todos los lugares del mundo, sobre todo de Argentina y Perú
¿Cómo diferenciar los destilados locales con los extranjeros? Mediante la Denominación de Origen y el Estado, una vez más, interviene para proteger la industria regional y decreta que los aguardientes de la región de Atacama y Coquimbo reciban la denominación inmemorial, utilizada habitualmente entre los sectores populares chilenos: pisco.