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EDICIÓN | Mayo 2014

El valor de la tierra

Pablo Rosés y Jorge Schmidt, dueños campo Desarrollo Agrario S.A
El valor de la tierra
Hace treinta años, estos socios, se unieron con la idea de trabajar la tierra y producir fruta de exportación. Hoy su visión se ha concretado en seiscientas hectáreas de paltos, uvas de mesa y mandarinas de primer nivel, que los hicieron ganadores del premio por productividad y calidad en el concurso Mejor Campo del Año 2013.

por María Inés Manzo C. / fotografía Vernon Villanueva B.

En medio de los cerros de la comuna de Llay-Llay de Valparaíso, se encuentra un sorprendente campo de seiscientas hectáreas de paltos, uvas de mesa y mandarinas de exportación llamado Desarrollo Agrario S.A, que desde lejos sobresale por sus verdes colores e imponente terreno. Su producción de fruta apunta a la excelencia y sus modernas instalaciones, que cuentan con un packing y un frigorífico de última tecnología, les han permitido llegar a más de cincuenta países de todo el mundo.
 
Sus dueños, el chileno Pablo Rosés Yung y el argentino Jorge Schmidt Girotti, comenzaron esta empresa en 1984, cuando decidieron aventurarse y ser independientes, tras experiencias agrícolas en Curimón y Panquehue, respectivamente. Ese mismo año partieron arrendando unas tierras y sembrando trigo, pero luego incursionaron con las uvas de mesa; fue así que le presentaron un proyecto a una exportadora que los ayudó a financiar sus primeras plantaciones de esta fruta en Rinconada, Los Andes, en 1985. En ese entonces llegaron a tener sesenta hectáreas, pero pronto surgió la oportunidad de comprar unos terrenos en Llay-Llay que significaban partir de cero, ya que no había agua en el lugar y los cerros eran solo espinos y tierra.
 
“Nosotros nos juntamos, como toda sociedad, con una convicción: teníamos ganas de trabajar, hacer bien las cosas e innovar. Pablo es ingeniero agrónomo y mi familia es de agricultores; en Argentina criaba pollos y siempre he estado relacionado con este rubro. Por eso creo que es importante decidirse a hacer proyectos nuevos y atreverse porque, generalmente, la gente no lo hace. Estamos contentos con nuestro campo y nuestros logros, nunca fuimos agricultores que se quejaban ante las dificultades. Al contrario, nosotros decidimos tomar decisiones y echar para adelante”, señala Jorge.
 
¿Cómo definieron sus especies?
P: Cuando comenzamos estaba el boom de la fruticultura y todo el mundo hablaba de las peras asiáticas, de las peras rojas. Entones, plantamos cincuenta hectáreas de estas especies, pero al poco andar vimos que por ahí no iba el camino y las sacamos. No nos quedamos con frutas que fueran dando pérdida y pusimos variedades de uva de mesa que todavía están vigentes (como la Red globe). Tuvimos manzanas, duraznos, hasta que enfocamos al campo lo que era más rentable para estos terrenos. Después, con el tiempo, compramos los cerros y comenzamos con el proyecto de los paltos.
 
¿Cuáles fueron los desafíos que tuvieron como emprendedores?
P: El gran desafío es que no teníamos capital, pero teníamos muchas ganas de trabajar. Nosotros hemos estado encima desde el comienzo, hay muchos campos que se administran desde oficinas pero, en todos estos años, no hay día en que no vengamos a trabajar aquí mismo, porque en la agricultura las decisiones se toman en el momento y no puedes esperar tres días para ello.
 
CAPITAL HUMANO
 
Desarrollo Agrario S.A, fue premiado por el concurso Campo del Año 2013, organizado por Anasac, por sus buenas prácticas, destacando su alta productividad y una calidad que los ha hecho entrar al mercado internacional. Pero para estos socios, más allá de los premios, lo que realmente les importa es el capital humano, sus trabajadores, y es por ello que están constantemente capacitándolos. “Hay que darle oportunidad a la gente que viene de abajo y hay que ser cariñosos. Para nosotros no hay nada más importante que nuestros empleados, porque si les va bien a ellos, nos va a ir bien a nosotros”, cuenta Jorge.
 
¿Cuántas personas trabajan con ustedes y cómo los han fidelizado?
P: En este momento hay seiscientas cincuenta, estamos en el peak. Este trabajo es sacrificado, pero incorporamos tres especies de fruta —que se dan en distintas estaciones— para darle continuidad al trabajo de la gente y no despedirlos. Por eso están, prácticamente, todo el año estables. Muchas empresas se quejan de que no tienen trabajadores, pero aquí nunca faltan.
 
J: Nuestros trabajadores están contentos y ganan dinero. Se les da buenas condiciones para que así sea, por ejemplo les tenemos buses que van a buscarlos y dejarlos a sus casas. La mayoría de los agricultores tienen de intermediarios a contratistas pero nosotros les damos el trabajo directamente.
 
Están interiorizados en todo el proceso…
P: Claro, si contratáramos personas para distintas faenas, no estaría identificados con nuestro campo, ni con lo que están haciendo. Los mismos empleados hacen todos los trabajos: podan, ralean, cosechan y embalan. Saben que si lo hacen bien en la primera etapa, también podrán ganar dinero en la última etapa.
 
Por sus buenas prácticas fueron reconocidos en el concurso Mejor Campo del Año 2013…
P: Sí, participaron varios campos a través de todo Chile y también por región. Primero salimos ganadores en la Región de Valparaíso y por categorías, a nivel nacional, en productividad y calidad. J: Hay mucha gente que trabaja en este rubro, pero nosotros nos preocupamos de hacer las cosas lo mejor posible, porque parte de la rentabilidad del negocio reside en que el trabajo sea un agrado. Para ello las condiciones tienen que ser impecables. P: La clave está en tener gente capacitada y en tomar buenas decisiones, porque un error puede perjudicar la cosecha.
 
CANTIDAD Y CALIDAD
 
“Partimos con exportadoras externas y con packings mucho más artesanales, pero hace seis años nos modernizamos. Ahora todo lo que necesitamos está en nuestro campo. Cosechamos, embalamos y enfriamos lo más rápido posible. Cualquier fruta, desde que uno la corta, comienza su cuenta regresiva, por eso hay que hacer bien los procesos”, señala Pablo Roses.
 
¿Dónde exportan sus productos?
J: A más de cincuenta países del mundo. Las paltas, principalmente, se van a Europa (Holanda, España, Inglaterra, Francia) y Estados Unidos. Las uvas se van a varios países de Asia; Canadá, Estados Unidos y Brasil. Las mandarinas se consumen mucho en Canadá. Hay países a donde nunca esperamos exportar fruta como Vietnam o Indonesia, pero son mercados que se han ido abriendo y estamos presentes.
 
¿Cómo han logrado posicionarse?
J: Chile es un gran productor de fruta y debería ser líder a nivel mundial, porque difícilmente hay un país que trate mejor la fruta. Pero el problema es que Chile cada día está siendo más amenazado con el afán de abrir nuevos mercados a través de la reciprocidad, por parte del Ministerio de Agricultura. En un par de años no vamos a tener a quién venderle fruta por toda las enfermedades que nos están metiendo desde afuera.
 
¿No hay fiscalización con la fruta que ingresa del extranjero?
P: Muy poca y esto nos afecta como agricultores, ya que por los acuerdos comerciales nos traen plagas en las plantas que antes no existían. La Cordillera de los Andes, el Océano Pacífico y el Desierto de Atacama son nuestras grandes barreras, pero si no hay control y no se les impide ingresar estamos en riesgo. Si un insecto encuentra las condiciones adecuadas, no hay mucho por hacer.
 
¿Por ejemplo qué casos?
J: Actualmente estamos en una pelea por la entrada de las paltas peruanas a Chile, que tienen una serie de virus, que no afecta solo a la palta chilena sino que a las papas y tomates. Es una gran amenaza. Para presionar el ingreso de su fruta los peruanos dijeron que en las manzanas chilenas había larvas; pero cuando el gobierno dejó pasar sus paltas estas desaparecieron. Con esa seriedad se han estado relacionando los ministerios de agricultura de ambos países. P: En Chile al palto casi no se le hacen desinfecciones, porque es un árbol muy sano y en otros países es imposible cultivarlo, porque tienen tantas plagas que los destruyen. Por eso todas estas amenazas de afuera pueden ser fatales. Ya entró desde Europa, hace algunos años, una plaga en las uvas debido a un control poco riguroso.
 
PRODUCTOS PREMIUM
 
¿Qué caracteriza sus uvas?
P: Tenemos solo tres variedades, porque nos dimos cuenta de que son las que mejor se dan en esta localidad. La principal es la Red globe, una uva grande con semilla, muy dulce y favorita de los asiáticos, nuestro principal cliente. Después vienen la Crimson y la Thompson, uvas sin semillas que se van para Europa y Estados Unidos.
 
¿Y en paltas y mandarinas?
P: Comercializamos Hass, la reina de las paltas, por su buen sabor. Además es muy buena viajera, resiste largas distancias y la gente la distingue cuando está madura, porque se pone negra. Y en mandarinas tenemos la variedad W. Murcott.
 
¿Agregarán nuevas especies?
P: Hicimos una plantación de una variedad que fue creada aquí en Chile, que recién el próximo año vamos a tener una producción y sabremos cómo se comporta. Se llama Inia one grape, una uva negra sin semilla.
 
¿Cuánta es su producción anual?
J: Quince mil toneladas al año, son más menos cinco mil toneladas por especie.
 
¿Les ha afectado el cambio climático?
J: Sequías nunca hemos sufrido, porque hemos tomado todas las precauciones con el agua, hemos invertido mucho en ello y tenemos un excelente sistema de riego (por goteo, por bombas y con un estanque). Por suerte estamos en una zona privilegiada. P: El clima es una de las cosas que no puedes controlar, por eso hay que buscar especies frutales indicadas. Por ejemplo, el 2007, tuvimos en la parte baja una plantación de paltas que se heló por completo. Se perdieron alrededor de sesenta hectáreas, por eso hoy nuestros paltos están en los cerros.
 
¿Cuál es su filosofía?
J: Creemos que “las cosas se hacen hoy, mañana es tarde”. Es así como nos ha resultado, porque muchas veces nuestras mismas recetas las hemos pasado a gente amiga o conocidos y no han funcionado igual, pero no tenemos un secreto es solo compromiso y pasión por el trabajo.

 

 
“Para presionar el ingreso de su fruta los peruanos dijeron que en las manzanas chilenas había larvas; pero cuando el gobierno dejó pasar sus paltas estas desaparecieron”, Pablo Rosés.

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