Esta es la segunda entrega de Rafael Gómez, veinticuatro años y estudiante de medicina. Se trata de una bitácora. Un viaje en solitario que realizó en bicicleta durante el año pasado por lugares prácticamente vírgenes del sur de Chile. Una historia llena de anécdotas que respira sur y paisajes inéditos que, en esta oportunidad, se desglosan de su trayecto entre Puerto Tranquilo y Cochrane.
Por: Rafael Gómez S./ Fotografía Rafael Gómez S.
<strong>14 de Enero</strong>
Seis de la mañana. Amanece en Puerto Tranquilo, y así mismo estaba el lago General Carrera: tranquilo. Cielo nublado y muy oscuro, amenazante de un inminente chaparrón. Hoy me levanto temprano porque iré a escalar en hielo con Francisco Croxatto, arquitecto nacido en Santiago, pero que la Patagonia lo retuvo con sus encantos. Escalaremos en el glaciar Exploradores; me gusta pensar que ayer estaba en las catedrales de mármol y hoy aquí. Cada día es mejor.
Me dirijo al hostal El Puesto, un lugar muy confortable y cálido, al más puro estilo de la Patagonia, construido con materiales de la zona, es el orgullo de Francisco y su familia.<br /> Entramos a la van y ¡sorpresa!, los otros integrantes del grupo eran la pareja de brasileños a quienes había conocido en Cerro Castillo hace algunos días. Qué linda coincidencia, ahora será aún más entretenido.
El glaciar Exploradores, queda a 45 km al oeste de la ciudad, por un cajón precioso. El camino se recorre junto al río y en lo alto de las montañas se divisan ventisqueros.
Luego de una hora llegamos al refugio, ubicado en la entrada del glaciar. Somos recibidos por los "guías de la Patagonia", jóvenes locales que se forman en Coyhaique para especializarse en turismo. Son los compañeros ideales para adentrarse en estas tierras.<br /> Desde el refugio iniciamos la caminata por un bonito bosque, y en veinte minutos llegamos a un mirador, desde donde se puede ver el glaciar y en el fondo se aprecia el monte San Valentín, el más alto de toda la Patagonia, con 3.910 msnm. Hasta aquí, puede llegar cualquier persona sin necesidad de equipo ni condición física, es muy recomendable para venir con la familia.
Después nos internamos en la morrena (sedimentos que deja el glaciar al derretirse). Nos adentramos en algo que parece un glaciar sucio, cubierto por tierra y rocas. Después de una hora de caminata, nos ponemos los crampones, la única forma de caminar con seguridad sobre el hielo que, desde aquí en adelante, se ve más limpio. De un momento a otro te encuentras rodeado de hielo blanco, es impresionante estar dentro del glaciar. La perspectiva es completamente diferente a verlo desde fuera, te sientes pequeño dentro de este lugar lleno de matices azules y blancos, con grietas, cuevas y paredes de un sinfín de tonalidades y caprichosas formas.
Empieza a caer algo de lluvia, nubes de un color gris oscuro están sobre nosotros, contrastan con la claridad del glaciar que lo hace ver aún más impresionante. Buscamos una pared interesante para escalar y la encontramos, mide unos veinte metros y es prácticamente vertical. El hielo es bueno, se ancla la ruta, y empieza el show. Aprovecho de colocar la cámara Go Pro sobre el casco de quien escala, para tomar fotografías y grabar en primera persona.
Las horas pasan volando y escalar cansa. Tomamos un descanso para comer algo. Francisco saca un queque de miel hecho por Tamara, su señora. Si pasan por Tranquilo deben probarlo, ¡increíble! La poca lluvia no importa, tomar un café caliente en medio del hielo, bajo un alero de roca y en la Patagonia, no tiene precio.<br /> La caminata de regreso fue suave, pero entretenida, intercambiamos diferentes experiencias, de viajes y de vida. Con la buena compañía, las horas de caminata ni se notaron.
<strong>16 de Enero</strong>
Me encontraba alojando en el Hostal Costanera, César y su madre ya me habían acogido como uno más de la familia y como un trato implícito ayudaba con lo que podía, desde hacer camas hasta trabajar de garzón. A cambio, ellos me daban techo y comida.<br /> Fue ahí cuando una familia me preguntó sobre el porqué de este viaje y, en ese momento, me di cuenta de que todo estaba pasando muy rápido.
Salir solo a recorrer la Patagonia en bicicleta por dos meses, no era algo tan descabellado como parece, de hecho, tenía un par de objetivos muy claros. El primero era registrar, con fotos y videos, estas zonas del país, que pronto sufrirán grandes cambios, para poder tener memoria de cómo fue alguna vez y poder mostrarlo a gente que nunca lo conoció, quizás a mis hijos. Y el segundo, pero no menos importante objetivo, era reunir energía para el siguiente año de estudio que viene, ya que el año anterior sufrí una crisis vocacional que casi me hace dejar mi carrera en cuarto año.
Este día recordé el porqué de estar aquí y me sentí feliz. Me sentí más feliz aún cuando supe que iría de reportero en un tour a la Laguna San Rafael organizado por Ian Farmer, un inglés radicado en la Patagonia desde hace algunos años, que plantea una nueva ruta desde Puerto Tranquilo: Se toma el camino al glaciar Exploradores, hasta el final, donde se embarcan los pasajeros en un zodiac propulsado por potentes motores y tras un par de horas de navegación se llega a la Laguna San Rafael. Carretera Austral - Laguna San Rafael, una asociación que antes no existía.
El clima era horrible y la capitanía de puerto había prohibido los zarpes de cualquier embarcación. Esperamos mejor tiempo por un día entero en casa de Jaime y Rosa Schenfeld, pobladores que, aislados, hacen patria en este rincón de la Patagonia.<br /> Lamentablemente, el clima no cambió, aquí la naturaleza tiene la última palabra y decidimos regresar. Perdí tres días, pero valió la pena, había que intentarlo. Viendo el lado bueno, pude saborear el más rico salmón de mi vida, recién sacado del río.
<strong>20 de Enero</strong>
No fue fácil dejar Puerto Tranquilo, estuve un buen tiempo aquí y se crean lazos cuando se está viajando.<br /> Ayer dormí en mi carpa junto a la desembocadura del lago General Carrera, cuyas aguas dan vida al río Baker. Mientras comía fideos junto al lago más grande de Chile, el atardecer me regaló un cielo de color rojo anaranjado increíble, donde las nubes toman formas que parecen sólidas, tanto que algunos amigos que ven las fotos insisten en que son ovnis.
Justo un par de kilómetros antes de Bertrand, veo un logo conocido y es Patagoniaventura, las cabañas de la familia que me alojó en Coyhaique. Pasé a saludar y una señora, Mireya, me estaba esperando. "Tú debes ser Rafael", me dijo. Dentro de la cabaña había una pareja de ciclistas: Prado de España y Guillaume de Francia. Me quedé ahí esa noche, lo pasamos muy bien, pues fue como estar en casa.<br /> Al día siguiente fui a puerto Bertrand a pie. Intenté conseguir alguna bajada en rafting, pero ese día no había nada. Aquí destacan las bajadas por el río, las cabalgatas y una de las mejores pescas con mosca. Fue un día tranquilo en el pequeño poblado junto al nacimiento del ahora conocido río Baker. Ahí conocí algunos ciclistas italianos que también recorrían la carretera austral. No me van a creer si les digo que los tres tenían ¡más de cincuenta años!, impresionante, ojala mi papá tuviera la mitad de esa condición física. Conocí también a Pato, dueño del lodge Konaiken, orientado a la medicina alternativa, muy interesante, también a una geóloga búlgara que recolectaba sedimentos de glaciares y a cuatro chicas estudiantes de medicina de la UC que hacían su práctica voluntaria en Cochrane, quienes me ofrecieron alojamiento cuando llegara a esa ciudad.
<strong>21 de Enero</strong>
Partí muy tarde pedaleando ese día, mi intención era llegar a Cochrane. Eran solo cincuenta kilómetros, pero con mucho desnivel. Luego me tomé un buen tiempo en la Confluencia, que es el lugar donde se juntan el río Baker, de aguas verde turquesa, y el río Neff, de aguas verdes lechosas (por la gran cantidad de sedimentos). Es impresionante la magnitud de estas dos corrientes de agua que dan como resultado el río más caudaloso de Chile. Almorcé, a metros frente al agua. Fue un momento mágico.
Luego de pedalear por algunas horas, la lluvia y el sol formaron unos arcoíris tan grande que casi me desvío a buscar el tesoro. Mientras me detengo a tomar unas fotos, pasa una camioneta que hago parar para preguntar cuánto falta para Cochrane. Me dicen que faltan como veinte kilómetros, y me invitan a viajar con ellas hasta la estancia Chacabuco. (Los que vieron la película 180° south la conocen). Me pareció buena idea, pusimos la bici en la camioneta y nos desviamos de la carretera austral unos quince kilómetros.
La estancia Chacabuco está ubicada en un valle glacial, con una biodiversidad enorme. Este lugar se encuentra justo en medio de la reserva nacional Jeinimeni y la reserva nacional Tamango. Es propiedad de Douglas Tompkins, y su proyecto pretende unir estos tres terrenos para crear un gran parque.
Las chicas de la camioneta eran abogadas de Patagonia sin Represas, compartimos la cena y conversamos un largo rato. Tienen una dura tarea por delante. El proyecto parece ser mucho más invasivo de lo que uno piensa. Más allá de lo natural, afectará inmensamente lo sociocultural de la zona.
Por otro lado, la estancia, aún en construcción, busca ser lo más amigable con el medio ambiente en términos de energía, reciclaje y utilización de los espacios. Además, dentro de la misma existe un sistema de voluntariado donde chicos de distintos países vienen a trabajar para quitar los cercos que antes dividían los predios; la finalidad es que los animales puedan andar libremente por todo el terreno.<br /> Al día siguiente, me llevaron a visitar el sector de los Ñadis que será inundado por las represas; conocimos a algunos pobladores como Arturo: un pionero colonizador de la zona que, a pesar de su avanzada edad, se mantiene trabajando, y a Lili, una alemana que viajando conoció la Patagonia y a Rosendo, su amor, estableciéndose aquí. Ellos, luego de duros años de trabajo, lograron consolidar un hogar con dos hijos y un hostal.
Aproveché el viaje para dejar mi bicicleta en la casa de una señora en Cochrane. Pretendo cruzar a pie el cordón montañoso entre los cerros Tamanguito y Tamango que une la estancia Chacabuco de Tompkins con la Reserva Nacional Tamango.
<strong>23 de Enero</strong>
Estoy cruzando el cordón montañoso. Desde la estancia hasta el portezuelo hay, aproximadamente, mil metros de desnivel, y el viento aquí es fuerte. Veo pasar cerca unos cóndores, y escucho a lo lejos los chillidos de los guanacos. Desde aquí no hay más sendero. <br /> Traté de dirigirme directamente hacia la laguna Elefantita, pero lo que desde las alturas se veía como un camino fácil, era un tupido bosque infranqueable. Intenté cruzar por distintos lugares, pero el follaje era impenetrable. Busqué altura para tener una mejor panorámica y el único lugar con menos densidad de árboles tenía un desnivel que finalmente era una quebrada.
Mi plan había fallado, eran las 18:30, iba a oscurecer y tenía comida para un máximo de tres días. Había que tomar una decisión: regresar por el mismo camino hacia la estancia, lo que me tomaría unas cinco horas, intentar bajar por la quebrada hacia la laguna, o tomar las huellas de animales que van hacia el sureste (acercándome relativamente a Cochrane o, en su defecto, a la Carretera Austral). <br /> Estaba solo. Lo más sensato era regresar, pero al mismo tiempo significaba un fracaso. Por otro lado, lo más estúpido era intentar bajar por la quebrada, no entiendo cómo fue una opción en un momento. Finalmente, la decisión que tomé fue continuar por la ladera, siguiendo la huella animal, que en un par de días de caminata me llevaría a la Carretera Austral o a algún sector de la reserva nacional Tamango. Mi mapa no mostraba senderos en estos sectores, ni tampoco los de la reserva.
Caminé durante una hora, por una huella que a ratos desaparecía. Me preguntaba si había tomado una buena decisión. Cuando las dudas sobre la decisión eran mayores y tenía la desagradable sensación de estar perdido y totalmente incomunicado, me detuve otra vez.<br /> ¡Ahí fue cuando vi la pirca salvadora! (un montón de rocas apiladas que significa que hay un camino, las utilizan los arrieros para guiarse). Corrí hacia ella, pero no vi otra. ¡No puede ser! No había camino. Justo antes de perder las esperanzas, miré hacia abajo y en el bosque se divisaba otra pirca ¡y un sendero!
Sin la sensación de estar perdido todo se aprecia mejor. Pasé por unos pastizales y luego dentro de otro bosque me encontré con algunos pantanos donde el camino se pierde. Finalmente, el bosque se abre y llego a un claro, a lo lejos y bien abajo puedo ver el Lago Cochrane. ¡Me salvé!, ahora estoy ciento por ciento orientado.
Siguiendo un sendero perfectamente marcado, llegué hasta una especie de casa de guarda parque donde no había nadie. Eran las 22:00, estaba oscureciendo y yo deseaba, con toda mi energía, llegar a la ciudad. Pensé que seis kilómetros los podía hacer en poco más de una hora.
Cerca de la casa había una calle de tierra y un cartel que decía "Bienvenido a la Reserva Nacional Tamango". Según mi mapa, solo un camino de autos iba de Cochrane a la reserva, no podía ser otro.
Pero la caminata fue un desastre, podía ver las luces de la ciudad hacia un lado y el camino continuaba paralelo y finalmente tomaba la dirección opuesta, al mismo tiempo podía ver pasto cada vez más alto en el camino... parecía que no lo usaban hacía un buen tiempo. Luego de una hora de caminar, muy frustrado, cansado, con hambre, con sed, y con dolor en mis pies, decidí regresar a la casa del guarda parques e intentarlo al otro día. Ya no tenía agua, pero por suerte encontré un riachuelo y conseguí un poquito. Eran las 00:30.
<strong>24 de Enero</strong>
Me levanté, tomé un café y me subí a una roca grande para buscar otra ruta. No divisé nada. Así que, por tercera vez, camino por el mismo sendero. Luego de dos horas llegué a un terreno de pastizales de un metro y una casa evidentemente abandonada. No era el camino correcto, me sentí el más estúpido del mundo.
Había dos opciones: caminar por cuarta vez por el desgraciado camino hasta al lago Cochrane donde hay otra casa de guarda parques, o ir directamente hacia Cochrane que se veía, según mis cálculos, a tres kilómetros aproximadamente.<br /> Retrocedí por el camino, hasta ver una tranquera muy grande. Me llamó la atención porque el gran candado que había visto por la noche ya no estaba. Entré a un predio privado. Continúe saltando rejas, y por caminos interiores, hasta llegar a un camino de autos, que luego de una hora me llevó a Cochrane.
Lo primero que hice fue tomar un litro de leche con chocolate. ¡Qué alegría! Luego caminé un poquito por la pequeña ciudad (2.900 habitantes, aproximadamente) y me encontré con las estudiantes de medicina de la UC, quienes, muy buena onda, me invitaron a su casa. Todo era perfecto, pero algo faltaba, no me sentía completo, necesitaba a mi compañera, ahora me cuesta estar tanto tiempo lejos de la bici.
<strong>NUESTRO DATO</strong><br /> Alojamiento en Puerto Tranquilo:<br /> Hostal "Costanera": <a href="http://www.hostalcostanera.cl/" target="_blank">www.hostalcostanera.cl</a><br /> Lodge "El Puesto": <a href="http://www.hostalcostanera.cl/" target="_blank"> www.elpuesto.cl</a>
Alojamiento cerca de Puerto Bertrand <br /> Cabañas Patagoniaventura: <a href="http://www.patagoniaventura.com/" target="_blank">www.patagoniaventura.com</a><br /> Lodge Konaiken: <a href="mailto:lacasadelriobaker@gmail.com" target="_blank">lacasadelriobaker@gmail.com</a>
Alojamiento en los Ñadis<br /> Camping y refugio Rio Ñadis: <a href="mailto:lillischindele@yahoo.de" target="_blank">lillischindele@yahoo.de</a>
Imperdible: "El Saltón" en sector de los Ñadis
Expedición a la Laguna San Rafael desde Puerto Tranquilo, contactar a Ian Farmer: <a href="mailto:ian@consultpatagonia.com" target="_blank">ian@consultpatagonia.com</a>