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EDICIÓN | Diciembre 2011

Santuario ecológico

La Gallardina

Una combinación perfecta de paz, descanso, ecología y belleza es lo que encontramos en nuestra visita al parque ecológico La Gallardina, lugar que, por instantes, nos hace imaginar que hemos dejado la región de Coquimbo y nos encontramos en la zona sur de nuestro país, gracias a la variada flora y grandes árboles que nos rodean y llenan de color nuestro camino. Especies que han sido traídas de distintos lugares de Chile y el extranjero.

Por Francisca Larriba C. / Fotografía Patricio Salfate T.

Nuestro viaje hacia La Gallardina comienza temprano en la mañana. Desde La Serena, capital regional, tomamos la ruta D-43 que nos lleva a la ciudad de Ovalle, desde aquí nos desviamos rumbo a la cordillera hacia nuestra primera parada, Monte Patria. Las viñas, cada vez más numerosas, acompañan nuestro camino, recordándonos la importancia que tiene el desarrollo de este sector agrícola para la economía de la región de Coquimbo.

Siguiendo nuestra ruta comenzamos a divisar el embalse La Paloma, la represa de riego más grande de nuestro país y la segunda de Sudamérica. Este es un paso obligado para el turista, porque además de apreciar la inmensidad de la construcción, acá tenemos una vista privilegiada del valle.

Luego de esta pausa retomamos el viaje y llegamos a Monte Patria; apenas descendemos del auto se escucha a los loros tricahues, especie protegida por estar en peligro de extinción, y que habita en gran número en esta zona del país. Tras disfrutar este peculiar sonido, caminamos hacia la iglesia, que fue construida en adobe y pino oregón el año 1886; a una cuadra está la Plaza de Armas, cuya remodelación fue inaugurada recientemente en el año 2009 y que se caracteriza por su piso de hormigón estampado, los muros de piedra laja roja y su pileta.

Al terminar este recorrido, reanudamos el viaje y luego de treinta y un kilómetros por la Ruta D-597, divisamos un letrero de madera que nos anuncia que hemos llegado a nuestro destino.

<strong>TURISMO ECOLÓGICO</strong>

Ubicado en el corazón del Valle del Río Grande, en la localidad de Carén, se encuentra el Parque Ecológico La Gallardina, lugar que reúne ecología, árboles, flores, aves, paz y es un lugar perfecto para el descanso. Al ingresar lo hacemos por un túnel creado por naranjos, parras y algunos paltos, que nos llevan hacia la hostería, donde nos espera Sybilla Bozzolo, dueña de este santuario de la naturaleza y quien será nuestra anfitriona.

A primera vista notamos la dedicación y trabajo que pone Sybilla en el mantenimiento y cuidado del parque; cada rincón tiene un detalle, incluso de los árboles cuelgan casitas de madera, para que las distintas aves aniden en ellas. Sin lugar a dudas, este cariño y admiración por la naturaleza es la que atrae cada año a los cientos de turistas que llegan de distintas partes del país, especialmente de Santiago, y del extranjero. Para ellos hay disponibles cinco habitaciones y una zona de camping que la diferencia de otros por su estado natural y por encontrarse en el corazón de este parque de siete hectáreas.

La Gallardina está pensada para que el turista se relaje y se olvide de sus quehaceres diarios. Es por esto que al momento del almuerzo o la cena puede elegir entre hacer un asado en la zona de picnic o, si realmente sólo quiere descansar, puede comer en el restaurante, que ofrece comida casera, fresca, preparada por la dueña, con sabores internacionales, ya que Sybilla estudió cocina en Santiago y en otros países como Italia, así que cada una de las preparaciones es especial. "Yo soy la anfitriona de este parque; además, cocino para los turistas, no tengo platos extras ni carta, pero cada día hay un menú, hago todo fresco, esa es la ventaja de aquí. Por supuesto que si hay alguien que, por ejemplo, es vegetariano, le preparo algo especial", nos cuenta Sybilla, mientras comenzamos nuestro recorrido por el parque.

<strong>SANTUARIO DE LA NATURALEZA</strong>

El parque abrió sus puertas para los turistas hace diecisiete años; antes era una hacienda familiar, pero el amor del marido de Sybilla por las plantas y por este paraíso ecológico lo llevó a querer compartirlo. Fue así como comenzó a ser paso obligado para turistas que llegan al lugar, especialmente en los meses de verano y fines de semana largos. "Incluso los treinta y uno de diciembre vienen parejas que quieren celebrar de una manera especial el inicio de un nuevo año", señala nuestra anfitriona.

Letreros de maderas nos guían y nos muestran los senderos que debemos seguir. Lo primero que vemos es un jardín de flores, que nos adelanta el gran viaje de colores, aromas y naturaleza que nos espera. Mientras realizamos el recorrido, nos damos cuenta del gran trabajo que ha hecho Sybilla, pues en un comienzo eran tres hectáreas y medias de parque y hoy es el doble de hectáreas que están protegidas y cuidadas de una manera ejemplar. En el camino observamos más de novecientos tipos de rosas y rosales, doce colores de buganvilias, calas, lirios y más de veinte tipos de achiras, que enamoran aún más a los amantes y entendidos de las flores y encantan al turista que, hasta ese momento, no tenía un mayor conocimiento de ellas.

Hoy, el lugar cuenta con ejemplares de coligües, bambús, ceibos, jacarandás, ombúes, arrayanes, espinos, canelos, algarrobos, palmeras, pimientos, maitenes, molles, cinco variedades de sauces centenarios y nalcas, estas últimas famosas, porque en sus hojas se prepara el tradicional curanto de la isla de Chiloé.

Al avanzar nos vamos sentando en las distintas bancas y glorietas, que son un tipo de pérgola, para disfrutar de los sonidos silvestres, de las aves y del río, que nos relajan y terminan por desconectarnos completamente. Cada vez escuchamos el sonido del agua más cerca y, claro, al fijar la vista al fondo del camino comenzamos a divisar el Río Grande. El agua está a una temperatura agradable, su caudal es grande, pero no llega a ser peligroso, características que invitan a bañarse en las pozas que se forman cerca de su orilla.

Luego de recorrer este extenso paraíso natural, regresamos a la hostería, donde se puede disfrutar de la piscina y de su bello entorno, de la tina de agua caliente y por la noche hacer turismo astronómico, ayudados por un telescopio de uso manual y, dependiendo de la época del año, se pueden observar sin ningún problema los cráteres de la luna, Venus, Marte, y un gran número de constelaciones.

<strong>CARÉN, PASADO COLONIAL</strong>

Exactamente a un par de minutos de La Gallardina se encuentra la localidad de Carén, que en quechua significa "lugar verde". Su mayor atractivo, además de su gente, es la parroquia que, según su historia, comienza a gestarse en las primeras décadas del 1800. Construida en pino oregón y álamo, en su interior conserva imágenes sagradas de tamaño natural traídas desde España. Para los pobladores esta iglesia es un vivo recuerdo del pasado colonial de esta localidad.

Luego regresamos a La Gallardina, donde esperamos la noche, que llega con su manto negro de cielo completamente estrellado posándose sobre el parque. Al no haber contaminación lumínica se distinguen nebulosas y billones de astros que nos recuerdan, una y otra vez, que estamos en la reconocida Región Estrella de Chile. El silencio de la noche solo es acompañado por algunos grillos y por el aroma de las rosas que nos rodean gracias a la brisa que corre.

Al día siguiente nos levantamos temprano y desayunamos con Sybilla, quien nos tiene distintos productos de la zona, palta, queso de cabra y unos pequeños y dulces damascos, que son de los primeros que han salido en esta temporada. Regresamos a La Serena maravillados por los lugares que visitamos y con la convicción de que aún nos queda mucho por conocer de esta región.

<strong>NUESTRO DATO</strong><br /> Parque La Gallardina camino a Tulahuén s/n Carén, Monte Patria<br /> Reservas y consultas: <a href="mailto:lagallardina@hotmail.com" target="_blank">lagallardina@hotmail.com</a>.<br /> Fono: 53-726009

<em><strong>La Gallardina está pensada para que el turista se relaje y se olvide de sus quehaceres diarios. Es por esto que al momento del almuerzo o la cena puede elegir entre hacer un asado en la zona de picnic o, si realmente sólo quiere descansar, puede comer en el restaurante, que ofrece una comida casera, fresca, hecha por la dueña, con sabores internacionales.</strong></em>

 

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