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EDICIÓN | Abril 2014

Pasaporte a la infancia

Por Karen Montalva, Directora Código Mujer
Pasaporte a la infancia
Rosetta Forner, destacada escritora y hada madrina/coach española, gran comunicadora y autora de libros que inspiran a miles de personas en todo el mundo.
De vez en cuando me gusta observar a mis hijos jugar. Espontaneidad y magia llenan los espacios que ellos transitan. Para Vicente y Tomás no hay límites, no hay sueños imposibles, nada es más importante que el momento presente coloreado por sus risas, sus ojos soñadores y su abundante alegría.
 
Pensaba en ellos cuando releía la entrevista que le hice a Rosetta Forner, sus palabras me conectaron con ciertos pasajes de mi niñez y me acercaron un par de preguntas... “Debemos ir en búsqueda de ese niño interior, el imaginativo, el creativo, el mágico, el rebelde... Encontrarnos con él y averiguar qué tiene que contarnos.... Hay personas que creen que no tienen dones porque les dijeron que como ellos, había cincuenta mil que no eran especiales.... Si te das permiso para hacer nacer ese don y esa capacidad, descubres que eso es algo que te caracteriza”, dice Rosetta.
 
Ir en esta búsqueda requiere un esfuerzo consciente, implica recorrer un camino hacia el encuentro con nuestra infancia y sus recuerdos. Significa entender que probablemente durante nuestra vida hemos puesto mucha energía para convertirnos en adultos serios de abultadas agendas y compromisos, con proyectos de vida sólidos, con “cosas” y circunstancias que nos brinden seguridad, y que en este trayecto, en alguna medida, nos hemos olvidado de todo aquello que nos hacía vibrar y hemos silenciado esa naturaleza infantil que puede ser maravilloso recuperar.
 
Conectarnos con ese niño interior es ir a descubrir nuestra esencia más profunda, es traer al escenario eso que nos hace únicos, es perder la vergüenza a mostrarnos, es reconocer nuestra luz, es poner de manifiesto nuestro don o talento, es hacer espacio para mostrar nuestra auténtica belleza.
 
Hagamos un breve ejercicio de memoria: ¿Qué es lo que más disfrutábamos hacer de niños? ¿Qué ingredientes componían esos momentos mágicos? Si hoy nos encontráramos con ese niño que fuimos, ¿qué nos diría?
 
Quizás nos miraría a los ojos, nos sonreiría y nos preguntaría si somos felices... Si hacemos aquello que nos gusta, si somos quienes queríamos “ser de grandes”, si aún jugamos, si reímos a menudo y si damos suficientes abrazos...
 
El tiempo pasa y nos va cubriendo de historia, envolviendo ese ser auténtico, a ese niño que fuimos y que aún permanece en nosotros, cubierto. Tomemos de la mano a ese niño y caminemos con él, escuchémoslo, descubrámoslo y permitamos que brille. Esa es la invitación que Rosetta nos hace y que yo tomo.

 

 

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