Cuando uno habla de Tongoy, de inmediato se imagina hermosas playas y una exquisita gastronomía con sabores del mar, especialmente ostiones. Pero aunque le resulte increíble, a solo minutos de ese costero paisaje usted se puede encontrar con un paraje sacado del sur de Chile en un ambiente que parece inmune al paso de los años. Prepárese, porque en el siguiente viaje por el sur de la comuna de Coquimbo conocerá desde una pulpería hasta un galpón donde se esquilan cerca de seis mil ovejas.
Por Juan Pablo Díaz U./ Fotografías Patricio Salfate T
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Tenemos el dato y hemos visto algunas fotografías de nuestro destino, pero pronto constataremos que nada nos pudo haber preparado para la sorpresa que estábamos a punto de llevarnos. Desde La Serena salimos en camioneta por la ruta 5 con dirección a Tongoy, trayecto ultra conocido que no nos significa más de cuarenta y cinco minutos para estar en uno de los balnearios más reconocidos de nuestro país.
Entramos al pueblo, nos abastecemos con algunas cosas y nos aseguramos preguntándole a un tongoyino sobre el camino que debemos tomar para llegar a la Hacienda El Tangue. Estamos bien en la hora, así es que por cinco minutos nos quedamos contemplando la playa Socos, que con Puerto Velero de fondo no deja de encantarme cada vez que la visito.
Ahora sí, avanzamos solo unos metros con dirección al este hasta encontrarnos con un desvío claramente señalizado. Desde ahí comienza un camino de tierra hacia el sur que nos llevará hasta nuestro destino.
Nosotros vamos en camioneta, pero eso no significa que sea indispensable, ya que el camino está apto para transitarlo con vehículos menores. Rápido el paisaje comienza a cambiar y nos ofrece postales muy atractivas, con seguridad favorecido por un año lluvioso que dotó a la zona de un manto verde en los cerros y otra gran variedad de colores, cortesía de las flores silvestres que se multiplican ante nuestros ojos.
Sin duda la escena que lo va a obligar a detenerse para unas fotografías es un túnel natural formado por árboles. Parece surrealista si recordamos que estamos en pleno norte chico, muy cerca de la concurrida playa de Tongoy. Pero ahí está ese trozo del sur ante nosotros, y es ahí donde atravesamos una especie de portal de tiempo y espacio.
<strong>COMO EN LA PATAGONIA</strong>
Casi veinte minutos en total toma llegar por ese sorprendente camino a la Hacienda El Tangue, o al menos hasta su centro administrativo, porque estamos hablando de un territorio de cuarenta y cinco mil hectáreas.
Ahí nos está esperando Rodrigo Pérez, uno de los trabajadores de la hacienda, tanguino orgulloso, conocedor de esas tierras y, en esta oportunidad, nuestro anfitrión.
El encuentro no pudo ser mejor, no sólo por la hospitalidad de Rodrigo, sino porque apenas arribamos quedamos impactados con un enorme granero, ejemplo patente de las construcciones típicas y distintivas que encontraremos aquí, basadas en gruesos muros de adobe y techo de totora. Esa arquitectura constituye un eficaz aislante térmico y acústico. Al interior de esas casas o galpones no se siente frío en invierno, ni calor en verano.
Rodrigo nos invita primero a conocer el que con seguridad es el edificio más representativo de la hacienda: el galpón de esquila. Sí, aquí en la región de Coquimbo encontramos esta actividad propia de la zona sur y austral de nuestra geografía. De hecho, El Tangue marca el límite norte del esquilado masivo de ovejas.
Su planta en forma de T completa ochocientos setenta metros cuadrados y casi nueve metros de altura. Fue diseñado por H. C. Morgan y construido en la década del cincuenta por el arquitecto Marcelo Bachelet, que habría sido tío de la ex Presidenta de la República.
Se trata de una edificación rural sorprendente, con gran espacio interior y cerchas de madera a la vista que dibujan un atractivo entrelazado bajo el cielo de totora, donde encontramos a dos hermosas lechuzas blancas. Según nos cuenta Rodrigo, todos los materiales utilizados en su construcción son de la misma hacienda, lo mismo que la mano de obra empleada para levantarlo. "El del galpón de esquila es un techo cuyano, característico porque no se le ven las puntas, ya que la totora va dando vueltas".
Desde la segunda quincena de octubre, por este galpón pasan cerca de seis mil ovejas para ser esquiladas, en una actividad más propia de la Patagonia y que servirá para exportar lana a Norteamérica.
Aprendemos un poco de la esquila. En la hacienda se hace con una hilera de máquinas conectadas a un mismo motor, en cada una de ellas se ubica un esquilador dispuesto a bailar con el animal, porque para que tenga éxito el proceso es necesario practicar una especie de danza y tener mucha fuerza en los brazos y las caderas.
La oveja sale sin su pesada y calurosa carga, porque ese manto de lana se denomina vellón y pasa directamente a una mesa de clasificación, donde un experto determina si se trata de primera o segunda calidad, lo que depende de la firmeza de la lana. En todo caso, el precio es el mismo, y son muy pocos los vellones que arrojan una resistencia menor que la primera calidad.
Luego el vellón se dobla para formar un ovillo, y en grupos de setenta se prensan con una enorme máquina que funciona solo con fuerza humana. El resultado de este pesado trabajo es un enorme fardo listo para ser comercializado.
Hasta este galpón llegan los corredores de lana a comprar el producto y son ellos los que luego hacen la exportación a Estados Unidos, el destino final de la esquila que se hace en El Tangue.
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<strong>COMO ANTAÑO</strong>
Dejamos el galpón de esquila para seguir recorriendo parte de la hacienda. Nos sorprendemos con el único almacén del lugar, porque todavía conserva su denominación de pulpería, a pesar de que ya no se aceptan fichas para comprar los productos que ofrece ahí Marta Vega, que lleva veintisiete años a cargo del negocio, aunque antes de eso le ayudaba a su papá en la misma pulpería.
Marta incluso se hizo famosa porque en su negocio se filmaron escenas de la película nacional <em>B-Happy</em>, y ella también tuvo la oportunidad de actuar y aparecer en la pantalla grande.
La pulpería la encontramos bien abastecida, ella nos confirma que no le falta nada de lo que piden sus clientes, "cigarros, pan, aceitunas de la zona, cuajo para cortar el queso, hasta herraduras vendo".
Si bien ya no existen las fichas como en las pulperías del salitre, todavía se conserva la costumbre del crédito mediante anotación en un cuaderno. "Cuando los vecinos se quedan sin mercadería vienen a abastecerse de aquello que les falta y se anotan".
<strong>SANTUARIO DE LA NATURALEZA</strong>
Nos seguimos moviendo, porque Rodrigo nos lleva ahora al sector de la laguna. El paisaje es sobrecogedor, con un espejo de agua dominado por distintas especies de aves, donde sólo se les escucha a ellas y al viento.
"La laguna la habilitamos como mirador hace unos cuatro años, porque antes estaba un poco abandonada. Desde que hicimos un arduo trabajo de limpieza y mantención, incluso comenzaron a llegar más aves. Está el pato cuchara, el pato rana, el pato colorado, el pato real, el jergón grande y el jergón chico, solo por mencionar algunas. Incluso, a veces, se puede divisar al siete colores y también llegaron cisnes".
Durante varios minutos permanecimos en silencio, no porque lo planificáramos, simplemente porque ahí nos despojamos de la mochila de preocupaciones que cargamos cotidianamente en la urbe. "Este lugar es de mucha paz. La gente que viene de la ciudad aquí se desconecta y luego siente que se va caminando sobre el aire".
No son pocos los fotógrafos aficionados que han estado aquí por varios días captando el entorno o registrando a cada una de las especies que aquí se pueden encontrar.
Es en las cercanías de la laguna donde está la mayoría de las casas de las familias que viven en El Tangue. En una de ellas nos vendieron, a muy buen precio, una enorme pieza de queso de cabra fresco, muy recomendable por lo demás si es que pronto se anima a visitar estas tierras.
A propósito de datos culinarios, Rodrigo nos explica que si bien no tienen una ruta turística formal, sí pueden recibir a algunas familias que deseen visitar la hacienda y para eso "podemos ofrecer un almuerzo familiar en casa, por supuesto para no más de diez personas porque es la capacidad que tiene uno en el hogar para atenderlos bien, y también para conservar la pureza del lugar y no invadirlo tanto".
Es que ahí radica el principal atractivo de El Tangue, esa sensación de estar detenido en el tiempo y en un lugar distante de la región de Coquimbo. Nosotros atravesamos ese portal y quedamos encantados, nos vamos renovados a nuestro presente citadino y con la firme convicción de retornar en un futuro muy cercano.
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<strong><em> "Desde la segunda quincena de octubre, por este galpón pasan cerca de seis mil ovejas para ser esquiladas, en una actividad más propia de la Patagonia y que servirá para exportar lana a Norteamérica". </em></strong>
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<strong>Nuestro dato: Hacienda El Tangue. Fono (051) 391 201</strong>
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