El sabor de la cobia es suave y muy agradable. Es un pez blanco, altamente cotizado en gastronomía por su gran parecido al atún y sus altas cantidades de aceites, que lo hacen ideal para ser usado como materia prima de sushi, aunque debemos reconocer que preparado a la plancha es un verdadero placer.
Aunque es una especie tropical, el empresario Daniel Nieto y su socio Oscar Torres se animaron a hacer la prueba y comenzar un cultivo, nada más y nada menos, que en las aguas de Mejillones, logrando concretar, poco a poco, una idea tan simple como genial, de esas que uno piensa ¿cómo no se me ocurrió algo así?
Pero como todo buen emprendimiento, este proyecto conlleva sacrificios y Daniel los ha hecho en grande. Oriundo de Santiago, se trasladó al norte dejando una bella casa de campo en las cercanías de Puerto Montt, donde se inició en el negocio del salmón, en el que estuvo por veintitrés años.
Lejos de los suyos, una vez al mes se reúne en Viña del Mar con su familia, punto de encuentro elegido, pues es donde estudia uno de sus tres hijos. Lleva más de un año y medio con este ritmo y ya se comienzan a visualizar los primeros frutos.
¿Cómo surgió esta idea del cultivo de peces en el norte de Chile?
Soy médico veterinario de la Universidad de Chile y me dediqué a la acuicultura desde que empecé a trabajar. Estuve veintitrés años en la industria del salmón en el sur donde vivo normalmente, mi familia está allá. En un momento de mi carrera sentí la necesidad de buscar nuevas alternativas, pero en el mismo rubro, porque me gusta mucho cultivar peces y brindar una proteína sana a quienes gustan de una buena comida. Después de mucho estudiar qué pez producir, me vine al norte. No fue fácil la elección, sobre todo cuando la mayoría de los mercados para los productos de acuicultura están en el extranjero y como país tenemos poco hábito de comer pescado.
¿Por qué optó por la cobia?
Este pez tiene la particularidad de mantener una tasa de crecimiento muy rápida y sostenida y, además, en su vida silvestre no constituye cardumen, lo que significa que no es una especie que salga en la pesca de arrastre, ni en ningún otro tipo de extracción, por lo cual no llega en forma masiva al mercado. Es decir, por estas características y su sabor delicioso constituye un producto gourmet muy exclusivo que en Estados Unidos, Asia y Europa se ha transformado en un plato costoso, rico y muy escaso.
¿Su idea es entrar a un mercado más específico?
De todas maneras. Especies más masivas como el salmón y la tilapia alcanzan producciones de dos y media y seis millones de toneladas al año. La cobia, en cambio, solo alcanza las cuarenta mil toneladas, de acuerdo con las estadísticas de la FAO.
¿En qué etapa se encuentra este proyecto?
El cultivo empezó en octubre de 2012 con la llegada de los primeros huevos embrionados desde Estados Unidos, puesto que la cobia nunca había estado en Chile. Tuve que empezar con un permiso de la subsecretaría de pesca para hacer un cultivo experimental. Solo esa tramitación demoró dos años y medio. Una vez obtenido este permiso que autoriza la importación, me vine al norte y me puse en contacto con la empresa E-CL y ellos engancharon inmediatamente con la idea, demostrando clara consecuencia entre su discurso de innovación y sustentabilidad y su accionar, especialmente en el contexto de su relación con el entorno físico, social y de medio ambiente. Construimos en solo cuatro meses, presionados por la fecha de embarque de las ovas, una piscicultura experimental en E-CL en Mejillones, en la que nos dedicamos a hacer un montón de ensayos exigidos por la subsecretaría y que establecen las pautas técnicas acerca de cómo cultivar la especie en distintas condiciones de salinidad y temperatura, pruebas de cohabitación para determinar posibles relaciones de depredación, entre otros aspectos. Tras esa fase pasamos una etapa de sondeo de mercado y hemos cosechado algunos peces que han crecido en este tiempo, los hemos procesado en la planta de don Vanjo Zlatar y, básicamente, los hemos utilizado en degustaciones en restaurantes de alta cocina en Antofagasta, como Amares y Divinus, también en Santiago y en Viña del Mar.
¿Y cuáles han sido los resultados?
Nos ha ido extraordinariamente bien. El agua resultante del proceso de enfriamiento de la termoeléctrica ha sido excelente para el cultivo de estos peces, nunca se nos han enfermado. Como acuicultor tengo una filosofía de cero químicos y cero desechos, no empleamos antibióticos, ni desinfectantes. Tratamos de acercarnos a la definición de cultivo orgánico en lo que hacemos.
NICHO DE NEGOCIO
Este profesional y emprendedor decidió llegar a Mejillones y empezar de cero en la acuicultura de peces marinos, la que a nivel local solo está presente a nivel académico, pero no industrial. Aunque este proceso tiene muchas dificultades, también entrega oportunidades, como la generación de empleos para pescadores de la zona, lo que da una interesante dimensión social al proyecto.
Además, el proyecto abre un nuevo espacio laboral para un sector tan afectado como la pesca artesanal…
El proyecto es una fuente de trabajo; actualmenteson diez personas que se han ido capacitando en distintas fases del proceso: registros diarios de producción, alimentos, tasa de crecimiento, factor de conversión del alimento a carne. Son personas que nunca habían escuchado estos conceptos y han aprendido a calcular, aplicar y entender el proceso; me interesa que ellos entiendan lo que está ocurriendo porque no podemos pretender que se haga el trabajo como lo haría una máquina.
Por lo que comenta son varias las externalidades positivas que genera este proyecto
A la connotación social del proyecto se suma también una dimensión ambiental por la reutilización del agua antes de devolverla al mar, le agregamos valor a esta agua. Otro pilar fundamental es el concepto de cero desechos que contempla la total utilización de los subproductos generados en la piscicultura, como son las fecas y la materia orgánica de los peces que se colectan y se aplican a unas camas de lombrices que transforman las heces en humus, abono orgánico extraordinario para las plantas, que es utilizado desde hace miles de años por culturas ancestrales; no es nada nuevo, pero el tema es aplicarlo y poder plantar y hacer florecer un jardín en medio del desierto.
¿Cómo ha recibido la comunidad mejillonina su proyecto de cultivo de cobia?
Desde el principio hubo un gran apoyo; recuerdo con mucho aprecio a Claudia Meneses, quien fuera seremi de economía, y a Mario Muñoz en su calidad de director regional de SERNAPESCA, ellos creo que entendieron de inmediato el potencial de este desarrollo. En Mejillones, el alcalde, Marcelino Carvajal, nos ha ido a ver varias veces y siempre nos deja una sensación tremendamente grata.
¿Es un trabajo muy demandante?
Creo que se requiere de un carácter especial para vivir en un sistema que te desafía, que demanda trabajo de veinticuatro horas, pero ha pasado un año y medio y hoy lo tenemos muy bien entendido y controlado; no pretendo decir que somos expertos, uno nunca lo logra en totalidad, pues se pasa la vida estudiando, pero obviamente hoy sabemos más que antes, hay un camino recorrido que ha sido genial desde donde se mire. Y queremos seguir avanzando a paso firme.