A las 20:45 horas del primero de abril de 2014, la tierra se movió. Esta vez no fue como el habitual temblor del “Chile sísmico”, en esta ocasión el caos fue mayor. Desde los ojos de María José Lanino conoceremos lo que fue el terremoto del norte, donde murieron seis personas, doce mil viviendas quedaron dañadas y cerca de ochocientas declaradas simplemente inhabitables.
“Yo estaba recostada en la cama junto a mi hijo Marcos (6), e inesperadamente nos asustó un movimiento brusco que fue aumentando de manera gradual. A los pocos segundos se cortó la luz y comenzó el caos”, relata María José.
“Esperamos que pasara sin salir de la casa y nos ubicamos en el sector más seguro de nuestro hogar. La magnitud fue tal que supimos que era probable un tsunami. A los diez minutos, aproximadamente, comenzaron a sonar las alarmas, las que movilizaron a todo Iquique. Agarramos nuestras mochilas de emergencia, ya preparadas, y salimos rumbo a zonas de seguridad”.
En este punto debo incluirme en el relato de María José. Tal como ella, salí a la calle donde era como estar en una película de zombis, todos pálidos, con cara de espanto, caminando a oscuras. Cientos de personas en la misma dirección, muchos con frazadas en mano, padres, niños, guaguas y ancianos, todos convergimos en el mismo estado de nerviosismo.
Pero a diferencia de la mayoría, María José asumió una actitud distinta al sálvese quien pueda. “Ya avanzadas dos cuadras, notamos que una joven tenía bajo su tutela una pareja de ancianos, ambos en sillas de rueda. Sin pensarlo dos veces, tomé a uno y seguimos subiendo. Finalmente, llegamos al punto de encuentro. Para ese entonces ya se habían desatado tres incendios en Iquique y, a lo lejos, llamas gigantes hacían más escalofriante la tensa situación”.
Pero claro, esta vocación de servicio es algo que María José lleva en su ADN. Además de ser educadora diferencial, es bombero permanente de la Quarta Compagnia Pompa Ausonia Número 4 y está certificada para tratar casos Hazmat, los que involucran sustancias químicas, explosivas o peligrosas. A temprana edad, María José notó que ayudar a otros era algo que la hacía vibrar y terminando la etapa escolar comenzó a trabajar en diferentes campañas y programas para entregar apoyo a cuantas personas pudiera.
¿Qué sentías en el momento del temblor entre incendios y emergencias?
Mi corazón parecía acelerarse rápidamente, porque como bombero es mi deber mitigar cualquier emergencia de esas características, sin embargo, mi Marquitos es aún tan niño que no podría haberlo dejado solo.
Pasadas dos horas, María José se entera de otra emergencia de fuego; para entonces, la alarma de tsunami aún no se levantaba y bajar a territorio inseguro no era una opción, de modo que se apresuró para llegar a su compañía de bomberos y desde allí brindar los refuerzos necesarios. “Cuando uno tiene la vocación de bombero y quiere ayudar, nada es impedimento para lograrlo”, señala María José.
A diez días del terremoto, la encontramos en Fundación Integra, empacando ropa y alimento para los niños, lo que luego será repartido en las caletas ubicadas en el borde costero de la región de Tarapacá.
María José nos relata que se contactó con unos amigos de Santiago y se encuentra a la espera de que llegue una compañía de teatro y un camión con víveres para recorrer el interior de la región y así abastecer a algunos de los pueblos afectados.
Al mismo tiempo, durante los días posteriores al terremoto se dedicó a ayudar a los abuelos que están en situación de extrema vulnerabilidad, a quienes les prepara almuerzos y les consigue ropa abrigada y ropa de cama, a través de campañas que organiza ella misma.
Réplicas y más réplicas
Al día siguiente del terremoto, un temblor grado 7,5 volvió a azotar los nervios de los iquiqueños. Esta vez fueron más las infraestructuras afectadas, los vidrios quebrados, y el pavor por un posible tsunami no dejó a nadie en casa. La ciudad evacuada y la emoción de la gente a flor de piel.
“Los días siguientes han sido un constante sobresalto y se hace evidente que la ayuda no solo debe ser de carácter material, sino también de apoyo emocional”, comenta María José.
Y en realidad, ha diversificado hasta lo increíble su manera de ayudar: ha despejado vías, realizado actividades para los niños de su barrio, busca aportes entre sus amigos de todas partes del país.
Su trabajo con los más chicos busca lograr que de a poco vayan dejando a un lado la sensibilidad y el miedo. “Lo que hago es un tipo de tecito de cumpleaños, con globos, torta, juguetes para después, gracias a una publicación de Los Mineros de Chile, leer un libro de aprendizaje sobre los terremotos, el cual fue publicado posterior al 27 F de Concepción. Es importante que sepan que tener miedo es normal, pero que es importante superarlo y aprender de lo que nos pasó”.
Caravana de la alegría
A pesar de todos sus esfuerzos individuales, María José sabe que es importante apoyar a instituciones u organismos que tengan una mayor infraestructura a la hora de ayudar. Es por ello que se acercó a Fundación Integra, institución que organizó una actividad para ayudar a los niños a través del Jardín Sobre Ruedas, para llegar a las caletas que se encuentran en este momento en situación de aislamiento, como son San Marcos, Chanavayita y Río Seco.
“Ahora estoy aquí en Fundación Integra porque supe de esta campaña y quise ayudar. Traje ropa abrigada y alimentos, los cuales repartiremos a las familias que estén más complicadas o que hayan perdido su fuente laboral, como ocurrió con muchos pequeños pescadores. De alguna forma, siento que este es mi trabajo: ayudar”.
En esta etapa, María José integró al equipo de Fundación Integra, liderado por Luisa Sepúlveda, jefa del departamento de educación de esta fundación. “Lo que llevamos es una oferta lúdica, recreativa, de entretención para toda la familia”, señala Luisa. Desde su experiencia, voluntarios como María José son indispensables, pues refuerzan equipos que en este tipo de situaciones viven su propia fragilidad.
Las intervenciones que realizan tienen como principal objetivo que los niños bajen sus niveles de estrés, su miedo y logren una instancia de relajo en medio de tanta tensión. Según las profesionales, es fundamental comenzar a reconstruirse, sacando a los niños del aislamiento emocional en que se encuentran porque hay muchos que ni siquiera saben explicar lo que les pasa.