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EDICIÓN | Mayo 2014

VALPARAÍSO ¿TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA?

VALPARAÍSO  ¿TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA?

Texto y fotografía: Sacha Sinkovich, Arquitecto ( www.sachasinkovich.cl )

Cuando el gran incendio en Valparaíso ya había comenzado, estábamos saliendo de Viña del Mar por la variante Agua Santa. La vista de allí permitía dimensionar no solo el efecto del fuego, sino que además la geografía porteña, suerte de bahía protectora para los navíos, pero indefensión trasera desde los cerros. Eso nos establece el primer antecedente: Valparaíso surge como puerto, y es su origen. No me imagino Valparaíso sin puerto, sin barcos surcando a la par del horizonte, y sin el sonido de bocinas ocultas detrás de la cortina de niebla.

Luego está la ciudad terrestre, aquella donde se trabaja, se vive y se muere. La que está anclada en el plan y en el cerro. Pero más se vive en el cerro, y más se trabaja en el plan. Así los barrios superiores se han constituido sólo en dormitorios y ocasionalmente escuelas y colegios con sus actividades anexas, y en las zonas más turísticas con el servicio de tiendas, museos y restaurantes.

Pero la realidad de la gran mayoría de Valparaíso es que el soporte de su equipamiento se encuentra en la parte baja de la ciudad y ya es tiempo que eso cambie, simplemente porque la distancia desde el plan a los cerros ha aumentado, y por ende debe considerar infraestructura que le ha sido negada. Valparaíso ha nacido del mar, pero ha llegado el momento de surgir desde el cerro, éste último no es la espalda y puede y debe ser el otro centro. Por ende, puede tener parques asociados a las quebradas verdes, cuerpos de bomberos, centros comerciales a escala de barrio, miradores combinados con programas específicos, bancos e infraestructura vial acorde.

Esto no se trata solo de las viviendas, sino que de la ciudad entera. No solo nos cobijamos bajo un hogar, sino que además realizamos una serie de actividades diarias que se mezclan, y que acentúan y enriquecen nuestro devenir. Pero la estructura es frágil y compleja, y cualquier decisión en un rincón se refleja en el vecino, por lo tanto el “efecto dominó” está siempre latente, y las decisiones deben tener en consideración el total y no la parcialidad, y con un fuerte acento social y de sentido común, ya que la ciudad es y seguirá siendo una gran comunidad con un carácter único.

Todos aquellos que hemos estudiado a Valparaíso, seguramente fuimos tocados por un hervidero de ideas cocinado a fuego lento en muchas décadas pasadas, pero hoy ese cocimiento pide ser devorado, y asumido para llevarse a cabo. Muchas de las propuestas que hoy surgen han estado guardadas en bibliotecas de escuelas de arquitectura, descritas en tesis de estudiantes de geografía, propuestas en proyectos de estudiantes de arquitectura y urbanismo, dibujados en croqueras, o al alero del colegio de arquitectos de Valparaíso, por nombrar algunos ámbitos.

De ideas no adolecemos. Tenemos gente muy capaz que las ha expuesto en diversas instancias, sólo falta quien se atreva a juntarlas, canalizarlas y llevarlas a cabo. Hay que perder el miedo al error (que paraliza), y hacer más, simplemente porque ya hemos pensado y opinado suficiente. Luego vendrá el tiempo del análisis y la evaluación, y entonces cuando tengamos un ritmo de trabajo, seremos ese ejemplo de progreso real, con diagnóstico y monitoreo permanente, y no el de la solución parche, estigma cultural, que se convierte en lo definitivo. Debemos adelantarnos a los eventos, y no que las desgracias consuman nuestros recursos al remontarnos, empobreciéndonos aún más. También debemos aventurarnos en decir NO, porque muchas veces le hemos dicho SÍ a todo, y para ello se requiere un Plan Regulador acorde a Valparaíso (¡Por favor!), con su geografía, con su libertad de mirador, sin barreras, y con la consideración a sus orígenes, historia y desgracias, solo hay que buscar la convivencia entre el Valparaíso romántico, y aquel del desarrollo (¿por qué no sería factible?).

Valparaíso debe ser ejemplo. Recuerdo una conversación con un colega que me decía que acá siempre estaban las primeras cosas o aventuras: el primer puerto, el primer teatro, el primer cine, etc. Ese espíritu debe recuperarse y canalizarse para que tengamos un sitial como ciudad pensada y en permanente observación. Pancho no puede permitirse ser reincidente en el error, ni en el abandono. Es la ciudad capital legislativa de Chile, y sin embargo se la trata como el patio trasero. El Congreso está acá, y si lo hemos “aguantado” tantos años, sería bueno que diera algo a cambio, al nivel de un poder del estado.

Pero hay esperanza, porque la juventud (divino tesoro), nos ha mostrado un camino que surge del tesón y la perseverancia, poniendo las manos en la masa, y no escondidos detrás de un escritorio o tablero de dibujo. Ellos con pala en mano despejaron el terreno. Si hasta dejaron lista la cancha, sólo falta rayarla. Con voluntad (que ha sobrado en esta oportunidad) y organización se podrá avanzar. No con un monumento a los caídos, sino que con una ciudad para los porteños.

Entonces, ¿qué Valparaíso quiere usted?, ¿queremos tropezar con la misma piedra?, ¡yo no!

 

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